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Mostrando entradas de abril, 2016

Con la venia

Sólo le pido al calendario o al mismo Dios, un día, o dos, para vivirlos a tu lado. Una pequeña ciudad con calles empedradas que desemboquen en la mar paseantes anónimos tu y yo y un beso en cada rincón. Una habitación, luego, llena de versos sueños y pasión. Dos amantes ya no desconocidos; eso es lo que pido, sólo eso.


Lejanía metafórica

Lejos me marcho.
Donde no habiten los sueños y los anhelos.
Lejos, allá lejos, metafóricamente hablando -hay labores, hay deberes, hay hipotecas- porque metafóricamente también, bien lo siento, vivo en tu abrazo y tu cálido cuerpo.
Me marcho lejos.

Otra carta

Otra vieja misiva, rescatada del legajo. Sin fecha, con pocas pistas sobre la época en que fue escrita y enviada –consta el franqueo en la Estación Naval de Manila, Servicio Postal Republica ng Pilipinas- pero que un estudio de la biografía de la amada quizá pudiera datar con precisión. Pero no tengo aún los medios ni el tiempo para tales pesquisas, postergadas para el momento en que se estudie con detalle y publique todo el caso; siempre que los quehaceres, la paciencia y el peculio lo permitan, lo cual empiezo a dudar por la cantidad, diversidad y estado de los documentos, amén de las dificultades del tiempo transcurrido y los permisos necesarios para ahondar en la vida de los protagonistas, alguno de cuyos herederos aún vive; pocas muestras de colaboración mostraron cuando les inquirí sobre ciertos aspectos...

“Señora
El mundo, parte de él, el suyo, parece derrumbarse. Pero será pasajero. Renacerá.

Me llegan malas noticias desde su tierra de acogida. Quizá,  debido al tiempo y la dista…

Romper el cristal

La luz de la mañana inunda la estancia como risa de niño en día de epifanía; atrás quedó la noche y la pérdida, restañada por completo la herida y calmada el alma. Con elegancia, hágase el silencio y la distancia; rómpase el espejo de Alicia y córtense las cabezas –metafóricamente-.



Tropiezos

Hay piedras en el camino muchas tantas como gotas en la mar pero sigo recorriéndolo audaz aún a riesgo de tropezar como resignado marinero. Caer y volver al camino; ese es el pequeño poder y el sino.



El otro lado

Ojos de gata y mar; el mundo vive y se  refleja -y yo con él- verde sobre verde mirar no más llanto, no más  queja.
Ilusión y sueño en el lado equivocado del cristal.