sábado, 29 de noviembre de 2008

Un poema

A mi hija, porque tuve padre.



Tu recuerdo ya no me deja vivir

hace mucho tiempo que nos dejaste,

pero la tristeza de los días sin ti

me embriaga y me conduce al desastre.



No entiendo porqué tuviste que marchar

dejandonos tan sólos y tan fríos

habiendo tantos caminos por andar.

¿no ves que sin ti estamos perdidos?



Padre, te quiero recordar

en la penumbra escondido

lanzando besos a mamá.

En el día encendido

de mil soles para alumbrar

aquellos juegos conmigo.

Y en la noche para esperar

de tus labios desprendido

un cuento que me haga soñar.




viernes, 28 de noviembre de 2008

HERMANAS, Josefina Aldecoa.

Breve novelita -tan solo escasas doscientas veinticinco páginas-, que no sólo merece dicho calificativo por su extensión sino también por el resultado conseguido, a falta de saber cuál fue la pretensión de la autora al ofrecernos este retrato, un poco ñoño, cursi y plano, de dos hermanas de la alta sociedad española de mitad del siglo pasado, y su deambular por sentimientos y vivencias, y que sólo al final, con una no del todo sorprendente conclusión, nos reconcilia algo, pero escasamente, con su lectura.

Isabel y Ana son dos hermanas, separadas por escasos años, de la alta sociedad de una ciudad del norte de España. De padre inglés y madre española, son educadas sin más objetivo que convertirlas en un buen partido para un matrimonio de conveniencia, que perpetue las situación preponderante de su familia en la vida de la sociedad provinciana en la que se mueven, en un comienzo, los personajes de su familia. Tan sólo el distinto carácter de una y otra, y su distinta y radical visión del mundo y su papel en él, las llevara finalmente por caminos distintos, al enfrentarse , a la muerte del padre y ante la incapacidad de la madre para hacer frente a su nueva situación, caída en depresiones y adicciones, a tomar por fin las riendas de sus vidas. Y así mientras una se abre al mundo y se prepara para ser una mujer independiente y responsable, con estudios universitarios, alejada del ambiente opresivo y malsano en que se había convertido su vida, la otra, reproduciendo dicho ambiente en bucle incomprensible, reacciona proponiendo matrimonio a su primo Ignacio, el otro personaje de este ménage à trois de relaciones y sentimientos por el que nos lleva la novela. Este Ignacio, primo mayor de las hermanas, y que entra y sale de la acción primera de la novela como contrapunto al ambiente en el que se crían Isabel y Ana, estudiante primero y después diplomático, con destinos exóticos y viajado y leído, se convierte, a la muerte del padre y madre de las muchachas, en el único referente masculino de la familia, y, por no se sabe qué mecanismo intelectual, en su guardián y protector, hasta el punto inverosímil de aceptar el matrimonio de la menor, casi en el lecho de muerte de su tía y madre de las hermanas. Y, en este hecho del matrimonio de los primos, arranca la segunda parte de la novela, -algo más dinámica y que conduce al desenlace final- pues obviamente, las dos hermanas están "enamoradas", cada una a su manera, de este hombre, marcando el parentesco y dicho sentimiento, junto a la repetición del ambiente en el que se criaron la hermanas ahora en el matrimonio de los primos, la vida de los protagonistas.

Novela psicológica y pseudoromántica, poco creíble en cuanto a ciertas decisiones y aptitudes de los personajes- y no sólo de los principales, si no también de las comparsas de los mismos-, trazados sin demasiada profundidad, con arquetipos demasiado evidentes para sorprender al lector. Con un lenguaje sencillo, a veces un poco soso, se nos muestra un entramado que se pretende complejo de relaciones y emociones, con un final abierto, en el que "triunfan" los sentimientos de los personajes que la autora considera más maduros y de mayor altura moral, engañosamente identificados con los más cosmopolitas e instruidos, y que en cierto modo vicia un poco el final, al plantearnos una solución que se mueve entre la incredulidad y la incomprensión.


Puntuación en el Club de Lectura de la Biblioteca Pública del Puerto de Mazarrón: * sobre *****.
Puntuación personal: * sobre *****.
FICHA
TÍTULO: HERMANAS
AUTOR: Josefina Aldecoa
EDITORIAL: Alfagura
ISBN: 978-84-204-7424-3
PÁGINAS: 225

Otro estado de ánimo.

Tengo miedo que llegue el alba
porque sólo soy lo que soy en sueños
en la larga noche desvelada,
y no en el día al que siento muerto.

