domingo, 25 de diciembre de 2011

Séptima carta de amor muerto

"Acabo de llegar, gracias al tratamiento que permite visitas vigiladas y recurrentes, de su querida ciudad, de su crianza, educación y despertar. Dónde otros, afortunados, la vieron despertar a la vida, al amor y al beso primero. He paseado escasamente de nuevo esas calles, que son las suyas, como extraño; buscándola; oyendo los suspiros de las piedras, y las risas de las esquinas, que de nuevo están deseosas de acogerla y vivirla.


El frío, ahora para mi extraño meteoro, me acompañó gustoso en el deambular, mientras divagaba y soñaba verla en cualquier momento, pese al celador acompañante y la dosis de medicamentos, que supongo me administraran con la comida o bebida (CENSURADO).  Pensando en cómo me hubiera gustado conocerla en aquellos momentos, en los que  usted enamoraba a la ciudad y la iluminaba con el eterno azul de sus ojos. Y quizá por el invierno o por el recuerdo, o la culpa,  una lágrima resbaló en mi rostro.


Pues mientras despertaba a la vida, al amor y al beso, y suspiraban por usted las piedras y los jóvenes, yo moría sin conocerla en mi pequeño pueblo o así...


Es un sentimiento siempre nuevo y distinto, pero igual de intenso y extraño. El pasear las mismas calles, mirar los mismos edificios, pasar el mismo frío -como aquí, el mismo calor, el mismo olor a jazmín y a sal, la misma arena, eternamente renovada pero igual, en los momentos de tratamiento al lado del mar bajo escasa vigilancia pagada para que sea relajada y olvidada (CENSURADO) -, quizá mi mente loca, enamorada, atormentada pretenda suplir su ausencia y deseo. 


Quizá esté muerto, pero es hermoso pensar que esa vida la pude vivir yo. En el azul."

jueves, 22 de diciembre de 2011

Sexta carta de amor muerto


"Veo en noticiarios, y leo en periódicos, gracias a los celadores poco escrupulosos del reglamento y necesitados de sufragar vicios y eludir pesquisas (CENSURADO) y siento  -por lo que cuentan unos y otros- en la calle, en los bares de todas las esquinas, la vuelta de todos a sus casas, al quehacer diario, al colegio de los hijos y a las bravatas y ordenes del Jefe.
Tendría que ser esta circunstancias motivo de alegría, pues al menos sigo vivo y sentido; pero sin embargo un poso de tristeza y resignación me invaden tras la jornada médica y ocupacional; pues si ahora puedo disfrutar mejor del mar, en ratos de tratamiento a su lado, aunque sea bajo la vigilancia y tras el barrote, pasados apreturas y muchedumbre, lo cierto es que el que todos se vayan y se hayan ido,  es sinónimo también de su ausencia. Del final del escaso verano mío, de momentos  fugaces y  momentos compartidos, de las pocas palabras cruzadas -pocas para las que me gustaría decirle y cantarle-, del mínimo roce de su mano, de su abrazo postrero...

Otro año pasado, y el sueño por cumplir o cumpliéndose de esta manera, que es quizá la única en que pueda hacerlo, no sé. Aunque ya sabe que a ratos me gustaría cumplirlo bien y fielmente, compartiéndolo todo con usted, hasta emborracharme el alma y las entrañas, mujer, y dejar de imaginarla en todos los momentos y lugares, en todas las conversaciones, en todas las películas vistas y libros leídos, para ser un día real, como el fuego y el mar que a ratos iluminan mi vida.

Pero estoy resignado. Resignado y feliz.

Feliz por poder decirle que estoy resignado a no tenerla nunca, ni compartir con usted mi vida monótona, o a ratos febril por su culpa; resignado a que pasen los años y el calendario sin mirarme en el azul mas que unos instantes; resignado a que el sentimiento, la verdad, la calma y la dicha de mi vida estén a distancia kilométrica, extraña y ajena, de otro; resignado a no compartir el café de la mañana, ni la almohada de la noche, ni la última de obra de teatro o la nueva rima del poeta; resignado a no descubrir en su compañía las calles de París...

Y también inmensamente feliz porque sé que todo eso, y más, lo tengo en sueños.
En los que vivo"

martes, 20 de diciembre de 2011

Lecturas y 4


Cuando estoy en ti
soy;
cuando miro tu azul
vivo.
Pero sólo vivo y soy
en sueños.
Dime, amor mío,
¿acaso soy mentira
o es el sino y desvarío?.

En ti
soy piel, alma, sentir
sexo, anhelo.
Fuera de ti
enturbio el mirar
yerro, tiemblo, muero.

