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Mostrando entradas de diciembre, 2013

De querela

Algunas de mis escasas lectoras me acusa francamente y por lo derecho de que mis palabras son siempre las mismas,  los temas de mis escritos reiterados y, creo percibir en su reproche, con ciertos aires machistas o misóginos.
No diré que me escandaliza ese parecer suyo,  y que estas cosas mías o de ese trasunto mío que es el Gaviero, o viceversa, pueden parecer inspiradas por la más mínima dosis de animadversión hacia el género femenino. Claro que también se me interpela por demasiada querencia a la mujer, personalizada en el  azul de mis letras, ese color difícil, esa rima difusa, como en las camareras de variada índole y condición que alegran los bares en donde alimento el alma y el recuerdo, buscando refugio antes o después de la jornada laboral. Tratando de poner pulso a este siglo y a este país el que me tocó vivir y deambular.
Si esa sensación de machismo y misoginia es la que desprenden mis escasas rimas, mis mínimos escritos, mis pequeñas ocurrencias, es desde luego más por mi i…

Apuntes del natural

I. Suenan canciones extrañas en los altavoces del bar. Se oyen conversaciones mínimas en los mesas ocupadas por clientes anónimos y ausentes. Hace frío afuera, en las calles grises y oscuras de la tarde invernal. Solitarias como cazadores furtivos, como amantes abandonados, barcos a la deriva. El café es más amargo y negro. Converso con mi viejamoleskine, compañera fiel, dócil y resignada. No se queja porque mis versos son de nuevo negros como la noche, desesperados como condenados a muerte, incomprensibles jeroglíficos por descubrir, ausentes de rima y literatura. Paridas por el alma de un escribidor, lejano poeta oculto, asombrado de la podredumbre que rodea su vida y la mar. La solución inmortal sería un tiro, pero aquí no hayruede Brasseurs, y no tengo valor para el cuchillo ni estómago para el cianuro.


II. La camarera de mi nuevo bar de todas las esquinas conversa con dos parroquianos acodados en la barra, mientras les sonríe con esa frialdad suya, con ese desdén centroeuropeo, mirándo…

Lecturas y 38. Fumando

Fumo el tabaco ahumado y claustral; decimonónico. Transito bajo las grises nubes del invierno. Oigo el silencio de las calle solitarias una tarde de diario una playa conocida una ausencia merecida una esperanza renacida. Entre volutas de humo y anochecida.






Lectura y 37. Secundum confessionem

Tengo el ánimo como el invierno frío, gris, amenazador.
Tengo el corazón como la estación lento, ajado, enmudecido.
Tengo el deseo como el sueño ausente, insomne,  príapo.

Lectura y 36. Confessio

He venido  desde la sombra  y la oscuridad, desde la ignominia  y la soledad; He recorrido todos los estrechos caminos de la noche y la desesperación; He transitado por las horas inciertas del insomnio y del suicidio. He visto a todos los dioses en mis madrugadas solitarias; he conversado con todos los fantasmas de la historia. He leído todos los poemas malditos, he bebido todos los alcoholes prohibidos, he mendigado todos los lechos cuando estaba vacío mi bolsillo. He recitado todos los poemas imposibles y blasfemos. He muerto mil veces y mil veces he renacido. Tal ha sido mi sino en este siglo maldito en esta vida ausente en este desvarío.
Sin ti.


Lecturas y 35, divertimento.

Tecleas el teléfono y  yo te imagino desayunándote.
Me sonríes y  yo te pienso dormida.
Me dices adiós y yo te persigo en sueños.
Tecleas el teléfono y yo te veo dichosa.
Imagina lo que sentiría si fuera para mí el mensaje que tecleas en tu teléfono, tu sonrisa,
un hasta luego.