Tengo miedo que llegue el alba,
en la mañana ni soy ni siento.
¡Dejadme al menos buscar mi alma
en aquel mi mundo imperfecto!.

Tragedia

Salió a la plaza
y miro el tendido.
¡Madre mía, qué miedo
tenía el chiquillo!.

Santiguadores brazos
el capote cogido,
suertes murmuradas
y el paseíllo.

Hombres áureos,
albero amarillo;
toreo de salón
espera enemigo.

Clarines y timbales
turban los sentidos,
oscuros chiqueros
muge el astifino.

Muerte cuadrúpeda
saludo sobrecogido;
verdad colosal, negra
y allá un suspiro.

Hercúleo duelo,
toreo ceñido;
verónicas gallardas,
pases esculpidos.

Bestia coronada
de puñales conocidos;
fiera la mirada
busca muerte y frío.

¡Qué baile torero!,
olés en el tendido,
grácil movimiento
¡pero no mira el niño!.

Capote de mariposa
engaño taurino;
ya el animal de muerte
te busca con sentido.


Testuz de pelo y sangre,
vida en un suspiro,
negro y rojo ya quiere
tu vida el enemigo.

¿Por qué miras ahora
la tragedia niño?

En la arena yace
tu padre chiquillo
y sobre él, los cuernos
de guadaña, mugidos
infinitos.

¿Por qué miras ahora
la tragedia niño?.
Si no quisiste mirar
la gloria del camino.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Cosas que pasan -in animus iocandi-

Ando estos días un tanto apesadumbrado. Esta conciencia mía me acaba de pasar factura. Y lo malo es que siempre lo hace a destiempo.

He recordado -algunas cosas no debieran serlo nunca; y otras no debieran dejar de serlo-, que hace unos años, siendo yo más mozo que ahora, con más pelo, más arrogancia y más sensatez -lo cual no dice mucho de mí hoy, pero ¡ qué le vamos a hacer!- ligué a una murcianica estando de vacaciones en la playa. Y ahora, repasando las leyes punitivas españolas, o sea el Código Penal, Edición Tecnos, he caído en la cuenta que tal vez fui, o soy, porque el delito no prescribe todavía, un vulgar delincuente.

Vamos a ver. Según el artículo cuatrocientos treinta y seis, aplicable al momento del hecho en cuestión "será castigado con la pena de multa de 100.000 a 1.000.000 de pesetas quien cometiere agresiones sexuales -sin acceso carnal, esto es, sin coito vaginal, anal o bucal, que de esta manera tan esclarecedora e ilustradora, describían nuestras leyes penales tan menesterosa cuestión, rompiendo incomprensiblemente con la clásica, antigua y enjundiosa de nuestro venerable derecho canónico: erectio membris virilis; penetratio in vagina; eiaculatio-, en las circunstancias de los artículos cuatrocientos treinta y cuatro y cuatrocientos treinta y cinco", describidores ambos de los delitos de estupro en sus diversa modalidades. Y estos preceptos dejan bien a las claras que quien tuviere acceso carnal, sin llegar a sus últimas consecuencias amatorias, con una mayor de doce años y menor de dieciséis, es un vulgar estuprador de menores.

Y aquí me asaltan las dudas, pues no recuerdo bien -para estas cosas siempre fui un poco olvidadizo, tal vez para no recordar el pecado y si a la pecadora-, si la panochica acababa de cumplir la salvadora edad de dieciséis o estaba a punto de hacerlo. Y claro, uno ya era más bien mozo de quintas. A esto me objetaran los jurisconsultos y jurisperitos que si la moza en cuestión consintió y no hubo prevalimiento de superioridad ni engaño, no hay que temer. Pero es que ellos, como yo, saben que nuestro ilustre Tribunal Supremo tiene declarado que uno de los motivos esenciales el engaño es la promesa de matrimonio. Y he de confensarlo. Lo hice. Mis dotes para el ligue, el donjuaneo y el posterior acoso y derribo no me permitían por aquel entonces -ni ahora, válgame Dios-, prescindir de tan socorrido recurso, sobre todo si la chica era un poco corta de edad y de entendederas. Y lo hice, yo confesé profesarle amor eterno, y le juré repetidas -y engañosas y viles, lo sé- veces que la llevaría al altar. Supongo que esto, unido a las dosis de vino de la tierra, el de Bullas o Jumilla tanto da, y el reflejo de la luna en el Mediterráneo nuestro hicieron el resto.
De todas formas, vienen en mi auxilio una serie nada desdeñables de circunstancias. Pudiera ser, es cierto, que la susodicha no hubiera cumplido los dieciséis, pero aseguro que era difícil adivinarlo. Esto, en un Tribunal de Justicia, podría alegarse como el famoso error invencible: la murcianica no podía tener la edad, pero desde luego la aparentaba. Ni el mismísimo Nicasio Pelades, desvirgador honorífico de vírgenes, hubiera podido pensar que allí teníamos una. Y qué decir de la experiencia. Aquí si hubiera sido embarazoso concurrir ante el Tribunal. Supongo que sus señorías se habrían despertado del sopor en que habitualmente presiden para atender a los relatos que la parte en mi representada -aunque como dice Carreras, el abogado que se defiende a sí mismo, tiene como abogado a un imbécil y como cliente a un idiota-, hubiera hecho con pelos y señales. Alguno se plantearía la posibilidad de modificar las leyes penales a la luz harto esclarecedora de mi situación. Hubiera sido curioso que mi caso entrara en los manuales del tenor "Caso Gaviero, célebre proceso que motivó en España la rebaja de la edad penal por las circunstancias que etc., etc. " Al menos hubiera pasado a la posteridad.
De todas maneras, esta conciencia mía no me deja. En normal, mira que si al final soy un delincuente. Aun con conciencia, eso sí. O sea.

