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Mostrando entradas de junio, 2014

Viejo rito

Quemo los deseos y los augurios en la noche de San Juan en orden, malos y buenos y tres vueltas al fuego redentor.
Bebo el conjuro que quema la garganta cristal de fuego y alcohol que arrastra los pesares y los espíritus hace nuevos a la llegada del sol.
Rito a la orilla del viejo mar fuego, humo y noche como en los primeros tiempos del hombre que nada sabe y todo teme.





Lecturas y 72, segundo recuerdo

Fue una primavera entre brumas milenarias y románticos faros empedrados con el rugido del mar cantábrico ahogando nuestros corazones cuando la historia murió de no usarla. Las olas arrojan los restos del naufragio en que nos convertimos día tras día. Yo vuelvo a mirar la mar, allá a lo lejos, siento su fuerza en el rostro y en el pecho y me ahogo con el viento y con el verso. Tu, me cuentan, aprendes a ir sobre dos ruedas y nuevas palabras y nuevos horizontes acogen tus sonrisas y tus latidos que un día apenas fueron nuestros.


Lecturas y 71, lágrima.

No escribo para ti ni para nadie -o tal vez  si y todo es para ti para todos-. Sólo para mi y para mi vieja moleskine -son ya varias- que serán lecho de mi sepultura palabras, soledad, mar, verso, viento. No has nacido y aun te siento pequeña criatura sin nombre ni historia ni estrenado sentimiento. Yo seré la tuya y tu pequeño verso y tu recuerdo.



Hispania

Hace ahora cuatro años, en otro tórrido comienzo de verano, cuando los chicos de la elástica roja de sangre y el pantalón azul de mar iniciaban, en otra latitud igualmente calurosa y lejana,  la andadura que culminó en la catarsis colectiva del minuto cientodiecinueve, con el gol del muchacho espectral nacido en un lugar de la mancha cuyo nombre todos recordamos, escribí unas líneas afortunadamente nada preclaras en lo predictivo, lamentando la primera derrota del combinado nacional en las grandes citas deportivas y balompédicas, explicando o así la poca pericia, la menguada suerte, o ambas, de la estúpidamente intitulada “la roja”, esa hueste patria. Aquellas líneas andan por aquí.
Sorpresa en sorpresa, sonrisa en sonrisa, aquellos chavales nos aproximaron al sueño de padres y abuelos, y nos hicieron campeones del mundo, nada menos, en ocasión que no había visto la historia ni el siglo. Aún hoy puedo suscribir algunas de aquellas palabras …
Pero ante la noche aciaga, de Flandes moja…

La casa

En la casa donde moriré hay dos cipreses altos y esbeltos, tan surtidores de sombras enhiestos como aquél; un olivo de paz y bienvenida, un limonero pequeño y poético y una palmera mora y mediterránea. Sus paredes son blancas y azules -¿es posible otro color?-, se divisa el viejo mar y la montaña desértica donde anidan las gaviotas y los vencejos. En los días de temporal y levante ese viento de leyenda, rugen las olas huele a yodo y sal y en las noches estrelladas el perfume del jazmín inunda las estancias y la vida. La he comprado, hipotecando trabajo y alcancía, enamorado y en ella vivo, sueño, moriré.