miércoles, 30 de mayo de 2012

Haciendo sombra


En el amor como en el boxeo
sólo se triunfa
en la distancia del dinero.
En el riesgo de que te rompan
la cara o el corazón
ganarás la bolsa, el sentir, la razón.
Los finos estilistas, danzarines,
hermosos cuerpos esculpidos
que sonríen mirando a los flashes
sucumben ante la mano pesada
la mirada turbia
el deseo
la sonrisa desdeñosa.
En las doce cuerdas
o en el catre
gana el deseo y la irreverencia.

viernes, 25 de mayo de 2012

Fotos. Sevilla. Impresiones


Mujer, esposa, madre.
El niño sonríe en tu regazo
Completándote.

El mar te sonríe;
Otro mar, otro sabio.
Lloro en la distancia.

En el supermercado
normalidad de marcas blancas.
El fuego te corona.


Rugen los motores
pasa el tranvía.
La línea comunica el amor.


La cama es inmensa
para la soledad o el coito.
Dos corazones en mi ciudad del Atlántico.


El bochorno nos derrite
me leen la mano y el romero.
Demuéstralo toda la noche.

Salto la valla en las carreteras de trueno
Tengo cuarenta años.
Comulgo.


Yo también siento el hada
verde de los bohemios.
Pide más fuerza, más ímpetu.

El tipo del escenario canta
y toca la banda de la calle E.
Hay lágrimas en el rostro
veo
aquellos maravillosos años.

martes, 8 de mayo de 2012

Dialogo y 1


Tenía prisa por llegar al trabajo. Las niñas me habían retrasado lo suficiente durante el desayuno como para que ahora corriera a coger un taxi, con la cartera del proyecto inmisericorde colgada del cuello y el sudor por mi espalda. El día empezaba mal.

 En la marquesina de la parada, a la que llegué exhausto, me sorprendió ver a Cristino, un compañero del instituto. Lo reconocí pese a los años pasados, la mala impresión que causaba su delgadez, las ropas que llevaba, sucias, descoloridas y viejas.

–Que passsa, colega, ¿tú eres Enrique, no?

–Hola, buenos días -acerté a responder. -¿Y tú eres Cristino, verdad?

Dabute, colega, que te acuerdes; yo también me recuerdo de ti de la época del colegio.

        Habla con una voz nasal profunda, que sorprende en tan delgado cuerpo, mostrando una dentadura amarillenta a la que le faltan varios dientes, y que me provoca un rechazo instantáneo. Y lo dice con la jerga anticuada de la movida madrileña, en la que debió encallar.

–Ah, pues qué bien; después de tantos años es grato que le recuerden a uno –le dije.

–Pues sí, tronco. Te esperaba para pedirte un favorcito. Es que ando tieso, sin curro y un poco justo de pasta. Como te vi en la tele el otro día y salía tu barrio y tal, me vine para ver si me ayudas. Muy majo, el barrio, y muy guapas tus nenas...

–Sí, vivo aquí cerca –dije maldiciendo por dentro el reportaje de presentación de la Urbanización-Normalmente no uso el taxi. pero hoy no sé qué le ha pasado al coche.

–Pues nada, colega, se te habrá estropeado la juntaculata o el carburador, je, je -de nuevo la risa desdentada. -No tendrías que dejarlo en la calle, con el chabolo tan majo que gastas.

–No sé cómo podría ayudarte –añadí.-Quizá si te pones en contacto con mi empresa…

Tranqui, colega, es por no molestar. Y trabajo no quiero. Ya ves cómo estoy. Una ayudita para pasar la semana y no tener que pedir por el barrio, ¿sabes, tío?

–Comprendo –respondí sacando la cartera.