sábado, 6 de septiembre de 2014

Sin rendición

Sin salir de la habitación
combates aterradores y sangrientos
campos de batalla arrasados e irreales
muertos a centenares, y putrefacción.

Rodeado y sin tregua
-no la quiero, no la espero-
solo
defiendo el pendón.

Miles de cañones de Verdún
Jerjes y sus persas en el corredor
el sexto ejercito congelado
la sal de Escipión;
escaramuzas son
con las libradas por mi pobre corazón.




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