jueves, 17 de diciembre de 2009

Autorretrato

Esta entrada ha sido publicada antes en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético con el que a ratos colaboro , y la dejo aquí, ligeramente retocada, con el consentimiento tácito, espero, de su ideólogo e inspirador Thomas Bernhard, que tuvo a beneplácito incluirla; para su mayor difusión, porque todavía quedan resistentes. O sea.



Hubo un tiempo, cuando en mi compañía deambulaban los libros por la facultad de Derecho con desigual aprovechamiento, en el que me definía como español, monárquico y heterosexual, en un intento, algo insustancial y patético, de engrandecerme con palabras importantes y mayestáticas.

Hoy, modestamente, me limito a leer libros, escuchar a Springsteen y fumar en pipa.

No sé si en el tránsito decepcioné a muchos, pero cada uno es reo de sus propias debilidades y limitaciones, o las que escoge, y a veces ni eso; es la vida, obviamente.

Y sin embargo, algo viene en el ambiente en contra de mi autorretrato actual.
Reglamentos pasivos. Leyes obscenas. Pensamientos únicos.
Pensamientos, leyes y reglamentos. Peligrosos.
Recorre nuestra vieja, y quizá querida, piel de toro un fantasma horrible y nauseabundo.

Fértil.

Un pensamiento que no es cabeza, ni corazón, si no consigna y eslogan. Un ansia que no es libertad ni opción, si no mando y orden. Una retórica que no es pulcra ni exacta, si no sesgo y negación. Una opinión que no es pensada y sensatez si no grito y falaz. Un progreso que no es medido ni individuo, si no fascista y legión.

Pensamientos, leyes y reglamentos. Peligrosos.

Me niego a la amputación de mi retrato. Pobre. Limitado. Heterodoxo. Pero libre y propio. Como el que pretendo en mi vecino y compatriota.
Y lucho.
Con el hermoso, floral y delicioso humo de mi pipa. Insignificante. Quizá malsano. Pero vivo y meditado.

No harán de mí un hombre amputado.


jueves, 3 de diciembre de 2009

Rubricado, obviamente

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los
derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la
privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela
judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo
competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin
sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el
artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no
judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la
potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier
página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el
sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos
de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación
de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y
ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y
entorpece la creación cultural. Con
Internet y los sucesivos
avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la
creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen
prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de
multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho
a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y
actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con
cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a
este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio
se basaba en el control de las copias de las obras y en
Internet no es
posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro
modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para
sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y
que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de
limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que
dicen perseguir.
7.-
Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias
políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuarobsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano sigasiendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de laRed en España, ante cualquier presión que pueda producirse, comomarco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de caraal futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedadintelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad elconocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de lasentidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarsetras el oportuno debate público y habiendo consultado previamentea todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambioslegislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

A la autoridad


Esta entrada ha sido publicada antes en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético con el que a ratos colaboro , y la dejo aquí, ligeramente retocada, con el consentimiento tácito, espero, de su ideólogo e inspirador Thomas Bernhard, que tuvo a beneplácito incluirla; para su mayor difusión, porque todavía quedan resistentes. O sea.



Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo... ....comienzo esta carta copiando, sin pudor ni arrepentimiento, las primeras palabras del Nobel. Y lo hago confesando militancia delictiva y políticamente incorrecta, cuasi inmoral.

Tristes tiempos reglamentados. Falacias legislativas. Insultos intelectuales.
Malos tiempos para la libertad y el individuo.


Yo, ya digo, no soy malo; sólo alguien que ayunta escasas letras, y aspira a morir de lo que le toque, si me dejan, esperando mirando la mar y fumando mi tabaco; viendo crecer a los hijos, amando y deseando a las mujeres, la propia y las ajenas, y soñando con las golondrinas, que traen piar de otras latitudes, otros rostros y otras vivencias. Con la conciencia tranquila.

Pero, señor, no me dejan, ni puedo.

Usted sabrá, porque todo lo sabe el poder y el instrumento, que me incorporé tarde al mundo cibernético, y dejo por aquí cosas y pensamientos más por distracción que ocupación. Incluso sabrá de los escasos lectores de estas palabras mías. Lo que le quiero decir, señor, es que mi formación, educación y crianza, después de la casa, las aulas y el matrimonio, me imaginaban una persona normal, media, aseada, liberal en pensamientos y opiniones, formal en el trato y en la vida, españolito medio con sueños e ilusiones. Escasos, ya digo, pero propios.
Y así vivía. Leyendo algunas letras, mal escribiendo otras, escuchando sonidos que dicen música, fumando en pipa.
Pero no, la conciencia no me deja. El inconveniente de leer y pensar, sabe usted.

