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Invierno.3

Miro la mar y espero.
Y la espera en la mar es eterna, sufrida tuya.
Esperando mirando la mar ola tras ola tras ola en la inmensidad de la mar y la soledad.
Espero y miro la mar.




Invierno. 2

Al fin la lluvia
moja las calles
de la ciudad marina
calmando 
la sed
y la rogativa.
Lluvia bienhechora
deseada
bienvenida
persiste noche, persiste día
en los cuerpos
en las avenidas.



Invierno. Mar

Invierno contracción de sol día tras día de la ciudad marina.
La mar espejo de mi rostro antiguo y roto restaña las heridas con fidelidad de amante prendida.








Abandono

Se me ha paralizado la conciencia. Se me han roto las armas defensivas.          Luis Alberto de Cuenca, La muerte enamorada.




Inaccesible ya tu cuerpo como naufrago que soy en el mar viejo. Borroso tu contorno como bruma en la mañana y tu voz extraña canto ahogado de sirena.
Tus palabras y tus lágrimas sin olvido posible y tus pupilas marinas alumbrando aún mis madrugadas.
Y quise ir acompañarte vivir en ti hacer más que soñarte. Pero sólo fui un mortal cobarde ni siquiera un mínimo poeta que no consigue sin más olvidarte.



Este poema ha ganado el primer premio del V concurso Declara-te, del Ayuntamiento de Mazarrón http://www.mazarron.es/es/ayuntamiento/noticias/JUANA-MARIA-CALLE-Y-ENRIQUE-TARRAGA-GANAN-EL-PRIMER-PREMIO-DEL-CONCURSO-DE-POESIA-DECLARA-TE/



Propuesta/borrador para una nota enviando flores

Señora…
La sigo añorando. ¡Mucho!
Y la pienso. ¡Constantemente!
Y me maldigo, por mi actitud, y, ¡Dios mío!, por mis palabras y aún mis silencios. Esos que creía inalterables y suyos.
Lo siento. Mucho. Siempre. Ciertamente.  Espero que me recuerde,  y pueda perdonarme. Aún con tiempo. Todo el del mundo.
Porque la supongo enfadada. Y lejana. Y ausente.
Pero yo la quiero alegre, dichosa, feliz.
En la lejanía, cercana. En la ausencia, mía. Y en el silencio, preñada de voces, rimas, flores y versos.
¡Señora, señora mía, vida mía…!
…sigo. 
En usted, por usted, con usted.

Si tiene a bien acogerme.






Fin.

Estas son, o debieran ser, las palabras más tristes que escribo.
O que escribo desde que estas páginas, las elucubraciones que por aquí circulan, los versos o así que asoman por las ventanas del sitio, las reflexiones que pretendían serlo, las imágenes imaginadas, los momentos soñados vieron la luz hace ya tiempo, muchos meses y algunos años. Y sin embargo, no tengo pena, ni dolor. Solo un regusto amargo, de final.
No es fácil matar a un amigo, dejar morir a un hijo.
Las palabras que aquí se depositaban, después de ser escritas negro sobre blanco, en tinta azul y con la vieja Parker 21, ya saben, en las moleskines que me acompañan los días y las jornadas, nacieron como válvula de escape, como divertimento agradable, no en búsqueda de lectores, que fueron y son escasos e imperceptibles; una distracción que pasó del papel al mundo cibernético animado por conversaciones con amigos, el ego quizá hinchado de esperar alguna aprobación, la sorpresa de alguna lectura, la visita de gente des…

Buscándote

Recuerdo un viejo televisor en la pared los cuerpos desnudos, una botella de agua y tu mirada. Recorrí buscando el consuelo las oscuras calles paseando hasta tu cama; temblando rocé tu piel y besé tu boca como soñé hacerlo a una diosa y te convertí, de inmediato, en mi idolatrado templo,  mi febril alma. Y hoy buscándote en las oscuras calles, las viejas camas,   los furtivos besos, no te encuentro más que en sueños, apenas nada.