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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Séptima carta de amor muerto

"Acabo de llegar, gracias al tratamiento que permite visitas vigiladas y recurrentes, de su querida ciudad, de su crianza, educación y despertar. Dónde otros, afortunados, la vieron despertar a la vida, al amor y al beso primero. He paseado escasamente de nuevo esas calles, que son las suyas, como extraño; buscándola; oyendo los suspiros de las piedras, y las risas de las esquinas, que de nuevo están deseosas de acogerla y vivirla.

El frío, ahora para mi extraño meteoro, me acompañó gustoso en el deambular, mientras divagaba y soñaba verla en cualquier momento, pese al celador acompañante y la dosis de medicamentos, que supongo me administraran con la comida o bebida (CENSURADO).  Pensando en cómo me hubiera gustado conocerla en aquellos momentos, en los que  usted enamoraba a la ciudad y la iluminaba con el eterno azul de sus ojos. Y quizá por el invierno o por el recuerdo, o la culpa,  una lágrima resbaló en mi rostro.

Pues mientras despertaba a la vida, al amor y al beso, y susp…

Sexta carta de amor muerto

"Veo en noticiarios, y leo en periódicos, gracias a los celadores poco escrupulosos del reglamento y necesitados de sufragar vicios y eludir pesquisas (CENSURADO) y siento  -por lo que cuentan unos y otros- en la calle, en los bares de todas las esquinas, la vuelta de todos a sus casas, al quehacer diario, al colegio de los hijos y a las bravatas y ordenes del Jefe. Tendría que ser esta circunstancias motivo de alegría, pues al menos sigo vivo y sentido; pero sin embargo un poso de tristeza y resignación me invaden tras la jornada médica y ocupacional; pues si ahora puedo disfrutar mejor del mar, en ratos de tratamiento a su lado, aunque sea bajo la vigilancia y tras el barrote, pasados apreturas y muchedumbre, lo cierto es que el que todos se vayan y se hayan ido,  es sinónimo también de su ausencia. Del final del escaso verano mío, de momentos  fugaces y  momentos compartidos, de las pocas palabras cruzadas -pocas para las que me gustaría decirle y cantarle-, del mínimo roce de …

Lecturas y 4

Cuando estoy en ti soy; cuando miro tu azul vivo. Pero sólo vivo y soy en sueños. Dime, amor mío, ¿acaso soy mentira o es el sino y desvarío?.
En ti soy piel, alma, sentir sexo, anhelo. Fuera de ti enturbio el mirar yerro, tiemblo, muero.
¡Dime, amor mío, cómo ser y vivir sin sueños!

Con perdón

Antes del trabajo, ese bien y sustento ahora escaso, mínimo, por estadísticas y retribuciones, sigo volviendo a mi bar de todas las esquinas, al café y a la cotidianeidad.
Mas por alevosía, quizá querencia, que por satisfacción y costumbre. Una y otra, satisfacción y costumbre, que muchos días no son más que in-  y mal-, prefijos de mi estado anímico y mental. Y me temo que también de todo el paisanaje con el que comparto los escasos momentos de olvido, humo furtivo e ilegal y carajillo, comentando la lozanía de la camarera tras la barra o el último gol del estadio, mientras en la pantalla plana del televisor treinta pulgadas, sobre nuestras cabezas apesadumbradas y abochornadas, se escupen las noticias obscenas de corrupciones varías, incluso regias, primas de riesgo incomprensibles, suicidas, recortes galopantes y cumbres internacionales lejanas y pornográficas.
Me acompañan casi todos los días mis humildes pipas, esas fieles compañeras, y las volutas del humo prohibido, que en mi bar…

Quinta carta de amor muerto

"Hoy, esta mañana, acabó el verano. Y con él todo.


Tras su visita, inesperada, la dejé, tras un abrazo que llevo en el alma, camino de su mar y de su vida. Y yo fui llorando al quehacer diario, a la reclusión y a la celda, (CENSURADO) con el alma un poco rota y un poco triste -o destrozada y ensombrecida de tristeza, superlativamente triste-. Se acabó para mi, otro año, como en aquellos otros de felicidad y compañía,  el tiempo del sol, el calor y el mar, esos que todos buscan y que yo sólo encontraba -encuentro-  en su mirar y en su sonrisa. Verano de escasos momentos, estación fugaz de mi vida y deambular; añoranza infinita y eterna de un tiempo detenido, pero que se escapa y que sólo tras un año de incertidumbre e invierno, quizá vuelva renovado e igual, si usted tiene a bien de nuevo la visita autorizada y prescrita. Ya sabe, con el poeta, hubo un tiempo de soles  y luces, en el que moríamos en invierno de fábricas e instituto...


