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Mostrando entradas de junio, 2012

De lecturas

“…y vieron entrar un tabaco detrás del cual venía un hombre.”                                        Leonardo Padura. Pasado Perfecto.

El mundo se ha vuelto loco. No es posible dudar de esto, después de años de crisis, desgobiernos varios y revoluciones pendientes.
Caminamos a pasos agigantados hacia la nueva era de la deshumanización y la incertidumbre, en la que los individuos son sustituidos por las estadísticas, los sentires por números y los sueños se hacen irrealizables, extraños, imposibles. Los dioses nuevos controlan su interés con armas silenciosas e incruentas; y los viejos, ausentes, andan perdidos entre rezos y concilios inconclusos.  Y el hombre, ese animal a su imagen y semejanza, regresa a la caverna primigenia, aullando su mala suerte y rumiando la incapacidad de los líderes, la vergonzosa rendición de sus banderas, la clamorosa amputación de su naturaleza.
Pero, curiosamente, esa animalización del ser humano, esa deshumanización, ese retroceso vital y moral no es aje…

Amor en ruinas

Viejo monasterio en ruinas,
campanario silente que aguanta el tiempo
tejado roto, vigas carcomidas
esqueleto gigante y enhiesto
testigo mudo de nuestros sueños.
Los automóviles enfilan a tus pies la carretera,
llenos de gentes tristes y ausentes,
dejándote paraíso privado y secreto
compartido por los arbustos y los palmitos.
Adolescencia perdida, sedienta, muerta
ruinas del viejo monasterio
sueño contigo en la noche insomne
en la cópula insatisfecha
en el azul perdido
el  bramido del mar
el  rugido del viento.

La casa arriba del monte. Poema en prosa.

El padre. El sol de la mañana se refleja en las paredes encaladas, de un blanco inusual para estas tierras, que suelen presumir de colores carmesí, amarillos, azules.  Acabamos de subir el empinado camino de piedra, todo él bordeado de palmeras, palmitos y cactus. Huele al romero y al espliego que tan bien recuerdo desde mi niñez, cuando corría por estas tierras ajeno a todo, persiguiendo a las tórtolas que llegaban del África cercana.  Mi suegra es ahora la propietaria de la casa y nos propuso visitarla. Me extrañó la invitación, pues no sabía que aún fuera suya, ni cual había sido la suerte de la heredad.  Sigue sorprendiendo por sus dimensiones y belleza. Siempre fue el referente de toda la aldea; “La casa grande” la llamaban en tiempos. Han debido invertir sus buenos ahorros, pues las paredes están impecables; las ventanas y las puertas de madera pintada de azul parecen nuevas. Alrededor del perímetro un zócalo de piedra rugosa  aporta a la casatodavía más solidez, y también el tejado…

Gnadenlos, de Ralph del Valle

El amigo  Tomas Bernhard -o Ralph-, inspirador y jefe del blog fumador y poético La pipa es el Tiesto de las Flores del Humo, con el que a ratos colaboro, ha ganado el IV Certamen de Creación Literaria Bubok, con su primera novela Gnadenlos, sin compasión. 
¡Enhorabuena!

Desde aquí nos congratulamos por ello; nos parece una gratísima noticia para los que comienzan/mos a escribir.
¡Compradla!  Os la recomiendo: muy buena, entretenida y atrevida; para leer sin duda:
http://www.bubok.es/blog/2012/06/13/entrega-del-iv-premio-bubok-gnadenlos-de-ralph-del-valle/

La lejanía del Sueño

La tierra se ha mojado con diluvios de lágrimas inconsolable, ajado mi corazón cual ánima.
El mar de acero arroja los náufragos y las desdichas los peces muertos, la madera rota mi sueño atrapado entre inmundicias.

¡Perros ingleses!

Los escasos lectores de estas letras mías saben que por mor del trabajo, la crianza y el ayuntamiento, vine a dar con mis huesos a la orilla levantina del Mediterráneo español, entre las otrora vírgenes costas de la raya andaluza-murciana, donde los palmitos crecían y las gaviotas volaban entre acantilados y tomates. Ahora sin embargo, los pájaros contemplan incrédulos el cemento y el ladrillo que, en las alturas, les sirven de diana y entretenimiento.
Mucho de ese ladrillo y ese cemento vino a ser ocupado por súbditos de su Graciosa Majestad Británica, que bajaron de las brumosas islas buscando el sol, el calor y la sangría. Los años de bonanza y la libra esterlina les permitieron comprar inmuebles baratos, y fieles a su tradición insular, prefirieron acumularse en urbanizaciones antes que mezclarse con los naturales, creando guetos poco permeables a las costumbres del lugar. Los negocios florecían pensados y regidos por y para ellos, tiendas británicas, bares británicos, peluquería…