Celos -in animus iocandi-

Una de las causas más importantes, sino la primera, de las desavenencias, disputas, peleas y aun rupturas de parejas -y aquí se incluyen únicamente como parejas las que Dios manda y el Código Civil exponía, esto es, las monógamas y heterosexuales, qué le vamos a hacer-,son los celos, bien motivados o consecuencia de la infidelidad o bien no motivados o consecuencia de la gilipollez. Parece claro que a uno le debe enojar y casi cabrear teniendo siempre cuidado con no parecerlo y justificar así la cornamenta, ver a su pareja de la mano de otra -esta expresión es claramente eufemística- y si ha sido capaz de reprimir el primer impulso asesino, lo aconsejable es actuar razonadamente y tratar de no dramatizar ni agudizar la situación, ya de por sí dramática y peliaguda, aunque lo agudo no sean los pelos precisamente. Porque si no se corre el riesgo evidente de no reaccionar adecuadamente, una veces por exceso y otras por defecto, e incluso suponiendo que se reaccione adecuadamente no hay que confundir el problema y crear otros accesorios: cierto que el responsable puede haber echado una canita al aire , pero no es menos cierto que se puede seguir enamorado loca y perdidamente de la supérstite al adulterio sin ninguna mengua ni resta de ese amor; al fin y al cabo todos somos débiles y pecadores, y que tire la piedra el libre de pecado.
Otra cosa sería compartir ese amor pretendidamente verdadero con varias, lo cual ya parece el colmo de la desfachatez y la arabización. Porque ese amor es uno, como lo es al amor fraterno, el amor de madre o el amor al perro; pero lo normal en estos casos es un devaneo más o menos fuerte y una refriega-combate sexual librado normalmente cual guerra relámpago y con altas dosis de improvisación y amateurismo. Y derivar de ello una ruptura matrimonial, de pareja o de familia parece tamaña insensatez. Claro que cada uno es como es, que no ha mucho, un amigo mio, D. Celestino Escamez Valenzuela, sorprendiendo a su mujer, muy santa y muy devota ella, en el lecho conyugal heredado de su tío abuelo D. Florencio Ezcamez y Trujillo, héroe de la guerra de Cuba, medalla al mérito militar y comendador de la Muy Santa y Muy Noble Cofradía de Combatientes de las Cruces Sagradas, con un marino americano que para más inri era de color -esto es, de color negro, afroamericano con corrección politica de hoy-, no tuvo más salida digna que pegarse un tiro con el máuser con el que su tío-abuelo Don Florencio combatió en la famosa batalla o escaramuza del Machaquito, así conocida porque en ella perdió la vida un capitán de regulares al que llamaban el Machaquito, después de dejar despenados, o sea, sin pena alguna, a no menos de cien insurrectos y rebeldes. Esto último no se ha podido comprobar en fuentes fidedignas, pero pudiera ser porque el Machaquito ponía mucha ansia y le llegaba la gana de muerte muy prontamente. La pécora de la ex de don Celestino acabó trasladandose a Oklahoma y hoy sobrevive vendiendo Biblias mormonas de casa en casa, en franco arrepentimiento.
Otro ejemplo de lo que estas cosas pueden llegar a suponer es lo ocurrido al virtuoso desvirgador honorífico de vírgenes Don Nicasio Pelades, tantas veces citado y conocido, del que algún día relataré sus aventuras y extravagancias, el cual, sorprendiendo a una de las muchas parejas que a lo largo de su dilatada vida amatoria tuvo, con otro negro en la cama, reaccionó metiéndose en ella y proponiendo una orgía a tres bandas con el foráneo. Claro que ante tamaña propuesta, el infiel todavía debe correr con tanta prisa como abandonó el lecho. ¡Ni tanto ni tan bravo, don Nicasio!. En el término medio está la virtud, tan difícil de conseguir.
Así pues, ante todo paciencia y respuesta adecuada. Lo que ocurre normalmente es que esa respuesta adecuada es un buen corte de mangas y un "adiós muy buenas". O sea, el término medio.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Algunos poemas físicos e insomnes.

