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Mostrando entradas de noviembre, 2013

Versos del Capitán Intrépido. Decima.

Paso las hojas de mi vieja moleskine como calendarios caducados; en ellas escribo mi vida con renglones difíciles con caligrafía difusa con versos torcidos como la vida misma que sufro y sueño. Un oculto poeta ni tan siquiera maldito un escribiente de malas rimas un amante enloquecido un hombre que fue niño personajes todos de esa moleskine donde escribo, vivo, amo, muero.

Lecturas y 34, premonición.

Hay una cama deshecha en la oscuridad de la habitación; hay una botella de plástico sucio en el suelo; hay una jeringuilla manchada de sangre en tu brazo; hay una mirada ausente en tu joven y bonito cadáver. Te recuerdo llorando a las once de la mañana dictándote los terribles versos. ¡Cómo eran de tristes tus madrugadas! ¡Qué fría tu cama, qué inane tu vida, qué terrible monotonía qué melancolía! ¿Acaso no era mejor deambular por el mapa de los recuerdos por la línea precisa de los sueños por la mojada orografía de nuestros cuerpos?














Lecturas y 33, tarde.

Hay un cielo gris y plomo hay graznidos de pájaros invernales hay palabras extrañas a mi lado hay soledad, hay melancolía.
El horizonte es mar a lo lejos iluminado por relámpagos, adornado por truenos; un gato come entre la basura que desovan los barcos mecidos por las olas.
El invierno viene; abracémosle es el anuncio de soleados días de límpidas madrugadas azules de alegres y luminosas primaveras.






Escena y 6, black money.

Apología del trabajo en negro por dos currantes, extranjeros, a mi lado en el bar de todas las esquinas. Tienen que vivir, dicen, o roban o trabajan sin pagar sus impuestos; todos lo hacen, los ricos también y en mayor medida. Claro.
Y la sufrida clase media española, asfixiada por levas, sanciones, tasas por doquier, impuestos crecientes, atada por una mínima nómina, mísera y mileurista, asombrada por el deterioro de los servicios públicos,  la pérdida del poder adquisitivo y  la calidad de vida, desangrada mes a mes y día tras día. Atrapada entre grandes fortunas e insolidarios del dinero oculto, negro y nauseabundo.
Hay que vivir. Por supuesto. Todos.
Lo contrario es inmoralidad y jungla.

Post scriptum; lo oído podía haberlo sido también en la consulta de muchos profesionales  liberales, o en el Consejo de Administración de cualquier sociedad multinacional, en el colmado de la esquina, en las mesas de algún restaurante tres estrellas o en la cola de cualquier sucursal bancaria o… …

Lecturas y 32,terram meam.

Vivo en un lugar donde soñar es pecado esperando que cumplas los deseos de tus padres y hagas de tus hijos ciudadanos ejemplares, pagando las facturas, depositando el voto sin alzar la voz ni preguntar la razón.
Trabajas todos los días esperando ser lo que querías mas te arrebatan de las manos las pequeñas ilusiones, tu mínima vida y no tienen respuesta cuando inquieres si es todo mentira si tras los inviernos vendrán las primaveras.
Vivo en ese lugar y en él peco y en él vago y en él muero buscándome en el camino preguntando al niño que fui a qué dioses rezar dónde quedan las esperanzas
qué es lo que me lleva al mar.





Escena y 5

En mi nuevo bar de todas las esquinas todo es aséptico, pulcro, acero y vidrio templado, y luces tenues no por insuficientes si no por esnobismo y premeditación.
Todo rezuma esa postmodernidad imprecisa impuesta por diseñadores de interior y falta de historia.
Incluso la camarera es etérea, diríase de plástico fino como en la vieja canción, que deambula sigilosa entre las mesas como holograma ilusorio e irreal. Silenciosa.
Pese a la proximidad del mar, que se extiende a escasos metros, más allá de los ventanales, no hay olor a yodo ni a sal; y los sempiternos tercios de cerveza, carajillos y copas de coñac del currante español son desconocidos por aquí. La clientela que llena las escasas mesas y la barra de diseño casa más con el Martini y el café expreso de conocida marca anunciada por donjuanes cinematográficos y divas del celuloide. Aquí sería difícil cantar una balada semejante a la que imaginé en otro bar de todas las esquinas, donde resonaba la vida despertándose de madrugada, …

Lecturas y 31, intimidad.

Es cruel aceptar
que nunca seré un gran poeta
tan sólo un pequeño ayuntador
de escasas, humildes letras.
Pero persistiré
porque escogí la difícil rima
y la ausente musa
y voy al folio en blanco
antes que al suicidio y la cobardía.






Versos del Capitán Intrépido. Nona.

No sé si las segundas partes son buenas o propicias pero quiero seguir ahogándome en el azul de tu sonrisa con una sobredosis de ti como la droga más dura, adictiva que me anula y me fascina abandonado en el lecho donde nos amamos descubriendo tu cuerpo nuevo y el viejo deseo adormecido entre poemas alcohol y desvarío que por ti renace a la luz  y al jadeo
a la risa y al destino.











