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Mostrando entradas de enero, 2016

Certeza/duda sobre mí

Sigo esperando el verso que me haga inmortal; tengo la certeza que no llegará pero ese es mi universo.
Escribo, corrijo, leo busco inspiración, sueño trazo líneas con todo empeño pero, triste, con la musa peleo.
No soy un orfebre de las letras ni tengo destellos de inspiración tan sólo un mínimo pseudopoeta sin rima, sin talento, sin razón.
¿Debo por eso callar el sueño dejar morir, renunciar a sentir y amar, quemar la vieja moleskine?
¿Ser el que soy y padezco o el que soñé ser y siento?
Verso, ¡dime tú la respuesta en esta tarde de invierno!






Minucias

I. La luz la eternidad. Un disparo; nada más.
II. Sigo insistiendo en el verso inspirado en la mar y tu cuerpo; única realidad.
III. Oigo la radio flamenco, bachata, cha cha chá; miro mis pies de plomo y sueño contigo bailar.
IV. Suena el teléfono con insistencia; no eres tú sólo maldita publicidad.
V. Navego en la vieja mar saltan delfines y vuelan los peces espada y el cormorán el humo de la pipa baila en la jarcias y tremola el pendón, azul y sal. El pequeño velero surca el agua empujado por el dios del viento que aquí es levante romano, fenicio y griego. Dos hombres se afanan en los cabos y la amistad mecidos por la vida, el humo y la mar.





Las calles que debieron ser

Pienso en ti en la noche y la madrugada en los caminos que debimos pasear enamorados sin nada que hacer ni decir, sólo estrechar nuestras manos y sonreír. Las calles sin  ti me son ajenas, tristes, frías; llenas de enemigos y desidia pero las paseo en tu imposible busca  en tu recuerdo inaprensible asediado por los días, perseguido por el calendario que me aproxima a la muerte que es sin ti la vida. Invierno en la ciudad, calles tristes y frías, ajenas, extrañas donde tuvimos que ser un amor en monotonía.







Tarde

Vuelvo a mi bar de todas las esquinas, que tenía abandonado y seco. Lo encuentro más solitario, gris y melancólico.
La camarera de formas rotundas que alegraba la vista y el espíritu a los parroquianos –supongo y deseo para alguno además el cuerpo y la vida, de palpar y soñar-  ha sido sustituida por otra diríase efigie de Giacometti, línea vertical y andrógina como el sino de los tiempos, que sonríe lánguida y apagada, anodina, acorde con la decoración y el ambiente.
Acompaño el café con el humo de mi pipa, congelando el ánimo en la terraza habilitada, iglú de los políticamente incorrectos y apestados, léase fumadores.
A mi lado, dos jóvenes trasquilados y andrajosos –primera acepción- lían cigarrillos y emiten proclamas, esas que gobiernan ahora la nación, otrora España.
El humo de la pipa, azulado, dulce y guasón, acompaña mi sonrisa.
En el otro extremo, una mesa de pensionistas –o viejos por mejor decir- canta los tantos y trasiega el coñac, que será brandi por mengua de pensione…

Propósitos y enmiendas

Comienzo de otro año
propósitos nuevos, nacimiento
de sueños, anhelos.
El calendario impone su rutina
y, como todos, miro al futuro
y siento.
Leer, más; escribir, mejor –o bien-
sentir
vivir.
Navegar, quizá, en mi propio velero
amar, al fin, en la mar.
Propósitos sublimes
enmiendas –a mi vida- prosaicas.
Dormir ocho horas, perder diez kilos
cuidar el maltrecho cuerpo
mimar la febril alma.
Publicar mi nuevo libro
-escrito está-
reír,  viajar, soñar.