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Mostrando entradas de febrero, 2014

Lady in red

Te conocí una tarde gris y melancólica en una ciudad al lado del mar leyendo novelas extrañas  y armando el  puzle en blanco y negro de tu vida. Nos vimos otras veces en otras ciudades y otras habitaciones atraídos como los polos opuestos que éramos. Yo seguía temblando y tú calmabas mi dolor de hombre amputado. Un día cualquiera, también gris y melancólico, desapareciste y no tuve fuerzas para seguirte. Dejaste en mí piel el recuerdo de tu ausencia, el frustrado paraíso de tu mirada tu imagen vestida de rojo, el pensarte noche y día. Eras, como diría el poeta, todas las mujeres y yo ni tan siquiera fui el hombre que merecías.



¡Ánimo Kurt!

Aunque la noticia tiene sus días, yo aún no me he recuperado del  malestar, el desánimo,  la tristeza…
Para los que admiramos al autor, y queremos a su criatura como ese hermano mayor  al que seguir, o ese compañero de trabajo insustituible, o ese policía al que acudir en los momentos de zozobra y peligro, pese a su nostalgia, su melancolía, sus momentos de malos modos, su soledad, la angustia de su vida…
Para los que hemos crecido, y creído, en el mundo de la Literatura Negra –sí, con mayúsculas - de la mano del entrañable policía de Ystad; para los que pese a no conocer Escania la consideramos como nuestra casa, y ahorramos la pequeña nómina para el sueño de ir al apartamento de Mariagatan 10;  los que pasamos mejor los seis meses de inmovilización de aquella lesión del tendón de Aquiles postrados en cama gracias a la palabra y bonhomía que rezuman los hermosos libros de sus aventuras…
...la noticia es pésima, abrumadora, increíble.
¡Animo Henning, ánimo Kurt!  Mis mejores deseos,…

Lecturas y 50, varia.

I. Los lentos minutos se desgranan en la tarde; tú trabajas y yo sueño.


II. Estoy en mitad de la vida sin ganas de lucha con la voz dormida. Recorro las calles como autómata solitario y asombrado de no encontrar más que despojos de mi mismo. Busco y no encuentro al niño que fui, al joven que sentí, al hombre que soñé.



Lecturas y 49, evidentia

Compruebo con amargura que no lees ya los versos rotos, las cartas que sueño que son otras tus lecturas. El cartero los devuelve sellados por ausente o desconocida y tengo el alma ennegrecida perdida en mis tristes madrugadas. Acumulan polvo en los anaqueles junto con los azules poemas llenos de rabia y pena arrancados de mí como pieles. Vuelvo a la noche oscura a la madrugada insomne y desvelada en la que se mezcla la imagen tuya y mi alma atormentada. Así quedas para mí como siempre te tuve irreal, soñada, perdida atrapada por mis versos mi corazón palpitante mi deseo inconcluso mi cuerpo muerto.

Lecturas y 48, ultimam lectionem

Fue una mañana de viernes en aquel  triste apartamento en aquella cama calentada por nuestros cuerpos cuando me diste la lección de mi vida. Pensé que la tenía aprendida pensé que todo lo sabía pero fue tu lágrima desbordada tu amarga tristeza repentina la que me ensenó que no hay poder más fuerte que una humilde palabra. Es lo que aprendí aquella mañana de viernes en que fui tuyo
pero no pude -¡bocazas!- hacerte mía.



Lecturas y 47, mirándote.

Confieso que sigo mirando a hurtadillas las fotos en que posas con tu elegante ropa interior -o sin ella-,  anunciando el reclamo de tu piel suave y tu sexo prometedor. Soy un voyeur oculto,  irrecuperable seguidor de tu asombrosa transformación; en algunas pareces un niña, en otras la diosa del salón; eres morena, rubia, pelirroja, una gatita mimosa, un volcán en erupción. En muchas reconocible apenas por tu mirada verde, tu pubis tatuado o esas hojas de tu espalda que invitan a la perdición. Son fotos muy profesionales sin duda, algo retocadas de photoshop, pero en todas falta lo que te hace única, tu sonrisa el dulce acento de tu pasión.



Lecturas y 46,quinto confessione

No soy el que digo ser, estoy detrás de él, soy otro ser.
¿Es mi vida una mentira por ser quién soy, y no ser quién digo ser?
No sé si soy el que labora respira, cría, llora o soy aquel que amanece tiembla, sueña, goza.
¿Es mi vida una mentira por no ser quién creen que soy, por ser quién soy?

Escena y 7.

Tomo café –cortado- en mi bar de todas las esquinas.
Otra tarde más.
Frío y viento en el invierno al lado del  mar.
A mi lado la niña juega con su botella de agua, merendando.
Pienso en su futuro, cuando su padre ya no esté para compartir con ella las mínimas cosas de la vida, los dulces instantes de la existencia, las sonrisas cómplices, las pequeñas confesiones aún por llegar.
Ojalá en su recuerdo quede la imagen de un padre asido a la vida teniendo como únicos sustentos su sonrisa de estos momentos.
Ojalá pueda comprender, allá en su vida adulta, cuando sea ella quién acompañe a sus hijos a merendar, un día cualquiera de invierno, que su padre fue feliz en su pequeña compañía, en sus palabras incomprensibles, en la pureza de su mirada.
Y que pese a los sueños incumplidos, los anhelos congelados, las decisiones erróneas, lo salvaje de la vida, fue suficiente verse reflejado en ella.




