Tengo un sueño recurrente.
Nos encontrábamos en el viejo motel
dónde acudíamos para hacer el amor
despreocupados
de maridos e inmunodeficiencias.
Yo te leía después las viejas cartas
de amantes aún con el carmín
de besos pasados
y tu marchabas riendo a clases de filología
dejándome pagar la cuenta y tu olor
entre las sábanas húmedas del pecado.
El motel ya no existe
recalificado
para construir
centros comerciales y adosados.
Las viejas amantes ahora me miran extraño
-estoy algo desmejorado-
tu das clases magistrales en el internado.
Nunca supe si tus risas
fueron luego llanto.
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