Ahora, tras la vuelta de los años, mirando ya por el hombro mucho tiempo, muchas alegrías y algunas tristezas, me encuentro con que no soy el que pensaba, el españolito medio, la persona normal, media, aseada, de pensamientos y opiniones libres y formales. Ahora soy....
…el que delinque por ir rápido en la autopista, que además pagué y pago y aún no es nuestra; el arcaico y retrógrado por acompañar a los amigos en el funeral de sus padres, en boda de sus hijos, o en la comunión de sus nietos, aunque no crea o poco, por educación y respeto, que da la paz y la desea, y no mira el color ni la opinión ni el sexo del que comulga ni el que reza, como del que se queda en la puerta tomando el aperitivo, pero que se reconoce en el crucifijo más que en otros símbolos, aún no creyendo; el pirata que escucha y lee todo lo que puede bajado libremente del espacio; el proscrito que fuma, voluntariamente y asumiendo el riesgo, buscando dónde hacerlo, aguantando miradas y reproches, y estupideces pasivas; el insolidario porque cree que es mejor enseñar que subvencionar, incluso en el otro mundo, y que antes de los derechos de los grupos está el individuo; el insensible porque piensa que un capón a tiempo o un azotazo en el trasero, hace, en ocasiones, más bien a los infantes que las sillas de pensar y pedagogías modernas; el iletrado que piensa que todos no tiene género, que la gramática y la ortografía es aún competencia de la que Fija y da Esplendor, y son los inmortales y no padres de la patria los que deben decirnos cómo hablar y escribir; el subversivo, que piensa que la libertad se extiende a su casa y correo, y presume la inocencia de todos, incluso de la policía y más; el triste y aburrido porque prefiere leer a Kant y a Darío, o ver a Ford y a Wilder, y no sabe dónde hacerlo sin dejarse sueldo y ahorros, ignorando adormideras contemporáneas tipo grandesHermanos y Champiosleagues…

…en fin, sabe usted, la conciencia, a la que repulsa reconocerse así…pero a la que habrá que acostumbrar, me temo.


Por eso quería dejar, negro sobre blanco, esta confesión. Para evitar gastos procesales futuros.
Atentamente.

Gaviero.


Posdata: No le remito la presente vía ordinaria porque ya la tendrá, obviamente. Enhorabuena por el instrumento.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Los amigos muertos

Esta entrada ha sido publicada antes en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético , y la dejo aquí con el consentimiento tácito, espero, de su ideólogo e inspirador Thomas Bernhard, que tuvo a beneplácito incluirla; para su mayor difusión, porque todavía quedan resistentes. O sea.



Frío.


Estoy repostando. La Estación de Servicio en la autopista, a estas horas de la noche, vacía.


Frío y soledad. El empleado me mira taciturno cuando cargo la pipa. Una Billiard rusticada negra, irlandesa canalla que me acompañó en el trance. Inténtalo, le digo con los ojos. Pero no dice nada. Mejor para él. Ninguno de los dos tenemos ganas de cumplir el maldito cartel de prohibición. Hoy no. Ahora no, al menos.

Necesito fumar. Prendo el tabaco y aspiro. El humo denso y pesado de la latakia me llena la boca y la nariz. Vida.

Necesito fumar. No es una necesidad física. Aún.

Necesidad espiritual.

Vengo de enterrar a un amigo muerto.

Tras el sepelio, comentarios y opiniones: “Fumaba mucho”. “¡Cáncer!”. “Factores de riesgo…”. “No pudo dejar el tabaco, ni tras el diagnóstico”. “...una pena…”

Frío y soledad en la llanura castellana. Vuelvo al sol, tras enterrar a un amigo muerto.


Y fumo. Saboreo la pipa y el humo y el tabaco.


Por mi amigo muerto, por su honestidad y por su decisión. Quizá lo mató el tabaco, pero fumó y disfrutó. O no.



La bendita libertad.


Saboreo el tabaco y pienso en mi amigo muerto. No lo conocía, pues el amigo es el hijo.


Pero todos lo que mueren en libertad y honestidad merecen, alguna vez, ser llamados amigos.


Y quizá fumar en pipa.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Fumando en el bar de los currelas

Esta entrada ha sido publicada antes en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético , y la dejo aquí con el consentimiento tácito, espero, de su ideólogo e inspirador Thomas Bernhard, que tuvo a beneplácito incluirla; para su mayor difusión, porque todavía quedan resistentes. O sea.






Las 7´45 horas de un viernes otoñal. Saboreo el café mañanero en mi bar de todas las esquinas.
Cargo mi pipa, una Martín con nombre poético, Dolzaina; el tabaco, fresco y suave, carga la cazoleta entre susurros y esperanzas; la mezcla inglesa, recia y contundente, del Squadron Leader, juega con el delfín, y rie alegre. O eso creo.

