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Mostrando entradas de enero, 2012

Lecturas y 12, concursando a tu corazón.

Suena en el transistor la vieja canción que bailabas ausente ante mí en tu sexy ropa interior.
Creo que ahora sólo usas ropa blanca de feliz pudorosa mujer casada.
Yo aún conservo las flores marchitas entre poemas casi ilegibles que escribí mezclando alcohol de supermercado con la saliva de tus orgasmos en aquellas noches sin fin.

Son versos infames, sin rima inspirados en tu risa y el crujir del viejo colchón de la vieja habitación del viejo motel donde nos amamos.
Quizá los mande publicar; no ganaré elAdonais, eso está claro, pero quizá sean accésit de tu anhelado corazón.

Lecturas y 11 , o de las certezas sobre tí

Te preguntaba si me querías
y decías no
pero tus ojos mentían
al hacerte el amor.

Fue tu cuerpo  un  credo confortable
pero tuve siempre la certeza
de tu despertar en camas de otros amantes.

Yo recorría las calles en tu busca
vana ilusión
tuviste claro lo que querías
- siempre -
unas vacaciones lujosas, una posición
un marido olvidadizo y complaciente
sin ganas de hijos ni preguntas sobre amantes.
Ahora tienes un trabajo estable
una aseada reputación
un estéril  marido profesor.

Pero cariño,¿no añoras
recorrer desnuda tu lado salvaje
la luz cegadora,
el temblor de antaño?.

Lecturas y 10, el motel.

Tengo un sueño recurrente.
Nos encontrábamos en el viejo motel
dónde acudíamos para hacer el amor
despreocupados
de maridos e inmunodeficiencias.
Yo te leía después las viejas cartas
de amantes aún con el carmín
de besos pasados
y tu marchabas riendo a clases de filología
dejándome pagar la cuenta y tu olor
entre las sábanas húmedas del pecado.

El motel ya no existe
recalificado
para construir
centros comerciales y adosados.

Las viejas amantes ahora me miran extraño
-estoy algo desmejorado-
tu das clases magistrales en el internado.

Nunca supe si tus risas
fueron luego llanto.

Lecturas y 9, de los viejos nuevos poetas.

I.

Tenía un amigo
para jugar a la ruleta rusa.
Yo escribo;
él esparció los sesos y la locura.
Dicen que la suerte me sonrió.
Imbéciles, ¿no leen la prensa,
no ven la televisión?.

II.

El viejo D. sigue buscando
las respuestas en el aire;
L. cree en la Segunda Guerra Mundial
y mi amigo B. no ha parado de correr.
Los viejos poetas siguen en su credo
los nuevos
plagian antiguas canciones, viejos poemas, lejanos tiempos
incapaces
inspirados sólo por el FMI y Lemanh Brothers.

El humo del invierno

El invierno, aunque meteoro ausente gran parte de la estación, acompaña esta noche el humo con frío y soledad.
Fumo mi pipa y miro la calle de mi barrio, alumbrada escasamente por la tenue luz de la farola. El asfalto brilla mojado de escarcha anticipada, que la madrugada hará hielo mudando el gris plomizo en blanco quebradizo  y nuclear.
El tabaco denso, diríase incienso y claustral, acompaña las reflexiones y los pensamientos.
Veo el humo perderse en el cielo, buscando la libertad, después de dejar mi boca impregnada del  sabor del  tiempo y el recuerdo.  El tabaco preferido rememora momentos  felices,  lugares lejanos, compañías anheladas. El humo como temporizador de recuerdos, como portador de nostalgia, como fedatario de momentos.
Recuerdos, nostalgias, momentos que el humo nuevo y renovado, pero igual, nos trae a la compañía y a la mirada.
El humo como compañero fiel, ahora, y en la boda del amigo, la mirada de la amante, el funeral del conocido. En el relajo del  trabajo, en …

Se traspasa

Paco el camarero saca lustre a las copas con parsimonia y costumbre, mirando su mundo con tristeza, afanándose en el brillo y la limpieza, gustándose de tener la vieja barra de latón reluciente en su modestia, se diría que el estaño, el latón son oro y cristal de Bohemia, refugios de la parroquia que desde temprana hora busca el calor y la compañía, encontrándose la mismas caras, las mismas manos, las mismas vidas, como la de Antonio el quiosquero de la esquina que sueña con las playas de los anuncios y la mulatas de las portadas saboreando el café con leche, mordisqueando su tostada de aceite y sal, poca pues es hipertenso, cuestión que no le importa a Macarena la tendera que bebe furtiva su copita de chinchón que mitiga el frío y el recuerdo de su temprana viudedad sin importarle el atrevimiento y los cortejos de Anselmo el taxista desde el fondo del local, que acaba la jornada nocturna tras su menta poleo sonriendo a la viuda, imposible ya, desde que casó con Milouda la joven marro…

La tarde

Es tarde invernal, de plomo de versos rotos y recuerdos; fumo mi pipa y ahúmo las hojas y los desvelos.
Es tarde de soledad, gris de pluma y café solo; escribo el folio y deseo la mar azul y tu cuerpo.
Es tarde de silencio, propia de sueños sin sentido; leo mis palabras y pienso en tu sonrisa y en tu sexo.

