miércoles, 18 de diciembre de 2013

De querela

Algunas de mis escasas lectoras me acusa francamente y por lo derecho de que mis palabras son siempre las mismas,  los temas de mis escritos reiterados y, creo percibir en su reproche, con ciertos aires machistas o misóginos.

No diré que me escandaliza ese parecer suyo,  y que estas cosas mías o de ese trasunto mío que es el Gaviero, o viceversa, pueden parecer inspiradas por la más mínima dosis de animadversión hacia el género femenino. Claro que también se me interpela por demasiada querencia a la mujer, personalizada en el  azul de mis letras, ese color difícil, esa rima difusa, como en las camareras de variada índole y condición que alegran los bares en donde alimento el alma y el recuerdo, buscando refugio antes o después de la jornada laboral. Tratando de poner pulso a este siglo y a este país el que me tocó vivir y deambular.

Si esa sensación de machismo y misoginia es la que desprenden mis escasas rimas, mis mínimos escritos, mis pequeñas ocurrencias, es desde luego más por mi incapacidad para transcribir coherentemente lo que pasa por mi cabeza y por mi alma, por mi falta de lecturas y aun de escrituras, que por voluntario deseo y menos aún por cierta inspiración. Cada uno es reo de sus limitaciones, habla, escribe o sueña con el lenguaje que trajo de la cuna o alimentó después con educaciones y experiencias, y responde por lo que dice y manifiesta. Es el caso. Soy directo responsable de lo que por aquí se cuenta y pergeña, mal que bien pero siempre con el corazón en la boca y el sentir en la pluma. La más de las veces amputado en mis palabras y en mis verso por mi propia incapacidad y desaliento.


Pero siendo yo. O el otro. Y sin ningún otro ánimo o inspiración que el desahogo y el azul.



martes, 17 de diciembre de 2013

Apuntes del natural



I.
Suenan canciones extrañas en los altavoces del bar. Se oyen conversaciones mínimas en los mesas ocupadas por clientes anónimos y ausentes.
Hace frío afuera, en las calles grises y oscuras de la tarde invernal. Solitarias como cazadores furtivos, como amantes abandonados, barcos a la deriva.
El café es más amargo y negro. Converso con mi vieja moleskine, compañera fiel, dócil y resignada. No se queja porque mis versos son de nuevo negros como la noche, desesperados como condenados a muerte, incomprensibles jeroglíficos por descubrir, ausentes de rima y literatura. Paridas por el alma de un escribidor, lejano poeta oculto, asombrado de la podredumbre que rodea su vida y la mar.
La solución inmortal sería un tiro, pero aquí no hay rue de Brasseurs, y no tengo valor para el cuchillo ni estómago para el cianuro.



II.
La camarera de mi nuevo bar de todas las esquinas conversa con dos parroquianos acodados en la barra, mientras les sonríe con esa frialdad suya, con ese desdén centroeuropeo, mirándolos con los ojos glaucos venidos del frío y la perestroika, quizá hoy la trata de blancas.
Es hermosa, pero difícil.
Supongo que por eso atrae a los meridionales y se gana el puesto, mientras aquellos consumen sus carajillos y las copas que calientan sus tardes, iluminando sus deseos, esos confesables o no tanto.


III.
Suena la Creedence Clearwater Revival en mi bar de todas las esquinas. Creía que sólo era música para nostálgicos y gente entrada en años, pero me sorprende ver a la camarera centroeuropea o así contonearse al ritmo de los hermanos Fogerty. ¡Qué recuerdos!
Ahora solo falta que el tocadiscos –hoy el MP4 o similar- se descuelgue con las notas de Willy DeVille o unos acordes del Knopfler para transportarme –nos- años atrás, a esa Murcia estudiantil, libérrima y crápula que nos acogió. En fin. 


IV.
Tardes de invierno trascurridas lentas entre café, viento y canciones. Horas muertas en mitad del día, tras la jornada de papeles y estatutos de los trabajadores. Insistiendo en el folio en blanco, atrapado en mitad del mar, náufrago de mi mismo.
Roy Orbison canta a los descontentos,  y el poeta de Jersey dice que no es el héroe que Mary espera.
Viejas canciones, viejos sentimientos. Ojalá arrojaran luz en la oscuridad, luz en las tinieblas, luz en la fe maltrecha, luz en las noches inciertas, luz en los versos malditos, luz en los destinos fatales, luz en los caminos perdidos.










viernes, 13 de diciembre de 2013

Lecturas y 38. Fumando

Fumo el tabaco ahumado
y claustral; decimonónico.
Transito bajo las grises nubes
del invierno.
Oigo el silencio de las calle solitarias
una tarde de diario
una playa conocida
una ausencia merecida
una esperanza renacida.
Entre volutas de humo
y anochecida.







jueves, 12 de diciembre de 2013

Lectura y 37. Secundum confessionem

Tengo el ánimo como el invierno
frío, gris, amenazador.

Tengo el corazón como la estación
lento, ajado, enmudecido.

Tengo el deseo como el sueño
ausente, insomne,  príapo.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Lectura y 36. Confessio

He venido  desde la sombra  y la oscuridad,
desde la ignominia  y la soledad;
He recorrido todos los estrechos caminos
de la noche y la desesperación;
He transitado por las horas inciertas
del insomnio y del suicidio.
He visto a todos los dioses
en mis madrugadas solitarias;
he conversado con todos los fantasmas de la historia.
He leído todos los poemas malditos,
he bebido todos los alcoholes prohibidos,
he mendigado todos los lechos cuando estaba vacío mi bolsillo.
He recitado todos los poemas imposibles y blasfemos.
He muerto mil veces y mil veces
he renacido.
Tal ha sido mi sino
en este siglo maldito
en esta vida ausente
en este desvarío.

Sin ti.



domingo, 1 de diciembre de 2013

Lecturas y 35, divertimento.

Tecleas el teléfono
y  yo te imagino
desayunándote.

Me sonríes
y  yo te pienso
dormida.

Me dices adiós
y yo te persigo
en sueños.

Tecleas el teléfono
y yo te veo
dichosa.

Imagina lo que sentiría
si fuera para mí el mensaje
que tecleas en tu teléfono,
tu sonrisa,
un hasta luego.