Pienso.
Quizá dentro de poco no podré hacerlo. Fumar en mi bar de todas las esquinas. Mientras observo el paisanaje y me pongo al día del país, la crisis y demás, mejor que en noticiarios de escasa objetividad y menos cercanía, alejados siempre de la realidad dura y quizá triste del día a día, ocupados en tramas imposibles, cumbres multinacionales y conmemoraciones inútiles y aún innecesarias, entre proclamas y eslóganes que aquí, entre olores a café y coñac, humo de tabaco y varón dandy, perfumes de la clase que aguanta al país y a sus gobernantes, suenan obscenos y pornográficos.

Y miro. De nuevo la balada del bar de los currelas
A los currelas que trasiegan copas de pacharán y carajillos antes de reincorporarse al tajo, entre bromas y carcajadas y humo de cigarros, riendo por ser viernes y fin de semana, y tras la jornada, el día los dejará lejos del andamio y la máquina y la crisis y demás. Al inmigrante de color que en otros tiempos políticamente más incorrectos y aún aquí llamamos negro, cargado con bisutería y relojes mil, iluminando su cara con una sonrisa que llama la atención, de blanco y alegre y quizá soñador, mientras descansa un rato de mantear, comiendo un pincho y pensando en irse con su primo, que vive en Marsella o en Frankfurt, donde la vida no es tan dura tras la patera. Al ludópata que tras rápido café, maldice a la máquina que le esgrime colores, mientras tras él lo chinos cuentan las jugadas y levantarán el premio. A los empleados de la sucursal bancaria, encorbatados, desayunándose antes de denegar los créditos. Al borracho de todo bar, que apura su copa de chinchón antes de continuar su recorrido y pasar a ser el borracho de otro bar. Al repartidor que descarga los congelados, mientras comenta lo mal que está el tráfico y lo cabrones que son los municipales. A la chica de la esquina, que se desmaquilla ante la manzanilla y cuenta la bolsa de la noche, disimulando ojeras y minifalda, y dice no al último cliente. Al taxista que, en doble fila, comenta las ultimas noticias de la radio quejándose del lumbago que lo tiene a malvivir, y que vuelve a decir lo cabrones que, efectivamente, son los municipales y el alcalde. Al vendedor del cupón, que tropezando, asegura que esta vez si, el gordo, y que le queda la niña bonita. A la pedigüeña rumana, con el crío a cuestas, que vende estampitas mientras intenta sustraer alguna cartera con dedos ágiles y malnutridos. Al triste parado, que saborea su anís, antes de la cola interminable en la oficina del INEM. Al quiosquero que termina de dejar los periódicos del día, mientras sueña con océanos y mulatas...

Olor a café recién hecho, a bollería, a humo de tabaco y sudor. A vida.

Quizá los políticos gobernantes debieran compartir alguna vez un café y una pipa en el bar de todas nuestras esquinas...





...para iluminarse con las volutas del humo y redimirse. Creo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Políticamente estúpidos

Oigo y veo en todos los noticiarios y leo en todos los periódicos, los éxitos de la selección española de fútbol, que desacostumbradamente, cambió el sino y ahora ofrece victorias y buen juego donde antes no había más que derrota, fatalismo e ímpetu. Mi sabiduría balompédica no es excesiva, pues nunca mostré mucho interés por el deporte, y todo lo más, disfruto de acontecimientos más por distracción y ayuntamiento con amigos, compartiendo pipa, charla y jolgorio, que por verdadero amor por el deporte o éxtasis deportivo. Y, como muchos, sin demasiada oposición me dejo llevar por euforia irracional cuando los chicos que compiten representando a la nación donde pazco y crío consiguen algún éxito, incluso en menesteres tan exóticos y rarezas manuales como el jockey hierba, el tiro con arco, el pentatlón moderno o así. En fin, que soy más contemplativo que activo en la práctica deportiva, y como español medio, prefiero que ganen los nuestros a los otros, estúpidamente.
Pero en cuanto al deporte rey, el que ocupa y preocupa a millones de personas, válvula de escape de sinsabores y agobios, pasatiempo universal, negocio multimillonario, palanca política y demás, ando sorprendido y un punto cansado y agotado. No por los éxitos, como dije, bienvenidos, de la selección española de fútbol, si no por la manía y campaña orquestada de llamarla La Roja. En lo que yo alcanzo a saber y recordar, jamás la selección española de fútbol tuvo el apelativo de La Roja. Todo lo más, y tiempo ha, el juego español, por poco elegante, técnico y táctico, suplía sus carencias con arrojo, valentía y fuerza física, la llamada "furia" española, o "furia roja" por el color de las elásticas nacionales, que se aplicó por extensión a los deportistas españoles que despuntaban, y que compensaban su menor preparación y habilidad por dosis elevadas de testosterona, ganas y ahínco. Quizá por salir, vía éxito deportivo, de la miseria en la que generalmente se desenvolvía la vida del deportista español; situación que sólo la celebración de un acontecimiento universal -y carísimo- como unos Juegos Olímpicos, consiguió mitigar en parte, tras Barcelona 92. Pero ni ahí, ni antes ni después, se llamó a la selección española de fútbol La Roja, ni a los deportistas españoles o selecciones nacionales se les llamó de ese modo.
Tuvo que ser una empresa privada, a la que graciosamente se le concedió un canal de TV, de orientación política conocida, la que para atrapar en sus redes audiencia y share, inició una campaña fuertemente respaldada por otras empresas privadas patrocinadoras, para llamar a la selección nacional de fútbol la Roja, en clara reinterpretación de una tradición balompédica española inexistente y con una no disimulada orientación ideológica y semántica, políticamente correctas y nauseabundas. Y, cosa extraña, o quizá no tanto viendo y estudiando cuentas de resultado y líneas de subvención, mantenida, aumentada y amplificada por casi toda la prensa, radio y televisión nacional. En fin.
Por eso yo, me muevo en la duda: dejar de ver los éxitos balompédicos patrios, harto de lo políticamente correcto, o verlos con gafas de sol...para evitar La Roja, obviamente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Pensamiento en el bar de los currelas

