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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Mínimas escenas y 3

Arreglando el mundo, la política y el país, los compañeros del bar de todas nuestras esquinas levantan las francas voces, comparten las risas, las ocurrencias, los sesudos razonamientos o no tanto, en la comunión del café, la mañana, la vida.
Los nombres de la política nacional y local, los recuerdos de pasados tiempos, las confidencias cantadas que dejaron de serlo hace muchos días y meses y años, se mezclan con las acusaciones de latrocinios varios, traiciones reiteradas, apelaciones patrias o a las desusadas internacionales, mientras rueda el  café, el coñac o el anís, se cantan los tantos de las partidas, vuelan la fichas de dominó, se comparte cigarros, se ríen las gracias, verbales y físicas, de la camarera.
Normalidad en la mañana hispana, repetida igual o así en todos los bares de todas nuestras esquinas.




Minimas escenas y 2

Un viejo parroquiano se sitúa a mi lado en la mesa del café. Costumbre centroeuropea, en poco uso aquí.
Una gorra blanquísima adorna su cabeza senatorial y el acento arrastrado lo delata de la capital del Reino, en tranquila jubilación o aseado viaje pensionista. Ha pedido  por favor sentarse a mi lado, pues el sol inclemente arrasa las mesas a él expuestas.
Con sorprendente educación me pregunta si puede fumar, pese a que yo humeo la pipa mientras consumo la cafeína de media mañana  y leo los diarios nacionales. Ante mi respuesta afirmativa -¡faltaría más, por favor!- sus manos delgadas y artríticas se afanan con pericia y precisión a liar un cigarro, tabaco y papel sacados de una vieja bolsa de cuero curtido y reluciente, sin boquilla, al viejo uso.
Prende el fuego, aspira profundamente con los ojos cerrados, saboreando la vida, la mañana, el recuerdo, mientras el camarero le sirve una taza de café negro y humeante.
Me mira sonriente, sin mediar palabra. No es necesario. Yo también comp…

Mínimas escenas y 1

Vuelvo a mi bar de todas las esquinas, abandonado tiempo. Las mismas risas, los mismos sonidos, el mismo olor a café recién hecho, humo de tabaco negro, humanidad laboriosa. Pulso de la ciudad que despierta al trabajo, al sueño, a la esperanza o des-.
Otro año más de crisis, que en algunos parroquianos es perpetúa y piel, aguantada con resignación hispana, fatalismo cachondo y extrovertido y asombroso, que antes prefiriere las subvención, la ayuda, la mínima subsistencia, que la guillotina, la barricada, la revolución.
La camarera nueve aún las caderas con gracia, alegrando el paisaje; el periódico deportivo, ajado, pasa de mano en mano; el alcohol se consume con nombres extraños e ibéricos, reparos, carajillos, belmontes, asiáticos…

…y yo, en mi rincón, sonrío a la mañana y a la vieja moleskine que me acompaña.



Inicio

El comienzo de la vacación mar,  sal y sudor. Embarcado en el humilde velero olvidando el quehacer diario libros, tabaco, viento, propósitos de enmienda, soledad, resignación.





Autorretrato pesimista.

Mi vida es una mentira desde el llanto primero hasta la final partida.
No soy el que vive No soy el que labora No soy el que transige No soy nada.
No soy el niño aplicado que no conoció pecado. Ni el joven apocado lejos de amores, peleas, desengaños. Ni el hombre sensato sin sangre, sin vísceras, sin redaños.
No soy eso que creéis, no soy nada sólo palabras en un folio en blanco.



La vieja habitación

La vieja habitación donde te amé ha sido ocupada por jóvenes revolucionarios. Pese a sus eslóganes no superarán el amor que allá tuvimos las consignas que leímos los mundos que cambiamos la esperanza en nuestros cuerpos desnudos los viejos poetas y nuestro culto mutuo.







Lentejas

Te he imaginado sola comiendo las lentejas tras tu ordenador rosa. Vestida con delantal blanco -tengo que decidir si con ropa interior o no- rodeada de cacerolas, sartenes y ollas. Te deseo menesterosa a escondidas ama de casa olvidando tu trabajo exigente y agotador esperándome en la normalidad del hogar que en nosotros es palacio, tesoro, bendición. Benditas lentejas cocinadas con amor yo las tomo no las dejo pardinas, verdinas o rubias castellanas con verduras, chorizo o estofadas con tomate o en ensalada sopas con orejones exóticamente trituradas en cuscús o en croquetas simples y clásicas pequeñas, redondas u ovaladas de Armuña o lentejón. Siempre contigo y ellas cocina humilde o de fusión en compartida mesa.






Deseo

Quiero verte vestida sólo con altos tacones de aguja.
En silencio tendida como muerta en vida.
Y tu piel blanca y tu mirada marina y tu sexo rosado.
Palpitando para que tome posesión de lo que es mío.




Sin rendición

Sin salir de la habitación combates aterradores y sangrientos campos de batalla arrasados e irreales muertos a centenares, y putrefacción.
Rodeado y sin tregua -no la quiero, no la espero- solo defiendo el pendón.
Miles de cañones de Verdún Jerjes y sus persas en el corredor el sexto ejercito congelado la sal de Escipión; escaramuzas son con las libradas por mi pobre corazón.



Escena y 9, baño.

Vuelvo a la mar, estos días en los que los visitantes/turistas/veraneantes marcharon ya a los quehaceres y rutinas de sus vidas de secano, ocupaciones, colegios.
Escasos resistentes, aferrados a sus pensiones o resignados en su desempleo, u originales en sus vacaciones, me acompañan en el ritual del viejo mar, al que reclamo mi porción de vida, mi dosis de tranquilidad, la necesaria razón de la existencia.
Me fundo en el olvido de sus aguas, rodeado de peces, dejándome mecer por las olas en el retorno al claustro materno, que es su esencia.
El sol se pone en la línea irreal que separa las aguas del cielo, dos azules fundidos en negro delgado y misterioso, en la hora adecuada para los deseos, los abandonos, la dejadez.