martes, 24 de junio de 2014

Viejo rito

Quemo los deseos y los augurios
en la noche de San Juan
en orden, malos y buenos
y tres vueltas al fuego redentor.

Bebo el conjuro que quema la garganta
cristal de fuego y alcohol
que arrastra los pesares
y los espíritus hace nuevos a la llegada del sol.

Rito a la orilla del viejo mar
fuego, humo y noche
como en los primeros tiempos del hombre
que nada sabe y todo teme.






viernes, 20 de junio de 2014

Lecturas y 72, segundo recuerdo

Fue una primavera entre brumas milenarias y románticos faros empedrados
con el rugido del mar cantábrico
ahogando nuestros corazones
cuando la historia murió de no usarla.
Las olas arrojan los restos del naufragio
en que nos convertimos día tras día.
Yo vuelvo a mirar la mar,
allá a lo lejos,
siento su fuerza en el rostro
y en el pecho
y me ahogo con el viento
y con el verso.
Tu, me cuentan,
aprendes a ir sobre dos ruedas
y nuevas palabras y nuevos horizontes
acogen tus sonrisas y tus latidos
que un día apenas fueron nuestros.



jueves, 19 de junio de 2014

Lecturas y 71, lágrima.

No escribo para ti
ni para nadie
-o tal vez  si y todo es
para ti para todos-.
Sólo para mi y para mi
vieja moleskine
-son ya varias-
que serán
lecho de mi sepultura
palabras, soledad, mar,
verso, viento.
No has nacido y aun
te siento
pequeña criatura sin nombre
ni historia ni estrenado sentimiento.
Yo seré la tuya
y tu pequeño verso
y tu recuerdo.




miércoles, 18 de junio de 2014

Hispania

Hace ahora cuatro años, en otro tórrido comienzo de verano, cuando los chicos de la elástica roja de sangre y el pantalón azul de mar iniciaban, en otra latitud igualmente calurosa y lejana,  la andadura que culminó en la catarsis colectiva del minuto cientodiecinueve, con el gol del muchacho espectral nacido en un lugar de la mancha cuyo nombre todos recordamos, escribí unas líneas afortunadamente nada preclaras en lo predictivo, lamentando la primera derrota del combinado nacional en las grandes citas deportivas y balompédicas, explicando o así la poca pericia, la menguada suerte, o ambas, de la estúpidamente intitulada “la roja”, esa hueste patria. Aquellas líneas andan por aquí.

Sorpresa en sorpresa, sonrisa en sonrisa, aquellos chavales nos aproximaron al sueño de padres y abuelos, y nos hicieron campeones del mundo, nada menos, en ocasión que no había visto la historia ni el siglo. Aún hoy puedo suscribir algunas de aquellas palabras …

Pero ante la noche aciaga, de Flandes mojado y derrota, ante el país cainita, vengativo, envidioso que rezuma estos días alguna crónica deportiva y no sólo, mezclando realidades nacionales, corrupciones varias e incluso reales,  desviando atenciones, rebajando la nación, hoy, como ayer,  sólo tengo que decir una cosa sencilla: soy español, en la luminosa victoria, magnánimo, y en la cruel derrota, elegante.


¡Viva España!




jueves, 5 de junio de 2014

La casa

En la casa donde moriré
hay dos cipreses altos y esbeltos,
tan surtidores de sombras enhiestos como aquél;
un olivo de paz y bienvenida,
un limonero pequeño y poético
y una palmera mora y mediterránea.
Sus paredes son blancas y azules
-¿es posible otro color?-,
se divisa el viejo mar
y la montaña desértica
donde anidan las gaviotas y los vencejos.
En los días de temporal y levante
ese viento de leyenda,
rugen las olas
huele a yodo y sal
y en las noches estrelladas
el perfume del jazmín inunda las estancias y la vida.
La he comprado,
hipotecando trabajo y alcancía,
enamorado
y en ella vivo, sueño, moriré.