De nuevo saboreo el café mañanero en el bar de todas las esquinas, refugio y cobijo antes del trabajo, en el que me pongo al corriente de la realidad del paisanaje y de la crisis y demás, mejor que en noticiarios de escasa objetividad y menos cercanía, alejados siempre de la realidad dura y quizá triste del día a día, ocupados en tramas imposibles, cumbres multinacionales y conmemoraciones inútiles y aún innecesarias, entre proclamas y eslóganes que aquí, entre olores a café y carajillo, humo de tabaco y Varón dandy, perfumes de la clase que aguanta al país y a sus gobernantes, suenan obscenos y pornográficos. El paisanaje anda apesadumbrado y luchador, hastiado de impuestos y promesas, taciturno y buscavidas. Y en todas las caras, y en todas las conversaciones, y en todas las miradas, no encuentro sino resignación y hartazgo, y no poca gallardía, de puro estoico y español.

Pues otra vez, el parado que ahora es de larga duración; el obrero que anda en el plan E y tiene colgada aún la deuda del Ayuntamiento; el inmigrante al que meses atrás se le acabó ya la remesa a casa y ni siquiera sueña con volver a su tierra; el que tiene el piso alquilado y pretende que las rentas sean maná duradero, y ve el retraso de la mensualidad e imposible el desahucio; el que vive alquilado, que trampea el pago y traga orgullo por el posible desahucio, sin puentes ya bajo los que vivir, de puro ocupados; la cajera del supermercado, que confió su bienestar al contrato temporal, lejos de preparación y cualificación, pues nadie le advirtió, y a la que ni el novio encofrador podrá ya hacer la reina de su casa, pues él anda también en el paro y en el cursillo y quizá en la emigración, como sus abuelos; el jubilado, temeroso de su pensión, que saborea el anís con sabor antaño; y el vecino inglés y el otro alemán, con la duda colgada entre volver a su tierra o seguir al sol y al golf, apretando filas y ahorros menguados por el IPC y por el maldito euribor; el fontanero y el electricista, asaltados a impuestos y demagogia, sabiendo y llorando por tener que ser de nuevo fontanero y electricista, y no llamarse pequeños empresarios; el joven que acabó sus estudios elementales, y no sabe dónde dirigir su camino, cegado por Bolonia y laxitud; el del cupón, que ya ni siquiera es ciego, asqueado por la competencia y la poca venta; el repartidor, ahogado por el combustible y las multas, con su eterna lucha contra los municipales, la zona azul y la doble fila, ¿dónde si no?; el tendero de la esquina, que cerrará algún día de estos, avasallado por mercancía china y módulos; la chica de la esquina, cada día nueva y distinta y multicultural, que ni bajando tarifa consigue cliente con quien compartir lecho o portal o coche, lejos de pasiones y desahogos...

...la gente, el paisanaje, al que los políticos gobernantes debieran, no ya servir, al menos oír, donde late el corazón del país y sus sueños y esperanzas...a las siete de la mañana, antes del curro, en el bar de todas nuestras esquinas...

Soledad

        Soledad. La calle solitaria acompaña mi vigilia húmeda de madrugada y deseo; te busco en todos los rostros te persigo en todos los c...