Versos del Capitán Intrépido. Octavus.

He desnudado el alma ante una mirada azul y una milagrosa palabra que desarmó mi virtud dejándome por nacer, por vivir, por creer.
He sido ateo de mí mas ahora creo en el amor que soñé en la fe que dibujé en el verso que escribí recorriendo tu cuerpo en las mil noches pasadas rezando a tu imagen postrado a tus pies en los viejos hoteles donde arruinaba la vida en tu ausencia.




Versos del Capitán Intrépido. Septimus.

En la bóveda celeste la luna y las estrellas lloran ausentes de los besos en que refugiamos el otoño  y los deseos.
En su compañía recorrimos la distancia que media entre el pasado y tu sonrisa.
Entre mi alma oscurecida y  un ayer que fue nuestro y será destino; la delgada línea que separa –o une- la noche y la mar el sueño y lo real la locura y la verdad.
En la celeste bóveda las estrellas y la luna nos esperan como amantes que cobijar.




Escena y 4

Sigo observando con deleite, alevosía y algo de premeditación a la camarera de mi bar de todas las esquinas, Eleonora o Isadora de mi imaginación. Es otoño, y por fin el viento sopla del mar y las gaviotas buscan cobijo en los acantilados próximos, vencidas en su vuelo elegante y fácil.
A ras de suelo, la humedad se hace sentir en los cuerpos y en las almas, esas que andan todavía congeladas por incredulidades, desesperanzas, ilusiones muertas.
El otoño se muestra difícil, y el invierno se adivina duro, pese a la propaganda y artificios de la política ficción en que vive instalado el país, otrora España.
Yo me dispongo para el asedio, pertrechado de mis escasa certidumbres, invernando entre pipas,  libros, recuerdos y deseos, que son libres o casi.

Armando una resistencia que me permita mirar con clemencia el espejo todas las madrugadas, sin desear más que seguir soñando con escasos versos,  el humo de la amistad, la crianza de los hijos, el azul de la mar.




Escena y 3, God save the homeland!

A mi lado los hijos de la Pérfida Albión trasiegan cerveza y cigarrillos de cannabis, al sol escaso que enseñorea hoy el otoño levantino.
Sus cuerpos sonrosados, de buen criar y mejor beber, diríase varados en el bar, que para ellos será low cost o así, como todo el país. Su habla extraña resuena en las paredes, amplificada por las dosis de alcohol y ociosidad que a esta hora vespertina preside ya su sobremesa. Las aptitudes son un poco violentas, un punto imperiales, un mucho excesivas, adornadas de cuando en cuando con cánticos exaltados y salves a la Queen.
Andamos en venta, en saldo perpetuo y promocionado, rebajados en cumbres internacionales, planes de rescate, desgobiernos varios y territorialmente dispersos.
Comprendo que no es tiempo de ser demasiado escrupuloso con quien paga nuestras facturas y consume nuestro sol y la sal del viejo mar.

Pero con el filósofo, un regusto amargo me sube a la garganta y me impregna las vísceras, mientras fumo mi pipa y entre dientes mascullo …

Versos del Capitán Intrépido. Sextus.

Varias noches pasadas me ha visitado mi vieja amiga la oscuridad, la desidia, la desesperación.
Vino a mí, reía acurrucada en el rincón de mi alma desnuda que era madre suya reclamando su pernada su rincón de vida.
La amante salvaje y exigente de mis madrugadas insomnes mi ama, mi reina, mi señora.
Su amarga medicina el alimento de mis orgasmos insatisfechos; Las flores mustias de sus pechos el cobijo de mis amanecidas; su risa, el llanto de mis desconsuelos sus palabras ennegrecidas y malsanas mis pequeños versos rotos.
Incrédula se fue vencida por la rima azul la palabra escogida la luz de la mañana mi ayer que fue vida.




Versos del Capitán Intrépido. Quintum.

Luz de otoño oscurecida en la lenta tarde marina hecha para pintores locos o poetas suicidas. No consigo imaginarte cuando, a la noche vencida, te pierdes en el horizonte dejándonos la mirada triste, la melancolía.







Lecturas y 30, Untitled

Suenan en la torre las horas que anuncian un nuevo día mientras los jóvenes suben el volumen de los autorradios y los perro y gatos ladran y maúllan a la luna.
Las chicas bailan con sus minúsculos vestidos autómatas del nuevo siglo atrapadas entre un mundo sin futuro y la propaganda que las desea delgadas, guapas, insatisfechas.
El viejo trovador ha muerto a tiempo abandonando a sus vicios y adicciones en su nirvana y sus mentiras cuando hoy las nuestras no son más que teléfonos de cuarta generación y programas electorales y son salvajes todos los lados de la vida.