Mujer perfecta
corto el pelo
breve el pecho
y nalga prieta.

Mujer hermosa
luz en los ojos
y no otra cosa.


Mujer dichosa
corazón lleno
noches gozosas.


Si con vos, daños caña
y sin vos, qué patraña,
¡mujeres, cuán extrañas!.


2. Soñaré contigo todas las noches
y viviré con tu feliz recuerdo,
aunque sean despiertas e insomnes
que si no, ¡Dios mio!, acaso muero.

Esperaré soñandome a tu lado;
la locura me vence por momentos
noches de vigilia, los soñolientos
días; pero siempre esperanzado.

Recordaré tu imagen dentro de mí
imaginaré juntados los cuerpos
enlazadas las almas sin ardid,
amándonos vencedores del sueño.


3.Amor de cristal y noche
insomne, desgarrado
amor sincero sin reproche
¡yo, tu fugaz amado!.


4.Que hermosa es la noche
que en tí se hace mañana
y balancea en mi alma
sonrisas sin reproche.


¿Por qué el trinar del alba
rompió el encanto?. Sueño
aún tus rizos amada
perdiendome en tu fuego.

¡Qué colores los del alba
reflejos de tu cara!.
¡Acabar la noche en tí,
esperando concebir!.



5.Si yo te quiero
a quien importa.
Tan sólo espero
tenderte dentro
de las amapolas.




6.Yo a diferencia de Neruda
no soy ningún poeta;
acaso alguien que sin ayuda,
ayunta escasas letras.

Que en el silencio escucha
entre rimas y poemas
voces de gentes muertas.
Que en el mar contempla
asido al mástil de cuerda
blancos navíos de guerra.

¡Y que en el alba sueña
trinos, nubes
y sonrisas de doncellas!.

Gambeteando.

Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.
Trilogía a la que debe tender, según muchos, la vida de un hombre. No está mal, aunque siempre preferí la enseñanza del maestro Ulpiano de vivir honradamente, no hacer daño a nadie y dar a cada cual su derecho; lo que ocurre es que esto del derecho siempre fue más complicado, a pesar de lo de iura novit curia, pero ni aún así; lo de no hacer daño a nadie exige cotas de resignación, paciencia y racionalidad poco usuales. Y la honradez hoy es no ya escasa, si no hasta excepcional, y en la vida pública qué decir.
Desechando la idea de traer más bambinos al mundo, pese a la inversión de la pirámide poblacional y el índice de natalidad por los suelos, más por una actitud puramente egoísta que vital, lo siento, confieso que poco me queda y a que no sea llenar hojas y que alguien las publique. Porque lo de plantar ya lo hice en mis tiempos mozos: recuerdo que siendo aspirante a bachiller, una profesora de Biología, doña Menchu, para sofocar su ansia ecológica, quizá porque era paisana del doctor De la Fuente, que en eso del paisanaje y la botánica y la fauna parece que los burgaleses lo lleven en la sangre, nos hizo coger los trastos, picos, azadas y demás, y en expedición, llenamos de agujeros y socavones el patio del Instituto, mal que le pesó a la Junta de Estudios y al Director, que era un cascarrabias matemático de cuidado.
A fuer de ser sincero, la verdad es que yo cabé poco, en mi habitual ejercicio de estilo, y si algún golpe de pico di fue por asegurar un poco de peloteo, que nunca viene mal, y por saberme en posesión de un de los elementos que me conducirían a un desarrollo pleno; así que en eso estamos. Además yo jamás había cogido un instrumento de aquellos, y no era, ni soy, capaz de distinguir un almendro de un álamo. o un olmo.
Siempre fui un espécimen raro de homo rural; supongo.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Un estado de ánimo.

