jueves, 25 de septiembre de 2014

Mínimas escenas y 3

Arreglando el mundo, la política y el país, los compañeros del bar de todas nuestras esquinas levantan las francas voces, comparten las risas, las ocurrencias, los sesudos razonamientos o no tanto, en la comunión del café, la mañana, la vida.

Los nombres de la política nacional y local, los recuerdos de pasados tiempos, las confidencias cantadas que dejaron de serlo hace muchos días y meses y años, se mezclan con las acusaciones de latrocinios varios, traiciones reiteradas, apelaciones patrias o a las desusadas internacionales, mientras rueda el  café, el coñac o el anís, se cantan los tantos de las partidas, vuelan la fichas de dominó, se comparte cigarros, se ríen las gracias, verbales y físicas, de la camarera.

Normalidad en la mañana hispana, repetida igual o así en todos los bares de todas nuestras esquinas.





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Minimas escenas y 2

Un viejo parroquiano se sitúa a mi lado en la mesa del café. Costumbre centroeuropea, en poco uso aquí.

Una gorra blanquísima adorna su cabeza senatorial y el acento arrastrado lo delata de la capital del Reino, en tranquila jubilación o aseado viaje pensionista. Ha pedido  por favor sentarse a mi lado, pues el sol inclemente arrasa las mesas a él expuestas.

Con sorprendente educación me pregunta si puede fumar, pese a que yo humeo la pipa mientras consumo la cafeína de media mañana  y leo los diarios nacionales. Ante mi respuesta afirmativa -¡faltaría más, por favor!- sus manos delgadas y artríticas se afanan con pericia y precisión a liar un cigarro, tabaco y papel sacados de una vieja bolsa de cuero curtido y reluciente, sin boquilla, al viejo uso.

Prende el fuego, aspira profundamente con los ojos cerrados, saboreando la vida, la mañana, el recuerdo, mientras el camarero le sirve una taza de café negro y humeante.

Me mira sonriente, sin mediar palabra. No es necesario. Yo también comprendo que, en momentos como ese, de pequeño placer encontrado en un cigarrillo o en un café, al sol que caliente la mañana del final del verano, no son necesarias las palabras en la comunión del viejo rito, a la orilla del mar.



martes, 23 de septiembre de 2014

Mínimas escenas y 1

Vuelvo a mi bar de todas las esquinas, abandonado tiempo. Las mismas risas, los mismos sonidos, el mismo olor a café recién hecho, humo de tabaco negro, humanidad laboriosa. Pulso de la ciudad que despierta al trabajo, al sueño, a la esperanza o des-.

Otro año más de crisis, que en algunos parroquianos es perpetúa y piel, aguantada con resignación hispana, fatalismo cachondo y extrovertido y asombroso, que antes prefiriere las subvención, la ayuda, la mínima subsistencia, que la guillotina, la barricada, la revolución.

La camarera nueve aún las caderas con gracia, alegrando el paisaje; el periódico deportivo, ajado, pasa de mano en mano; el alcohol se consume con nombres extraños e ibéricos, reparos, carajillos, belmontes, asiáticos…


…y yo, en mi rincón, sonrío a la mañana y a la vieja moleskine que me acompaña.




lunes, 22 de septiembre de 2014

Inicio

El comienzo de la vacación
mar,  sal y sudor.
Embarcado en el humilde velero
olvidando el quehacer diario
libros, tabaco, viento,
propósitos de enmienda,
soledad, resignación.






sábado, 13 de septiembre de 2014

Autorretrato pesimista.

Mi vida es una
mentira
desde el llanto primero
hasta la final partida.

No soy el que vive
No soy el que labora
No soy el que transige
No soy nada.

No soy el niño aplicado
que no conoció pecado.
Ni el joven apocado
lejos de amores, peleas, desengaños.
Ni el hombre sensato
sin sangre, sin vísceras, sin redaños.

No soy eso que creéis,
no soy nada
sólo palabras
en un folio en blanco.




viernes, 12 de septiembre de 2014

La vieja habitación

La vieja habitación donde
te amé
ha sido ocupada
por jóvenes revolucionarios.
Pese a sus eslóganes
no superarán el amor que allá tuvimos
las consignas que leímos
los mundos que cambiamos
la esperanza
en nuestros cuerpos desnudos
los viejos poetas
y nuestro culto mutuo.








martes, 9 de septiembre de 2014

Lentejas

Te he imaginado
sola
comiendo las lentejas
tras tu ordenador rosa.
Vestida con delantal blanco
-tengo que decidir si con ropa interior
o no-
rodeada de cacerolas, sartenes y ollas.
Te deseo menesterosa
a escondidas ama de casa
olvidando tu trabajo exigente y agotador
esperándome
en la normalidad del hogar
que en nosotros es palacio, tesoro, bendición.
Benditas lentejas
cocinadas con amor
yo las tomo no las dejo
pardinas, verdinas o rubias castellanas
con verduras, chorizo o estofadas
con tomate o en ensalada
sopas con orejones
exóticamente trituradas en cuscús
o en croquetas simples y clásicas
pequeñas, redondas u ovaladas
de Armuña o lentejón.
Siempre
contigo y ellas
cocina humilde o de fusión
en compartida mesa.







domingo, 7 de septiembre de 2014

Deseo

Quiero verte
vestida
sólo con altos tacones de aguja.

En silencio
tendida
como muerta en vida.

Y tu piel blanca
y tu mirada marina
y tu sexo rosado.

Palpitando
para que tome posesión de lo que es mío.





sábado, 6 de septiembre de 2014

Sin rendición

Sin salir de la habitación
combates aterradores y sangrientos
campos de batalla arrasados e irreales
muertos a centenares, y putrefacción.

Rodeado y sin tregua
-no la quiero, no la espero-
solo
defiendo el pendón.

Miles de cañones de Verdún
Jerjes y sus persas en el corredor
el sexto ejercito congelado
la sal de Escipión;
escaramuzas son
con las libradas por mi pobre corazón.




viernes, 5 de septiembre de 2014

Escena y 9, baño.

Vuelvo a la mar, estos días en los que los visitantes/turistas/veraneantes marcharon ya a los quehaceres y rutinas de sus vidas de secano, ocupaciones, colegios.

Escasos resistentes, aferrados a sus pensiones o resignados en su desempleo, u originales en sus vacaciones, me acompañan en el ritual del viejo mar, al que reclamo mi porción de vida, mi dosis de tranquilidad, la necesaria razón de la existencia.

Me fundo en el olvido de sus aguas, rodeado de peces, dejándome mecer por las olas en el retorno al claustro materno, que es su esencia.

El sol se pone en la línea irreal que separa las aguas del cielo, dos azules fundidos en negro delgado y misterioso, en la hora adecuada para los deseos, los abandonos, la dejadez.