¡Dime, amor mío,
cómo ser y vivir
sin sueños!

domingo, 18 de diciembre de 2011

Con perdón


Antes del trabajo, ese bien y sustento ahora escaso, mínimo, por estadísticas y retribuciones, sigo volviendo a mi bar de todas las esquinas, al café y a la cotidianeidad.

Mas por alevosía, quizá querencia, que por satisfacción y costumbre. Una y otra, satisfacción y costumbre, que muchos días no son más que in-  y mal-, prefijos de mi estado anímico y mental. Y me temo que también de todo el paisanaje con el que comparto los escasos momentos de olvido, humo furtivo e ilegal y carajillo, comentando la lozanía de la camarera tras la barra o el último gol del estadio, mientras en la pantalla plana del televisor treinta pulgadas, sobre nuestras cabezas apesadumbradas y abochornadas, se escupen las noticias obscenas de corrupciones varías, incluso regias, primas de riesgo incomprensibles, suicidas, recortes galopantes y cumbres internacionales lejanas y pornográficas.

Me acompañan casi todos los días mis humildes pipas, esas fieles compañeras, y las volutas del humo prohibido, que en mi bar de todas las esquinas es furtivo e ilegal pero resistente, camino del anacronismo y la estulticia. Unas y otro ayudan el día a día, y hacen pasable jornadas y estaciones.

Los escasos parroquianos, cada vez  más escasos en número y menos  parroquianos en vecindad, sustituidos por inmigrantes y rostros ajenos, compartimos desgana acodados en la barra, sueños quebrados e imposibles, y miradas furtivas sobre escotes deseados y pensamientos turbios, como la vida ahora nuestra, turbia, ajena e imposible, en un baño de realidad difícil de aguantar, cuando todo ha menguado y es difícil de aprehender, trabajo, ahorros, ilusión, esperanza.

Yo acaricio mis pipas y aguanto.

Pero pienso que tal vez sea tiempo de patriotas y guillotinas.



Esta entrada ha sido publicada, gracias a la benevolencia de Tomas Bernhard -o Ralph- en el blog fumador y poético La pipa es el Tiesto de las Flores del Humo, con el que a veces colaboro. Por los resistentes.





miércoles, 14 de diciembre de 2011

Quinta carta de amor muerto


"Hoy, esta mañana, acabó el verano. Y con él todo.


Tras su visita, inesperada, la dejé, tras un abrazo que llevo en el alma, camino de su mar y de su vida. Y yo fui llorando al quehacer diario, a la reclusión y a la celda, (CENSURADO) con el alma un poco rota y un poco triste -o destrozada y ensombrecida de tristeza, superlativamente triste-. Se acabó para mi, otro año, como en aquellos otros de felicidad y compañía,  el tiempo del sol, el calor y el mar, esos que todos buscan y que yo sólo encontraba -encuentro-  en su mirar y en su sonrisa. Verano de escasos momentos, estación fugaz de mi vida y deambular; añoranza infinita y eterna de un tiempo detenido, pero que se escapa y que sólo tras un año de incertidumbre e invierno, quizá vuelva renovado e igual, si usted tiene a bien de nuevo la visita autorizada y prescrita. Ya sabe, con el poeta, hubo un tiempo de soles  y luces, en el que moríamos en invierno de fábricas e instituto...



Se acabó el verano esta mañana, y con él,  como antaño, el mirar todas las esquinas, el oír todas las risas, el oler todos los perfumes, por si fuera usted la que aparece e ilumina mi vida un momento; se acabaron las mariposas en el estomago por mirarme en el azul, preguntando en silencio si todo es igual o fue un sueño; si la mirada suya tan hermosa, tan clara, tan azul, tan increíble...es cierto que es quizá un instante sólo para mi, y si a través de ella pueda comprender Señora, y sentir, este alma mía. Tan poca cosa, tan pequeña, tan insignificante, tan vulgar, pero que vive por usted y en usted.


Esta carta, cuando acabó hoy el verano para mí, y tal vez la vida,  quizá este saliendo un poco triste, melancólica. Muy mía en fin.



Y sin embargo, cuando rememoro el abrazo suyo,  su postrer sonrisa, y su última caricia -siento mi parquedad, y la maldigo, pues tuvieron que ser mi abrazo, mis sonrisas y mis caricias, enormes, deseadas, soñadas, eternas-, soy feliz. Incrédulamente feliz señora. Sigo sin creer que La Mujer con quién suspiran todos, que lleva en su mirar la belleza y los siglos, la sabiduría del Mediterráneo y la luz del despertar, pueda dedicarme un susurro, una mirada, un suspiro.