Dice el tango que siempre se vuelve al primer amor. Y tengo para mí que es cierto. Cierto y cruel, pues aún hoy siento las punzadas del corazón cuando su recuerdo llega a mí.
Empeñé mi esfuerzo e inteligencia en el olvido; pero erré en las artes, pues el amor es poco dado a subterfugios y no admite sustituto; y convivir con él sabiendo que la lucha acabó es descorazonador, inhumano. Ahora, un simple gesto, un perfume, un movimiento, es tortura que evoca su existencia y recuerda mi soledad, su ausencia y mi derrota.
Ni el desenfreno, ni las otras, ni el encierro ni el que todo lo cura que dicen es tiempo, han podido apartar de mí su imagen, su deseo y la añoranza de aquellos momentos. ¡Cuán insensato se puede llegar a ser dejando pasar la felicidad a tu lado!. ¡Qué difícil dejar de sentirse invencible cuando se tienen veinte años!. ¡Qué imbécil el veinteañero que se siente invencible!.
Sólo una solución antes de la locura: vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo.

¡ Qué gran certidumbre, real y crudelísima, la del tango!.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Dos poemas de amor.

Para Illona Azul

I

Gozar quiero todo tu néctar,
junco de espumas coronado,
romper las cintas de tu meta
perfil romano cincelado.

Espiga ya recolectada
quisiera ser yo tu artesano
beberte las fuentes amadas
sediento de frutos rosados.

En la mañana te recuerdo
mecida de blancas y azules
etéreos dibujos soñados.

Trinar de alba que ha muerto
jadeantes sonrisas que acuden
de mis amores preñados.




II

A tus ojos las lágrimas acuden
en el instante de dicha suprema
mientras tu cuerpo y mi cuerpo se funden
en mil noches de amor y sementera.

Acude también el mar a los recuerdos
en el acumulo dolor de siglos
mientras te abren a gritos los sueños
frutos de nuestro amor y cobijo.


Hermosa amiga, esposa y amante
reclama tus blancas carnes mi esencia
quiero amarte en todos los instantes
llamando la vida con tu presencia.


Poemas noctámbulos y demás.

¡Noche insomne , desvelada ,

me hurtáis la vida y el alma!

En la noche, un aullido;
sueño terrorífico
o el celo a venido.

¡Malditas paredes como de papel,
el coito y la risa, la gresca y el llanto,
óyese todo como a través de él!


2.Lejos de ti me muero
fuera de ti no vivo.
¿por qué? No sé, ni quiero.
¿acaso yo te olvido?

Fui a ; quedé allí
Volvime y me cansé
de vivir. ¡Cómo sentí
y a tu lado amé!.

Hacia volver quiero
pero ni lo que escribo
sé. Lejos de ti ni pienso
ni siento, ni respiro.


3. Sólo quiero
la vida normal;
nada espero
vivir sin llorar.

A nada aspiro;
tal vez pensar
que tras el camino
nos espera la mar.

Deseo amigos y paz
palabras y silencio
y ninguna cosa más.

Amigos que guarden silencio
en la muerte de este mortal
y de palabras el recuerdo
llenen con felices aires de paz.

¡No pretendo más
que hallarnos en la mar!


4.Voy a emborrachar el alma
de imagenes solo tuyas
noches turbias y malsanas
y recuerdos como puyas.

Te has ido pero te quedas
acompañando mi angustia.
Ríos secos y de piedra
veo; y las flores mustias.

Daño me hace tu imagen
en la retina del vaso
y más todos los que llamen
tu nombre tan añorado.

Equivocadas las artes
de olvido subterfugio
amor que es constante,
¡mi muerte y mi refugio!


5.Desde mi ventana veo
las paredes encaladas
y ventanas de pigmeos;
tendidas ropas aladas.

Vecinos desconocidos
observan tras los cristales;
tienen los ojos cansinos
¡quieren verde y no ciudades!.

Patio de luces y sino
monotonía, soledades;
agua de lluvia y frío
espacios vecinales.

Desde mi ventana sueño
con océanos azules
serenatas de jilgueros
y demás cosas comunes.


6. El alma se hace oscura
en la noche que espera;
sin que apenas ocurra
nada; y desespera,
mientras a solas escucha.

Se oyen voces de vivos
y silencios de muertos.
Hacen el polvo fino
la tierra, el estiércol
gusanos alcalinos
con todos nuestros huesos.

Breve autobiografia -de un día-.

