jueves, 9 de febrero de 2012

Lecturas y 14, la imposibilidad del azul.


Creo que siempre tuve claro
que no tendría la dicha de verte
tumbada dormida a mi lado.


Me esforcé por ser un buen chico
Incluso te leía versos malditos
escritos atropelladamente en el sucio plástico
de las botellas vacías donde mezclaba
mi deseo y tu ignorancia.

Tenías ya por aquel entonces  buen tipo
y un novio celoso de sus pertenencias.
Siempre fui poco respetuoso con la propiedad ajena
algo libertino
para desconcierto de mis padres
y sorpresa tuya imagino.

Eras caprichosa, distante, hermosa
nos sorprendías cada año con tu último
traje de baño.
Yo deseé siempre arrancártelo
con la boca llena de mar y escándalo.
Pero tú, con un mohín y cierto desdén
preferías la seguridad de otro orgasmo.

No te culpaba
no hubiera sabido como recorrerte
perdido
pero me hubieran gustado
algunas clases magistrales de pecado.

martes, 7 de febrero de 2012

Lecturas y 13, sin novedad en el frente.


Me pregunto mucho últimamente
porque voy a trabajar de noche,
lo poco que sé de las mujeres
si  hay vida tras la muerte.

Dirás que son preguntas trascendentes
mejor no contestar,
quedar entre las sábanas
oliendo el pelo de las amantes.

Pero el  reloj despertará al alba
y ahora también el café es más amargo y negro
y  la traición más azul azul.

Mi padre murió hace muchos años
pero me visita a menudo en sueños.
No me atrevo a preguntarle
si está decepcionado
con un hijo noctámbulo, ausente
que llora solo, insomne.

Pero sólo le miro y sonrío
hola padre,
sin novedad en el frente.

lunes, 6 de febrero de 2012

Madrugando en el bar de los currelas.


Hace tiempo, un año o dos, o quizá más, cuando empecé a dejar por aquí, negro sobre blanco figurado, mis ocurrencias o las del Gaviero, ese míster Hyde mío con el que comparto sueños y aspiraciones, recibí algunas quejas, críticas menudas y hasta guasas enciclopédicas a raíz de un escrito en el que refería el inicio de mis jornadas y ocupación rayando la madrugada, en unos días otoñales que soñaba iniciados a las 7.45 horas o así.

Es cierto que mi colocación laboral y querencia situaba el comienzo de los días, felizmente, bien entrada las mañanas, lejos de madrugadas y despertador. El inicio laboral era más literario que real, y pese a mi condición de humilde currante no era dado al humo tempranero con el me retraté, compartiendo charla y café en mi bar de todas las esquinas.

Pero gracias a la crisis, reordenación de ocupaciones y magnanimidad del Jefe -jamás pensé que escribiría una oración como esa- puedo asegurar  lo que ahora leéis. Valga como desagravio mío, dado que está escrito con total realismo y veracidad.

Es día invernal, gris y anticiclónico. El frío siberiano azota las calles y encoge los escasos transeúntes, empujándolos a la barra, al café, calentando el cuerpo y el alma de esta estación incierta.

Vuelvo a mi bar de todas las esquinas cuando todavía la noche enseñorea la ciudad mediterránea que aún duerme y sueña. El despertar es lento, parsimonioso, solitario. La crisis ha dejado pocos trabajadores con necesidad de madrugada. Casi todos los días, tan sólo A. el camarero comparte el primer café del día. El televisor, incluso a estas horas, suena extraño y fantasmagórico, con noticias repetidas y muertas, telebasura y televenta, y es triste comprobar el escaso movimiento en las calles, los comercios cerrados, los letreros de venta y traspaso, la lenta agonía de la ciudad. Los semáforos parpadean amarillos  y las mitad de las farolas apagadas cumplen función ahorradora, oscurecedora, mitigando el agujero de las arcas municipales y aumentanto el desasosiego del ciudadano, ya acostumbrado a la oscuridad reinante, no sólo lumínica.

Me sorprende casi todos los días el silencio reverencial del café, la ausencia de palabras y requiebros, música y humo. La lejana balada cantada, sustituida por una suerte de sólo de violín, triste, afilado, lúgubre, desconocido. Paso la mirada por las sillas vacías, las mesas arrinconadas, la cafetera silenciosa, y busco sin encontrar el sonido de las copas y las botellas, las risas y los piropos, los juramentos, el olor a café y bollería, el último chiste, el escote de la camarera rusa o venezolana que andará en su patria o en el club de carretera, o quizá ni eso. El sufrido currante español, desaparecido en las estadísticas del desempleo y el suicidio colectivo. 

Arriba el televisor sigue a lo suyo, deuda pública,primas de riesgo, reestructuraciones varias, corrupción, inmoralidad.

Fumo mi pipa, pese al Decreto-Ley. Aterrado.

Son las 6.45 horas de un día invernal, desayunándome en mi bar de todas las esquinas. Ese que han convertido, malditos, en tumba de esperanzas, silencio de confidencias, yermo de vida.