Y me esfuerzo en esa creencia, que es todo mi credo y toda mi fe. Esperanza se llama. 


No sé, cuando escribo esto, si de nuevo la veré, y al mar a traves de sus ojos, que hablaran en los míos un instante detenido. Si es así, le digo ahora, señora, para entonces, gracias. No se me ocurre otra cosa que agradecerle la vida; la que usted hace que sienta e insista. 



Pese a la culpa, el remordimiento, la culpa y (el electrochoque.) CENSURADO.

Gracias, el día que acabó de nuevo el verano, y todo,  esperando ya impaciente el próximo, y todo."

martes, 13 de diciembre de 2011

Cuarta carta de amor muerto




"Bajo el diluvio pienso en usted, y quizá me lamento de días lejanos, de momentos perdidos, de sueños irrealizados.


Puedo lamentarme toda la vida, y en la noche dura, negra de la soledad y el dolor.


No servirá de nada, pero tal vez entonces la lucha merezca la pena, tras el dolor, la pérdida y la dejadez. Sólo quedará entonces el niño despojado de todo, desnudo, suyo.

Entretanto, canto con el Poeta, me escondo debajo de las mantas y estudio mi dolor; hago cruces de mis amantes, y los suyos, tiro rosas bajo la lluvia, paso el verano rezando en vano; no soy un héroe, eso está claro, pero si hay una posibilidad de que salga bien, ¿es malo el sueño? Qué podemos hacer sino dejar que el viento lleve atrás su pelo, y sonreír.

De nuevo los versos que calman mi desgracia, y me hacen soportables los días y aún las noches de mal dormir y ensoñaciones.

Hoy, gracias al celador sobornado y filántropo, (CENSURADO) o eso cree él,  recibí un mensaje suyo, y ya es día de dicha, felicidad.

¡Qué extraño poder sus palabras; qué curioso mecanismo que hace latir un corazón a kilómetros, y sonreír un alma herida, vacía!

Señora, hoy bajo el diluvio, vuelvo a sentirla y verla. Y la sueño mojada bajo la lluvia, sonriéndome, pidiéndome un abrazo y un baile, susurrándome al oído un cariño o una blasfemia, para que la ame como si hoy parieran el mundo y el mar.  

En un furor quizá salvaje y merecido.

Pero no soy un héroe, tan sólo un niño que la imagina y no consigue olvidarla."




domingo, 11 de diciembre de 2011

Lecturas y 3

Quisiera como poeta loco
o pintor maldito
vivir aprisa,
morir pronto.


Escribir luminosos versos
pintar hermosos rostros
pagar tributo de amor, alcohol
y desvarío.


Que surgieran de mi pluma
versos terribles
de mis pinceles
colores imposibles.
Pasear París ausente,
mendigar el lecho a las amantes.
Beber el mundo verde
gritar blasfemias, salmos o preces.


Pero cumplo los años
y vivo
con versos rotos,
con rostros toscos,
en la incapacidad de la rima
y el suicidio.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Tercera carta de amor muerto


“Todo es silencio, ahora.

             Dejo a mi lado el libro, en el que no consigo concentrarme. No está la cabeza para grandes elucubraciones, ni para excelso castellano.

            Mala elección para estas noches difíciles de aclimatación a su ausencia.

           Demasiada literatura. Esa amante esquiva que ojalá siquiera una vez me mirara y acompañara, sólo para cantarla como merece, y loarla y comprenderla para los siglos y los lectores. Pero no, la dama tan sólo me hiere, jugando con mi alma; haciéndome un lector letraherido, y un mal ayuntador de letras y sentimientos.

          Pero insisto en la pluma y el párrafo. Tengo la mejor y más hermosa de las musas, pero el poeta es escaso, y se pierde en recuerdos, se ahoga en el mar viejo; se emborracha con el jazmín, deambula por paseos infantiles, por noches de verano, y tan sólo se inspira en el Azul, que es rima difícil y a ratos imposible.
Sus ojos, su mirar, su sonrisa, su pecho breve, perfecto, soñado, su vientre que cobija el deseo de su sexo, y de mi boca y mi mordisco; su risa y aún su llanto, y sus caricias.. usted, en fin, mujer, merecería mejor rapsoda y poeta, el mejor de ellos, que la amara en sus palabras, que la meciera en sus versos, que la iluminara con su metáfora, que cantara como nadie la hembra, el sueño, la bendición, la sabiduría, la dicha, usted.
Pero yo insisto. Porque algún día, quizá una palabra, una frase, un verso mío, estará a la altura que le corresponde.