Vine a la luz en Albacete, llano, vid y navaja.
No recuerdo nada de aquello, pero supongo que eso nos pasa a todos, es decir, que los recuerdos de nuestra primera existencia son recuerdos de otros y no propios, que nos trasmiten y que con el tiempo hacemos nuestros. Lo contrario y excepcional supondría una memoria elefantina y descomunal, y esas proezas son raras o inverosímiles. Además poco recuerdo puede tenerse pues lo normal es ir de la cama a la teta y de la teta a la cama, pasando por el pañal que en aquellos tiempos no sería desechable y absorbente y demás.
Por desgracia para las nuevas generaciones, la sana costumbre de las amas de cría está en desuso, pero no hay duda que donde esté una buena mujer con ubres hechas a la crianza de querubines, lo de potitos, leches pasteurizadas y otros inventos es sucedáneo pobre e insípido y poco sugestivo; pero esto de la modernidad ya se sabe que tiende a la deshumanización, pues antes las crías ya tendían a asegurarse la tajada y había una cierta hermandad de mamoncillos que era algo así como una colectivización más eficaz que la propuesta por las Internacionales.
En realidad, podría contar detalles de mi nacimiento, pues debe ser de los pocos que, sin ser excepcional, fue noticiado. Y me explico.
A mi madre le sobrevivieron los dolores y contracciones del parto al mismo tiempo que en el coso albaceteño un morlaco con mala uva pretendía despenar a su torero que, por supuesto, pretendía hacer lo mismo con él. En aquella ocasión tuvo más suerte el animal y el pobre matador acabó en la Sala de Urgencias. Y hete aquí que en ese instante a mi me arrojaban al mundo en el pasillo del paritorio, que no me desgracié en el acto por puro azar, pues la comadrona ensayó una cabriola que ni el mismísimo Zamora. Un plumilla que cubría la información taurina y que esperaba el parte facultativo de la cornada tuvo la brillante y ocurrente idea de noticiar también el nacimiento de éste que escribe; y así consiguió que el redactor le felicitase por su rapidez de reflejos. Se conoce que andaban escasos de noticias o sobrantes de columnas, no lo sé.
Y claro, cada vez que visito a mi abuela, acaba sacando aquel ejemplar único, amarillento y manoseado, orgullo familiar que conserva como oro en paño. Tengo que conseguir su destrucción o conseguirá publicar también allí mi esquela.

La ruptura

Aquel triste otoño en el que las nieves hicieron su aparición, y los hombres, y las mujeres y los niños y también los viejos temblaron largo tiempo. Así comenzó la época de los infernales tiempos y de las sangrientas horas que precedieron a la llegada de aquel a quien todos adorarían. Y luego, pero antes, se hizo la noche eterna.
Y tu no venias conmigo. Pero yo seguí por la senda que me condujo al conocimiento de la extraña historia que en un inicio todo aquello me pareció.
Y tras la noche eterna, el día resplandeciente y la vida alegre; pero eso fue al final, cuando todos -que eran pocos -, exhaustos, comprendieron que podía ser de nuevo el inicio...

jueves, 13 de noviembre de 2008

Calle Rambla-Plaza Santa Eulalia

Calle Rambla y Plaza Santa Eulalia. Cinco, seis años. Veinticinco asignaturas, una carrera. Casi una vida, y mil anécdotas...


Día y noche. Universidad y tascas. Estudio y diversión. Calle Rambla y Plaza de Santa Eulalia. Un día lejano, el inicio. Ilusión y ganas, tantas veces perdidas y tantas otras recuperadas. Risas y lágrimas. El primer amor, tal vez. La primera amistad, seguro. Días de libros y códigos. Noches de vino y habas. La primera borrachera y el primer sueño. Calle Rambla y Plaza de Santa Eulalia. El primer suspenso y el primer aprobado. La ilusión y el orgullo al llamar a casa. Tus primeros años de juventud. Recuerdas...


Facultad de Derecho; café Bar Azarbe; la tienda de Juan; El Cuervo Tasca; el cine Rex; el comedor universitario. Recuerdas...Don Jesús Burillo; Landrove; Mansú; Juan y Fina; Lola y el malaspulgas de su marido; Cayetano, ¡Lucía!. El primer amor, tal vez. El primer amigo, seguro.


El día que vino tu padre a ver tu examen de Romano. Tu primer sobresaliente. Su ilusión y la tuya. Plaza de Santa Eulalia y calle Rambla. Recuerdas...


La estación de Autobuses y la linea el Marqués. Viernes a mediodía, Jumilla, y luego tu pueblo. Más adelante, el renault-18 aparcado en la calle. El calor de Murcia y el frío de la meseta. Contrastes. Ciudad y campo. Urbano y rural. Aquí de pueblo y allí de ciudad. La pregunta ¿quién soy?. Calle Rambla y Plaza de Santa Eulalia.