La calle

La paloma zurea sobre el tejado
reclamando su porción de cielo;
el tiempo invernal, triste, ajado
contagia su delicado sueño.

Hay niños jugando en la calle húmeda
casi desnudos, descalzos
hablan su pequeña lengua, extraña,
riendo, de su inocencia esclavos.

Un gato maúlla
buscando en la basura
¡quizá sea su séptima vida!.

Calle de mi barrio
habitada por palomas, niños y gatos
que cantan, juegan, mueren
felices
sin importarles el día ni el acaso.

Lecturas y 8, o de los nuevos beneficios de la absenta

En la plomiza luz del amanecer
propia para el desamor y el suicidio
donde los gatos maúllan su querer
y los suicidas afilan el cuchillo
vi cosas que ni escribir sé.

Hay duendes verdes que preguntan en lengua extraña,
hay muertos que reclaman su sepultura profanada,
hay amantes que gritan orgasmos perfectos,
hay enemigos que profesan insidias reales,
hay dioses que cuentan pecados veniales
hay Dios que juzga pecados mortales.


A todos los vi, en la plomiza luz del amanecer
escapado de sueños, insomne
afilando mi cuchillo
maullando tu querer.

Lecturas y 7, divertimento y derrota

En las difíciles guerras
de tu corazón
batallé, sufrí, caí;

pero el pendón
de la victoria, ajena
fue, escapó.

Ahora, mercenario del amor
o célibe

¡mala solución!.

Nueva carta de amor muerto

Aquí dejo, de nuevo, unas mínimas letras encontradas entre los papeles de Don Nicasio Pelades, de los que me han hecho llegar desde el Servicio de Correos. 

El papel, arrugado, ajado, amarillento de tiempo y olvido, se interrumpe abruptamente. Se encontraba dentro de una carpeta titulada Papeles de Don Nicasio. Exp. 614/1977. No parece haber sido enviado, como los otros, y es un misterio el por qué de encontrarlo entre las demás cartas y documentos archivados en la Central provincial del Servicio Postal. Quizá un descuido de la vigilancia de celadores y censores, o mala praxis en el recuento de sus enseres tras el triste final, que llevó a reunirlos de procedencias diversas. 

No aporta gran luz a su caso, tan sólo seguir comprobando lo atormentado de su alma y las vivencias, crudelísimas, de su mundo interior, del que tan cerca estuve hasta que él me dejó.


"Otro año viene, ¿y son cuantos?
Muchos años desde que el azul iluminó mi alma y mi vida, haciendo el más feliz de los hombres, …

In-certidumbres

El hombre apaga la luz y va a sentarse a su sillón favorito.
Ya todo es tranquilidad y silencio en la casa, a esas horas refugio nocturno y placentero. Todos duermen.
En pocos días volverá la monotonía del trabajo  y la crianza, pasadas las celebraciones, propósitos futuros, promesas por no cumplir o cumplidas sólo a medias.
El hombre enciende su pipa.  Reflexiona.
Ha cumplido los cuarenta años, esa edad difícil de crisis,  enmiendas y recuerdos.
En las volutas del  humo recuerda su vida pasada. Busca sus certezas.
Ha fundado una familia, acabó sus estudios superiores, vive holgadamente.
Su sangre y sus genes corren alegres en dos hermosos cuerpos de niña. Plantó árboles, y hasta se atrevió a emborronar el folio en blanco. A su lado tiene una mujer que le quiere y respeta. A veces discuten como todo buen casamiento bien avenido. No le deja fumar en casa. Lo normal. Tiene una biblioteca llena de libros aún por leer, y escasos amigos buenos con los que compartir charla y humo.
Está a m…

Lecturas y 6, o poema primero de amor muerto

He fumado el opio de los literatos he bebido la absenta de los pintores he leído las encíclicas de los Papas Inútilmente.
En las noches negras, blancas o verdes en las madrugadas insomnes de calles infectas en las ciudades oscuras, bajo los puentes vanamente.
En los cuerpos comprados a bajo coste en las risas impostadas de amores furtivos en rezos y salmos a dioses ajenos torpemente.
Inútilmente Vanamente Torpemente busqué mi verdad pero sólo encuentro sueños rotos frío y vacío.
Usted ¿sigue tan educadamente feliz, tan lejanamente feliz, tan extrañamente feliz tan dolorosamente feliz?