lunes, 22 de agosto de 2011

Estampa mediterránea y 3

Pleno verano. El termómetro alcanza las máximas del año, que son también máximas de tiempo ha. El bochorno y la humedad dificultan la respiración, el descanso y hasta la vida.

La multitud mitiga como puede el meteoro, paseando a la orilla del mar, cuando cae la tarde y la pequeña ciudad ribereña recobra la vida, después de la obligada siesta, escondida entre tanto en las sombras, los ventiladores y el aire acondicionado.

Las terrazas de la hostelería, al contrario, andan algo congeladas. Oigo que no se cumplen del todo las previsiones del maná que ayude a capear la crisis y la angustia, llenando algo menos la despensa y el ahorro para el futuro invierno, que tal vez sea igualmente el más frío en años, y no sólo climatológicamente hablando.



Los bolsillos andan escasos, ahogados entre hipotecas, crédito a medio pagar, cuando no enteros, y paro. Este año se cumple el viejo dicho del turista medio español, y por lo que observo en mis paseos y deambular, también extranjero: paseo, playa y pipas. Para el pueblo mediterráneo, significa angustia de que el calor pase y la estación nos sorprenda sin provisiones que solventen el año.

El pantalán del Puerto es fiel reflejo de la situación patria. Huecos que expresan en silencio crisis y vacantes, carteles de se vende descoloridos, ajados por el sol y el viento; barcos amarrados, con los mástiles abandonados y sirviendo de cobijo a las gaviotas. Escasas navegaciones, los veleros y yates a motor, desconociendo o casi, el horadar el viejo mar y el bramido del Levante. Grandes esloras, suntuosos motores, criando algas y refugiando caracoles y pececillos en sus fondos; marinos de agua dulce e inmobiliaria cerrada.

Los marineros del puerto deportivo, muy de polo de diseño, bicicleta aerodinámica y radio portátil, aburridos olvidan las maniobras de atraque y el largar cabos, entretenidos en regar las plantas y mirar a los paseantes, que silenciosos pasan el tiempo mirando el mar, agotando los días de descanso y preguntándose qué nos traerá el otoño.

viernes, 19 de agosto de 2011

Estampa mediterránea y 2

Idílico Mediterráneo.

Jóvenes saltando al mar desde el pantalán del puerto, entre risas y espumas.

Lo mismo, deseo, en toda su vieja y sabia ribera, desde Marsella hasta Alejandría, y en La Valeta, Estambul, Nápoles…

Afortunadamente, entre crisis y desasosiego, siempre hay algo eterno y trascendente a lo que acogerse, antes del desastre.

El mar, este nuestro, viejo, sabio, eterno, que ha visto los siglos y los hombres, es tan válido como cualquier otra certidumbre. Ahora sólo lo tengo a él.

Y quizá baste.

domingo, 7 de agosto de 2011

Estampa mediterránea y 1

A mi lado dos turistas alemanes discuten, o parece, en la lengua de Goethe, mientras ufanos trasiegan cervezas al calor del verano.




Pese al reduccionismo y simpleza que supone, y colocarme en la más absoluta estupidez, después de visitar Auschwitz y llorar en el noviembre polaco, la ira y el miedo suben a mi cabeza.




¿Han pagado ya? ¿Es lícito todavía esperar contrición? ¿Debemos, como dice mi admirado Wojtyla , no tener miedo y perdonar?.

No lo sé. Mi fé no es todavía tan grande.


Y el llanto demasiado intenso. Aún.

viernes, 24 de junio de 2011

El humo perfumado de la amistad

Aquí os dejo una entrada elegante del amigo Thomas Bernhard -o Ralph-, que ha tenido a bien dedicarme en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético en el que a ratos colaboro.

Con mi agradecimiento, porque todavía quedan resistentes.


http://floresdehumo.wordpress.com/2011/06/09/arcadia

martes, 12 de abril de 2011

En la otra noche

Segundos.

Otra noche más de azul y ausencia
mínimamente calmada
por las dos perlas.



El eco de las risas perdura
mas lejano extraño suena
entre sirenas y locura.

martes, 29 de marzo de 2011

En la noche

Otra noche más de azul y ausencia

mínimamente calmada

por las dos perlas.


El transistor escupe letras del poeta.

Canciones olvidadas,

memorias muertas y lejanas.


El viento gime en la negra montaña

en que se convierte el alma

azul y ausente.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La foto

Hay una foto colgada en la pared.

Grande, algo borrosa, pues es antigua y está aumentada para observarla mejor.

En blanco y negro.

El frío cala los huesos y el ánimo. En la foto también.

Un andén ferroviario. Famoso, en una vía muerta.

Del vagón, con las puertas abiertas, desciende la gente. Los rostros cansados, las miradas de desconcierto, el miedo. La incredulidad.

Es difícil aguantar la escena, aún hoy desde nuestro tiempo cómodo y amnésico.
El niño me mira, mientras a su lado la abuela, envuelta en ropajes y harapos, se afana en recoger la maleta de cartón y el hatillo de ropa, atrayendo a su ser a los pequeños que trae consigo.
Todo el andén es un revuelo de hombres y enseres, y se adivinan las órdenes y los gritos en el comienzo de la formación.
Dos filas ordenadas por los uniformes y las rayas.

Parece nevar, y el frío penetra en el alma desolada, como entonces.

Al fondo, tras el bosquecillo, se adivina una chimenea y el humo blanco.
Aquí, en el primer plano, el niño me mira preguntándome qué ocurre.

Una lágrima resbala en mi rostro, aterido de frío y horror.

Esa mirada me acompaña toda la vida, pues en ella veo la mirada limpia, inocente, trasparente, de mis hijas.

Y sigo sin saber que responder.

Coda.
“Gente, no lo olvidéis; hablad de esto, gente; guardadlo todo”. Simón Dubnow, historiador judío de ochenta y un años. 7 de diciembre de 1941, camino del bosque de Rumbula, fosa común de los 30.000 judíos del gueto de Riga.
Verso de un poema de mi amigo Pedro Carlos Amador “Del crío humano que murió sin risa/ en Auschwitz. ¿Quién calcó el pertinaz grado/ de manera tan cruel y tan precisa?”

Soledad

        Soledad. La calle solitaria acompaña mi vigilia húmeda de madrugada y deseo; te busco en todos los rostros te persigo en todos los c...