Fiestas de Derecho el día de San Raimundo de Peñafort. Exámenes de Junio. El concurso de Sangría y el fatídico mes de mayo. La sorpresa y el miedo aquel lejano primer día. La impresión y el temor ante la clase más numerosa y grande que viste. Mil caras desconocidas y ¿enemigas?. Recuerdas...Pedro Maldonado se fue para Almería. C.-C. se quedó aquí. Luego vino Lucía, después del miedo. Aquella Fiesta de Primavera. Apartamento para dos. La noche del Bando de la Huerta. Recuerdas...Plaza de Santa Eulalia y calle Rambla.


Verano en la playa. Verano en el pueblo.Después de San Dionisio, la vuelta. El reencuentro con clases y compañeros...


Las primeras y últimas tardes con Cecilia. Intendente Jorge Palacios 2º B. Café Bar Tertulia. Quinto de Filología versus primero de Derecho. Mujer versus niño. Recuerdas...Ojos azules. Ojos negros. El miedo y el temor y la cobardía. Recuerdas...


Fiestas del piso. Noches de póker. Caras de juerga. Música. Burning y La Frontera. ¿Qué hace una chica como tu en un sitio como este? y Tren de Medianoche. Más adelante, la Creedance Clearwater Revival y su Traveling Band. Siempre Sprinsgteen, De Ville y Elvis. Recuerdas...El día antes de las vacaciones de Navidad. A la vuelta, la limpieza retrasada. Recuerdas...
Aquella clase de 2º de Derecho. El Claustro. Un sueño cumplido. Las mismas clases en las que estudio tu padre. ¡ Qué gran año!. Las tertulias. Los primeros debates y las primeras posiciones. Tu afán por destacar y defender tus ideas. Aquella discusión sobre el aborto. Recuerdas...
Luego, el traslado irritante y el destierro necesario en el Aulario. Mezclados con filólogos, graduados, historiadores...La restauración de la Facultad el Campus. Plaza Santa Eulalia y calle Rambla.
La cotorra en el piso. El despertador animal. Enfrente, el Colegio Mayor. El primer contacto. Prismáticos y persianas bajadas. Gritos y risas... Después, la amistad en el bar del negro Mansú. Recuerdas...
Agustín el gusano Loco y su TNT. El paseo de la pértiga. La galería de tiro en el pasillo. La pistola en el contenedor. Noches de risa con Marcial. Calle Rambla, segundo. El casero cascarrabias y el ascensor transparente. Segundo y quinto. El café cargado de Alarte. Clases de cocina con Marcial, frituras variadas.
Tardes de biblioteca. De tres a nueve. La vista sobre las niñas y los comentarios a la salida. Caras luego conocidos y no localizadas. Los puestos de lectura al precio de caviar. Colas para estudiar, Universidad española. Recuerdas...

Una noche

Hay noches en las que uno no debiera salir de casa. O salir para no volver; o sea, para volver cuando la noche haya pasado y nos descubra todo su misterio y toda su intensidad. Lo demás en una pérdida de tiempo, de energía y para colmo de dinero. Porque vamos a ver, o se sale con todas las consecuencias -y uno que es soltero considera que esas consecuencias deben ser más bien efectos -, o se sale a verlas venir, a perder el tiempo y a volver a casa derrotado y cabreado. Y como esto ultimo es lo que hacemos los españoles más a menudo, creo que habrá que convenir que o no se sale o se hace a destajo sin pensar en volver que el tiempo apremia y como si estuvieras en Castilla en época de siega, cuanto menos, mejor. Que salgan un ratito los papás y las mamás o los que todavía preguntan la hora de volver está bien; pero que lo hagan quienes están en edad de merecer, y mereciéndolo, es el colmo, y uno no comprende ni soporta a los indocumentados y fantasmones que por el día dicen ser más valientes que el Guerra, pero que a la hora de la verdad se dejaron los machos en el hotel.
No sé si los sociólogos podrán confirmar este extremo, pero entre los españoles -y más entre los jóvenes españoles- el porcentaje de pelagatos, fantasmillas, donjuanes del tres al cuarto, estrellas del Hollywood nacional, cachitas, latin lover´s de barrio y demás debe ser muy alto. Aquí el que no corre vuela y el que se come una rosca parece el pastelero nacional y el que no es porque "no me gustaba que si no....". O uno es demasiado normalito o aquí algo no funciona.
Y claro el colmo es encontrarte uno una noche. Entre batallita y batallita te habrá hecho pagar un par de rondas, habrá fastidiado a la rubia de la esquina que te miraba con buenos ojos y encima tendrás que desembarazarte de él cuando ya no quede tiempo ni para decirle lo pesado que es, por que a estos tipos o se les silencia con un "déjame en paz" o similar, o acaban convirtiéndote en alcohólico para soportarlos.
Desde luego, hubiera sido mejor no salir esta noche; o sea.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Perdida toda esperanza...