Lecturas y 45, quarta confessione

En tus brazos he sido como el héroe que soñé de niño sin importarme si era mentira si era tu escenario. Tu vientre mi refugio tu risa mi colmado tu palabra mi música mi alimento tus labios.
Estuve vivo a tu lado perdido en tu cuerpo y por ti encontrado inmortal en tu ¿fingido? orgasmo, dichoso en tu regazo, sin importarme el mañana ni el ocaso. Consciente que quizá tu vientre, tu risa, tu beso, tu fingido orgasmo no eran reales sólo ficciones de otro teatro impostado.







Versos del Capitán Intrépido. Decimosegundo.

Se me ha paralizado la conciencia. Se me han roto las armas defensivas.          Luis Alberto de Cuenca, La muerte enamorada.

Me sigues llamando en la noche con tu voz aterciopelada y fría, me atraes con tus viejas armas de mujer fatal de serie negra. Sabes que nunca pude resistir esa mezcla de misterio y obscenidad que eran las amanecidas ahogado en tu fina lencería. Nunca supe nada de ti, ni tan siquiera tu talla de ropa interior o el perfume de tu piel o tu comida favorita. El día de tu nacimiento lo recuerdo vagamente, ese veinticinco de mayo de aquel año, pero no te vi llorar nunca porque lo olvidara -¿lloras mucho?- y en el amor nunca supe si era real tu estremecimiento el suspiro de tu boca el latido de tu corazón. Somos, como entonces, dos amantes y perfectos desconocidos.

Lecturas y 44, somniatis

Me gusta imaginarte una tarde de invierno vestida con mi pijama a cuadros que acaricia tu hermoso cuerpo mientras aplicada, armas tu puzzle en blanco y negro.
Me gusta soñar que tus sueños son los nuestros y  que aun incumplidos, es suficiente todo esto.
Me gusta pensar que aunque todo sea un sueño tu cuerpo es mi cuerpo tus lágrimas son las mías y mi corazón te palpita dentro.




Lecturas y 43, hiems confessione

El viento golpea las ventanas de la vieja casa.
El hombre se refugia en la tarde invernal, entre volutas de humo y renglones de libros por leer. La tarde, el tiempo, el reloj que marca las horas, todo es lento y somnoliento, pesado.
El fuego de la chimenea baila, cambiando del naranja al rojo intenso, contraponiendo su alegría, su vida, a la lentitud del salón, en cuyas ventanas gime el viento, ansioso por entrar y enfriar y arrasar.
El hombre lee y piensa. Acaricia su pipa y mira la mar, indómita y hermosa a sus pies.
Persigue una certeza, respuestas a las preguntas que desde un tiempo retumban en su cabeza, estimulan sus sentidos, arman sus pensamientos. Tiene miedo que sus contestaciones no sean las que se esperan de él, la que corresponden a él, las obvias en él.
El vacío.
Es lo que ve más allá de lo que tendría que ser.

Pero cuando se ha visto la mar en una lágrima, cuando se ha sentido la vida en un suspiro, se ha oído la sabiduría en una palabra, se ha respirado en una boca,  …

Lecturas y 42, Tertio confessione

He empezado a escribir, con esa caligrafía mía difusa falta de belleza material –espero que no formal- tan criticada por quienes se ven en la obligación de leerla,  con una vieja Parker 21, estilográfica heredada o usurpada no sé muy bien a quién, que debió comprarla allá por la década de los años 60 del siglo pasado, según he podido saber. Tiene por tanto más años que el escribiente que la usa sorprendido por su belleza, precisión y prestancia, que se conservan intactas quiero suponer como el primer día.
No sé donde me llevaran los renglones y párrafos que con ella imagine, de un azul intenso –me permití el lujo de cargarla con la Royal Blue, esa tinta de Mont Blanc que lleva el color del cielo al fundirse con el mar allá en el horizonte o así-. Pero espero que algunas de las palabras que salgan de su plumín de acero, sean merecedoras de alguna lectura, comentario o sonrisa aunque sea benevolente.
Algunos dirán que es otro esnobismo mío, en el siglo de la tecnología, otra extravagan…

Lecturas y 41,prima luce

La luz tenue ilumina tu mirada y acompaña mi mano temblorosa. Suena la música, banda sonora de la pasión. El vestido rojo está tirado en el suelo al lado de tu cuerpo desnudo. Te he amado como no imagine poder hacerlo; recorrí  la línea precisa de tu espalda y de tu sexo. Saciando la sed de mi recuerdo. Los billetes reposan  en la almohada como faros precisos de nuestra historia. Y sin embargo me sonríes al despedirme como novia inocente como mujer satisfecha como amante paciente.