martes, 13 de abril de 2010

De fe y otras creencias. 2

Comienza la primavera y el mar refleja con fuerza el sol que ahora luce más arriba, calentando gaviotas y graznidos.

Ando con el bebé, recorriendo kilómetros empujando su carrito, paseo marítimo arriba y abajo, humeando la pipa que me acompaña en la relajación y crianza.

Observando el paisaje y la sobremesa de la ciudad, que soñolienta termina la comida y se resiste a continuar el día, pues prefiere, como buena mediterránea, el ocio y la siesta o quizá el café y la partida. Algo menos el trabajo y la jornada.

Es tiempo de crisis, pero cuesta aún volver al tajo llenos los estómagos, o quizá medio vacios pero resignados, no sé.

El paisanaje me mira extrañado, con miradas inquisitivas y reproche en los ojos, pues la pipa, el humo y el bebé que ríe quizá es estampa insólita, y más juntos. En todo caso, políticamente incorrecta, y para algunos, hasta denunciable. Cada uno disfruta y sobrevive a su manera, con sus miserias y certezas, y eso que llaman libertad.

No sé si un bebé de escasos meses conservará, cuando crezca, recuerdos de sus primeros días, de la incertidumbre de sus padres, las preocupaciones y días de insomnio y maldormir, de las alegrías y esperanzas que su vida despierta.

Pero quiero creer que ella, algún día, recordará a su padre riendo y paseando junto al viejo y sabio Mediterráneo, siendo feliz en su pequeña compañía, mientras perfumaban el aire las volutas de la pipa y el tabaco.