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Mostrando entradas de febrero, 2012

Lecturas y 14, la imposibilidad del azul.

Creo que siempre tuve claro que no tendría la dicha de verte tumbada dormida a mi lado.

Me esforcé por ser un buen chico Incluso te leía versos malditos escritos atropelladamente en el sucio plástico de las botellas vacías donde mezclaba mi deseo y tu ignorancia.
Tenías ya por aquel entonces  buen tipo y un novio celoso de sus pertenencias. Siempre fui poco respetuoso con la propiedad ajena algo libertino para desconcierto de mis padres y sorpresa tuya imagino.
Eras caprichosa, distante, hermosa nos sorprendías cada año con tu último traje de baño. Yo deseé siempre arrancártelo con la boca llena de mar y escándalo. Pero tú, con un mohín y cierto desdén preferías la seguridad de otro orgasmo.
No te culpaba no hubiera sabido como recorrerte perdido pero me hubieran gustado algunas clases magistrales de pecado.

Lecturas y 13, sin novedad en el frente.

Me pregunto mucho últimamente porque voy a trabajar de noche, lo poco que sé de las mujeres si  hay vida tras la muerte.
Dirás que son preguntas trascendentes mejor no contestar, quedar entre las sábanas oliendo el pelo de las amantes.
Pero el  reloj despertará al alba y ahora también el café es más amargo y negro y  la traición más azul azul.
Mi padre murió hace muchos años pero me visita a menudo en sueños. No me atrevo a preguntarle si está decepcionado con un hijo noctámbulo, ausente que llora solo, insomne.
Pero sólo le miro y sonrío hola padre, sin novedad en el frente.

Madrugando en el bar de los currelas.

Hace tiempo, un año o dos, o quizá más, cuando empecé a dejar por aquí, negro sobre blanco figurado, mis ocurrencias o las del Gaviero, esemíster Hydemío con el que comparto sueños y aspiraciones, recibí algunas quejas, críticas menudas y hasta guasas enciclopédicas a raíz de un escrito en el que refería el inicio de mis jornadas y ocupación rayando la madrugada, en unos días otoñales que soñaba iniciados a las 7.45 horas o así.
Es cierto que mi colocación laboral y querencia situaba el comienzo de los días, felizmente, bien entrada las mañanas, lejos de madrugadas y despertador. El inicio laboral era más literario que real, y pese a mi condición de humildecurranteno era dado al humo tempranero con el me retraté, compartiendo charla y café en mi bar de todas las esquinas.
Pero gracias a la crisis, reordenación de ocupaciones y magnanimidad del Jefe -jamás pensé que escribiría una oración como esa- puedo asegurar  lo que ahora leéis. Valga como desagravio mío, dado que está escrito con t…