Se acabó el verano esta mañana, y con él,  como …

Cuarta carta de amor muerto

"Bajo el diluvio pienso en usted, y quizá me lamento de días lejanos, de momentos perdidos, de sueñosirrealizados.

Puedo lamentarme toda la vida, y en la noche dura, negra de la soledad y el dolor.


No servirá de nada, pero tal vez entonces la lucha merezca la pena, tras el dolor, la pérdida y la dejadez. Sólo quedará entonces el niño despojado de todo, desnudo, suyo.
Entretanto, canto con el Poeta, me escondo debajo de las mantas y estudio mi dolor; hago cruces de mis amantes, y los suyos, tiro rosas bajo la lluvia, paso el verano rezando en vano; no soy un héroe, eso está claro, pero si hay una posibilidad de que salga bien, ¿es malo el sueño? Qué podemos hacer sino dejar que el viento lleve atrás su pelo, y sonreír.

De nuevo los versos que calman mi desgracia, y me hacensoportables los días y aún las noches demal dormir y ensoñaciones.

Hoy, gracias al celador sobornado y filántropo, (CENSURADO) o eso cree él,  recibí un mensaje suyo, y ya es día de dicha, felicidad.

¡Qué extraño pode…

Lecturas y 3

Quisiera como poeta loco
o pintor maldito
vivir aprisa,
morir pronto.


Escribir luminosos versos
pintar hermosos rostros
pagar tributo de amor, alcohol
y desvarío.


Que surgieran de mi pluma
versos terribles
de mis pinceles
colores imposibles.
Pasear París ausente,
mendigar el lecho a las amantes.
Beber el mundo verde
gritar blasfemias, salmos o preces.


Pero cumplo los años
y vivo
con versos rotos,
con rostros toscos,
en la incapacidad de la rima
y el suicidio.

Tercera carta de amor muerto

“Todo es silencio, ahora.
             Dejo a mi lado el libro, en el que no consigo concentrarme. No está la cabeza para grandes elucubraciones, ni para excelso castellano.

            Mala elección para estas noches difíciles de aclimatación a su ausencia.
           Demasiada literatura. Esa amante esquiva que ojalá siquiera una vez me mirara y acompañara, sólo para cantarla como merece, y loarla y comprenderla para los siglos y los lectores. Pero no, la dama tan sólo me hiere, jugando con mi alma; haciéndome un lector letraherido, y un mal ayuntador de letras y sentimientos.
          Pero insisto en la pluma y el párrafo. Tengo la mejor y más hermosa de las musas, pero el poeta es escaso, y se pierde en recuerdos, se ahoga en el mar viejo; se emborracha con el jazmín, deambula por paseos infantiles, por noches de verano, y tan sólo se inspira en el Azul, que es rima difícil y a ratos imposible.
Sus ojos, su mirar, su sonrisa, su pecho breve, perfecto, soñado, su vientre que cobija e…

Segunda Carta de amor muerto

Esta mañana, el cartero, un tanto sorprendido, me ha traído, junto con la correspondencia ordinaria, doméstica y laboral, un sobre ajado, maltrecho.  
Saltándose el procedimiento, me comenta que en el recuento y alarde que se han visto obligados a efectuar antes de la posible privatización del Servicio, encontraron entre los montones de cartas y paquetes no retornados, por imposibilidad o malfunción, a sus remitentes, unos paquetes que fueron enviados hace tiempo desde el psiquiátrico de Alicante.
Advertido por uno de sus compañeros más viejos, a punto de la jubilación, cree que debo ser yo quién los tenga, y no la incineradora. 
Dejo que me los entregue sin demasiados reparos ni objeciones, ni preguntas quizá innecesarias. Tal vez sea yo, sí, quién deba tenerlos y recordar. 
La primera carta, en papel amarillento y quebradizo por el tiempo y la humedad, en una letra menuda y elocuente, superando el silencio y tal vez el arrepentimiento, dice.
El bochorno derrite el asfalto y las id…

Lecturas y 2

Noche
déjame, en la amanecida
lo que robaste.
El deseo y la ausencia.

Noche
llévate, en la oscurecida
lo que dejaste.
La duda y el remordimiento.

Noche
háblame, en el insomnio
lo que viviste.
La carne trémula bajo mi mano
y la víscera latente.
La luna. El mar.
Ella.
Yo.