            En la noche, suenan a lo lejos las canciones de algún bar donde los turistas insisten en sus últimos momentos, tras la lluvia. Alguien camina solitario por la calle, camino del descanso; dos amantes ríen a escondidas, cogidos de la mano, prometiéndose pasión, en dirección al catre o a la playa, un perro ladra a las gaviotas que regresan al mar...

           Pero para mí, todo es silencio, rezo, súplica.

Quiero soñar de nuevo con usted, aun sin literatura.”

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Segunda Carta de amor muerto


Esta mañana, el cartero, un tanto sorprendido, me ha traído, junto con la correspondencia ordinaria, doméstica y laboral, un sobre ajado, maltrecho.  

Saltándose el procedimiento, me comenta que en el recuento y alarde que se han visto obligados a efectuar antes de la posible privatización del Servicio, encontraron entre los montones de cartas y paquetes no retornados, por imposibilidad o malfunción, a sus remitentes, unos paquetes que fueron enviados hace tiempo desde el psiquiátrico de Alicante.

Advertido por uno de sus compañeros más viejos, a punto de la jubilación, cree que debo ser yo quién los tenga, y no la incineradora. 

Dejo que me los entregue sin demasiados reparos ni objeciones, ni preguntas quizá innecesarias. Tal vez sea yo, sí, quién deba tenerlos y recordar. 

La primera carta, en papel amarillento y quebradizo por el tiempo y la humedad, en una letra menuda y elocuente, superando el silencio y tal vez el arrepentimiento, dice.

El bochorno derrite el asfalto y las ideas.
 El aire irrespirable casi ni trae olor a mar, mientras cantan por doquier las chicharras y el olvido.


Estoy deshaciéndome sobre la pluma y el folio, burdo sustituto suyo ahora también en las tardes  y noches de fuego. Instrumento al que miro con recelo todavía, pero que le lleva estas cosas mías, y a veces, cual botella, me trae algunas letras suyas, cuando supera miedo - ¿aún Señora?-  y desgana. Espero que no dejadez y desidia, temores míos del invierno y la cotidianidad.


Estoy, como le digo, deshaciéndome por el calor, el cansancio y el recuerdo. El calor hecho meteoro estos días por aquí, aumentado y avasallador; el cansancio del quehacer y el juego, que hacen el final del verano aún más difícil; y el recuerdo de unos momentos inolvidables, mínimos, en el roce de una mano y una mirada, en el deseo de un abrazo y un sueño, muchas noches quizá pesadilla y lujuria. 


Escapando de la mirada de cuidadores y prescripciones, en osadía inusitada y extraña, la otra noche, saltando, fui al mar, al bautismo nocturno de relajación y soledad. A pensar en usted, más y mejor dentro del Mediterráneo, por si el viejo y sabio quisiera un instante hacerme sentir como él, cuando la tiene y la mece y la ama. Pero no, es amante celoso y se niega a compartir con el mortal su dicha y sus siglos, teniéndola mujer y amante y feliz. 
Yo me sumerjo, le hablo, le digo que yo la vi primero, y la amé antes que él, que le susurro su bondad y hermosura; que en el invierno de fría bruma extraña usted lo tiene a través de mis humildes palabras, y mis sinceros sentimientos, y así otro año más, quizá, la tenga y la reciba. Pero es perro y diablo, sólo consigo su burla y su risa, en mi bautismo nocturno de soledad  y relajación. Es difícil luchar contra el tiempo, la sabiduría y la historia. 
Pero me place hacerlo, aún en la derrota, esa fiel compañera de mi vida.


No sé si cuando lea estas cosas que le escribo negro sobre blanco, -a veces subidas de tono, o pensadas y escritas a borbotones, como la víscera herida y latente, cruda, pero a veces así de necesaria, cuando en el fuego me consumo y abandono buenas formas y quisiera arrastrarla y gritarla, y morderla y lamerla y..., dejando de lado ese hombre tímido, discreto, o así me veo,  para dar paso al hombre que necesita también decírselas en la distancia corta y directa del exabrupto, de la pasión y de la saliva-, andará ya lejos de la tierra nuestra, volviendo al trabajo y al olvido, a su casa.
En todo caso, helas aquí.
Nicasio Pelades.
Hospital Psiquiátrico Provincial
Alicante.”

domingo, 4 de diciembre de 2011

Lecturas y 2

Noche

déjame, en la amanecida

lo que robaste.

El deseo y la ausencia.


Noche

llévate, en la oscurecida

lo que dejaste.

La duda y el remordimiento.


Noche

háblame, en el insomnio

lo que viviste.

La carne trémula bajo mi mano

y la víscera latente.

La luna. El mar.

Ella.

Yo.