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero a mí esto me parece una estupidez, pues si se ha perdido ya todo, de nada o poco sirve tener esperanza, y por otro lado, ¿de qué sirve que sea lo último que se pierda?

La esperanza se ha de tener cuando se tiene algo con lo que luchar, y ni siquiera cuando se tiene algo por lo que luchar, pues tampoco sirve de nada tener por lo que luchar si no se tiene con que hacerlo. Así pues, es aquella un buen complemento -positivo, eso si, y hasta imprescindible en muchos casos-, pero es eso, un complemento, porque lo necesario es tener con lo que luchar, con lo que combatir en esta vida -inhumanizada y cruel, desasosegara y sobredimensionada - que nos tocó vivir.

Desde que uno anda un poco pesimista y apesadumbrado, incluso un poco ateizado -con perdón de la parroquia, beaterio y demás -, sin mucha esperanza en un futuro no muy lejano y sin dar crédito a ciertas actuaciones y situaciones -injustas en el más profundo y hondo sentido que hoy puedo alcanzar a comprender-, la expresión de que sólo nos queda la lucha llega clara, sincera, justa, para llenar un sentido de vido algo escaso. Y lucha no en el sentido trágico de desencadenar batallas, tropelias, rebeliones aun individuales, sino en la más autentica de plantarle cara a la injusticia con las armas que cada uno, limitada, individual y genéticamente - por lo que a cada uno le tocó-, tenemos: siendo hombres, pensando, razonando y actuando, siendo activos contra la injusticia.
Aun perdida toda esperanza.

Así somos.

Contemplalos y vomita.
Que tus tripas e intestinos y vísceras reaccionen ante su vista. Contemplalos y avergüenzate; de ti y de mí, de nosotros todos. Contemplalos y odia. A ti, a mí, a todos nosotros. Eso es lo que somos, dejadez y vergüenza. Eso es lo que nos espera, dejadez y vergüenza. Contemplalos y estremecete, ¡ qué vida al final de los dias!, ¡ qué días al final de la vida!. Contemplalos y llora; como lloran ellos, como lloramos todos a través de ellos; como deberíamos llorar por ellos. Contemplalos y luego, si reunes las fuerzas y la valentía necesarias, mirales a los ojos y contemplate a ti mismo, a tus hijos cuando ellos te miren a ti y a tus padres porque no les miraste a tiempo. Tu serás como ellos y ellos fueron como tú.
Les tiemblan las manos y los brazos, rotos por artrosis y demencias, decrepitud y senilidad, pero a nosotros nos debería temblar el alma, si la poseemos. Aun dudo que seamos algo más que carne. Pero no les tiemblan los ojos, tristes y perdidos, que reflejan el dolor y la ansiedad. Y cuando esos ojos nos miran, nos acusan, a ti, a mí, a nosotros todos, porque tu, yo nosotros todos, somos culpables. Si todo esto es lo que podemos ofrecer después de una larga vida llena de sacrificio, honestidad, amor, amistad, renuncia en muchos casos de su propio bienestar en beneficio de hijos y nietos, comprensión, angustia en una época terrible...yo no quiero pertenecer a este mundo, ni llamar semejantes a mis semejantes, ni tenernos por humanos. Si sólo somos capaces de ofrecer a cambio olvido, dejadez, desprecio, hacinamiento, noches tristes, mercantilismo...somos egoístas, despreciables, injustos, inhumanos. Bestias.
No; no quiero ser hombre de sociedades que marginan, estigmatizan y olvidan a los que ya no sirven, ya no pueden ocuparse de si mismos y están fuera del mundo, aquellos cuyo pasado no significa nada a pesar de llevar adelante familias y honradez, aquellos que pensaban que ese futuro le daría como mínimo una garantía de amor con los suyos, lejos de ignominia, residencias-asilos, gobernantas y malos tratos, entre su propia sangre y conciencia.
Contemplalo y vomita, ¡ qué gente, Dios mio!.
(Despues de un programa de TV sobre asilos de ancianos)