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Mostrando entradas de enero, 2010

Uno de los nuestros.

Siempre en el mismo sitio y en la misma adicción. Y sonriendo la molicie y el lúpulo.

Como en cada uno de los bares de todas nuestras esquinas.

Porque en todos rumia la vida y aguanta la crisis, que para él es perpetua y piel. En mi bar de todas nuestras esquinas se hace llamar El Traca, apodo un tanto burlón, pues viéndole debiera ser pretérito o ex, como tantas cosas en su vida. Supongo.
Pasada la cuarentena, con el sol, la mar y la sal marcados en el rostro y en la mirada. La eterna colilla de Camel en los labios, y el botellín del tercio de cerveza en la barra. La voz cavernosa del coñac, el cigarro y la noche, que truena haciéndose oír en todas las conversaciones y en todas las bromas que revolotean por el local. La risa franca, algo estúpida y fácil, y la boca desdentada que escupe blasfemias y piropos.
La chaqueta verde oliva, y los vaqueros gastados impuestos por el uso y no la moda. El pelo cada mes de un color, cuando el agua oxigenada pierde efecto y el barbero exige pago. El a…

...Churriquichicá...

A mi lado dos cuquilleros comentan lances y cacería, mientras saborean el café y el Ducados mañanero en el bar de todas nuestras esquinas. Para los no iniciados, cuquillero es, en terminología cinegética, el cazador de perdiz con reclamo macho, modalidad de caza tradicional y muy difundida en el levante y centro español, donde la perdiz roja es la reina del monte y la jara, que enseñorea el campo con su reclamo bravo y característico.
Y sonrío.
Porque provengo de una familia de cazadores, cuquilleros de abolengo y pasión. Yo no heredé la vena cinegética, pero mi padre fue cazador más de puesto y tanto que otra cosa, y mi hermano, cuando llega el celo de la patirroja, abandona quehaceres profesionales y domésticos, lanzándose al monte tras las perdices, cargado de reclamos y pertrechos. Un antepasado nuestro se ganó el jornal de furtivo en los campos, y supongo que de ahí la vena y el gen, en mí dormido como digo.
Su conversación me trae recuerdos de mañanas de invierno, de cafés y caraji…

...me llamo Jack y hago Westerns.

Vino a verme mi amigo del psiquiátrico, al que dejaron salir en visita navideña y regreso escaso a casa. El retorno definitivo no es tal por su propia iniciativa, pues sigue refugiado en el centro, más por querencia y voluntad que por necesitad y diagnóstico; en su opinión, y gracias al buen talante y mejor disposición de sus cuidadores, es mejor capear el temporal de crisis e incertidumbre contemplando el mundo y el país tras los ventanales de la institución. Además, desde que le acompaña el perrillo, pequeño can tricolor y testarudo, al que cuida, ama y enseña, aquello es casa y hogar. Creo.
Vino a verme, digo, en visita amigable, nocherniega y fraternal. Alejados ambos de cumplidos y compromisos, por años, vivencias y convencimientos, siempre la agradezco estos detalles, pues sé que al vernos, compartiendo charla y pipa, renovamos el calor, ahondamos el espíritu, abandonamos inexistentes reticencias de tiempo y espacio, y, en fin, cultivamos eso que llaman amistad.

Que aunque escasa …