sábado, 28 de noviembre de 2009

Los amigos muertos

Esta entrada ha sido publicada antes en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético , y la dejo aquí con el consentimiento tácito, espero, de su ideólogo e inspirador Thomas Bernhard, que tuvo a beneplácito incluirla; para su mayor difusión, porque todavía quedan resistentes. O sea.



Frío.


Estoy repostando. La Estación de Servicio en la autopista, a estas horas de la noche, vacía.


Frío y soledad. El empleado me mira taciturno cuando cargo la pipa. Una Billiard rusticada negra, irlandesa canalla que me acompañó en el trance. Inténtalo, le digo con los ojos. Pero no dice nada. Mejor para él. Ninguno de los dos tenemos ganas de cumplir el maldito cartel de prohibición. Hoy no. Ahora no, al menos.

Necesito fumar. Prendo el tabaco y aspiro. El humo denso y pesado de la latakia me llena la boca y la nariz. Vida.

Necesito fumar. No es una necesidad física. Aún.

Necesidad espiritual.

Vengo de enterrar a un amigo muerto.

Tras el sepelio, comentarios y opiniones: “Fumaba mucho”. “¡Cáncer!”. “Factores de riesgo…”. “No pudo dejar el tabaco, ni tras el diagnóstico”. “...una pena…

Frío y soledad en la llanura castellana. Vuelvo al sol, tras enterrar a un amigo muerto.


Y fumo. Saboreo la pipa y el humo y el tabaco.


Por mi amigo muerto, por su honestidad y por su decisión. Quizá lo mató el tabaco, pero fumó y disfrutó. O no.



La bendita libertad.


Saboreo el tabaco y pienso en mi amigo muerto. No lo conocía, pues el amigo es el hijo.


Pero todos lo que mueren en libertad y honestidad merecen, alguna vez, ser llamados amigos.


Y quizá fumar en pipa.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Fumando en el bar de los currelas

Esta entrada ha sido publicada antes en La pipa es el tiesto de las flores del humo, blog fumador y poético , y la dejo aquí con el consentimiento tácito, espero, de su ideólogo e inspirador Thomas Bernhard, que tuvo a beneplácito incluirla; para su mayor difusión, porque todavía quedan resistentes. O sea.






Las 7´45 horas de un viernes otoñal. Saboreo el café mañanero en mi bar de todas las esquinas.
Cargo mi pipa, una Martín con nombre poético, Dolzaina; el tabaco, fresco y suave, carga la cazoleta entre susurros y esperanzas; la mezcla inglesa, recia y contundente, del Squadron Leader, juega con el delfín, y rie alegre. O eso creo.

Pienso.
Quizá dentro de poco no podré hacerlo. Fumar en mi bar de todas las esquinas. Mientras observo el paisanaje y me pongo al día del país, la crisis y demás, mejor que en noticiarios de escasa objetividad y menos cercanía, alejados siempre de la realidad dura y quizá triste del día a día, ocupados en tramas imposibles, cumbres multinacionales y conmemoraciones inútiles y aún innecesarias, entre proclamas y eslóganes que aquí, entre olores a café y coñac, humo de tabaco y varón dandy, perfumes de la clase que aguanta al país y a sus gobernantes, suenan obscenos y pornográficos.

Y miro. De nuevo la balada del bar de los currelas
A los currelas que trasiegan copas de pacharán y carajillos antes de reincorporarse al tajo, entre bromas y carcajadas y humo de cigarros, riendo por ser viernes y fin de semana, y tras la jornada, el día los dejará lejos del andamio y la máquina y la crisis y demás. Al inmigrante de color que en otros tiempos políticamente más incorrectos y aún aquí llamamos negro, cargado con bisutería y relojes mil, iluminando su cara con una sonrisa que llama la atención, de blanco y alegre y quizá soñador, mientras descansa un rato de mantear, comiendo un pincho y pensando en irse con su primo, que vive en Marsella o en Frankfurt, donde la vida no es tan dura tras la patera. Al ludópata que tras rápido café, maldice a la máquina que le esgrime colores, mientras tras él lo chinos cuentan las jugadas y levantarán el premio. A los empleados de la sucursal bancaria, encorbatados, desayunándose antes de denegar los créditos. Al borracho de todo bar, que apura su copa de chinchón antes de continuar su recorrido y pasar a ser el borracho de otro bar. Al repartidor que descarga los congelados, mientras comenta lo mal que está el tráfico y lo cabrones que son los municipales. A la chica de la esquina, que se desmaquilla ante la manzanilla y cuenta la bolsa de la noche, disimulando ojeras y minifalda, y dice no al último cliente. Al taxista que, en doble fila, comenta las ultimas noticias de la radio quejándose del lumbago que lo tiene a malvivir, y que vuelve a decir lo cabrones que, efectivamente, son los municipales y el alcalde. Al vendedor del cupón, que tropezando, asegura que esta vez si, el gordo, y que le queda la niña bonita. A la pedigüeña rumana, con el crío a cuestas, que vende estampitas mientras intenta sustraer alguna cartera con dedos ágiles y malnutridos. Al triste parado, que saborea su anís, antes de la cola interminable en la oficina del INEM. Al quiosquero que termina de dejar los periódicos del día, mientras sueña con océanos y mulatas...

Olor a café recién hecho, a bollería, a humo de tabaco y sudor. A vida.

Quizá los políticos gobernantes debieran compartir alguna vez un café y una pipa en el bar de todas nuestras esquinas...





...para iluminarse con las volutas del humo y redimirse. Creo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Políticamente estúpidos

Oigo y veo en todos los noticiarios y leo en todos los periódicos, los éxitos de la selección española de fútbol, que desacostumbradamente, cambió el sino y ahora ofrece victorias y buen juego donde antes no había más que derrota, fatalismo e ímpetu. Mi sabiduría balompédica no es excesiva, pues nunca mostré mucho interés por el deporte, y todo lo más, disfruto de acontecimientos más por distracción y ayuntamiento con amigos, compartiendo pipa, charla y jolgorio, que por verdadero amor por el deporte o éxtasis deportivo. Y, como muchos, sin demasiada oposición me dejo llevar por euforia irracional cuando los chicos que compiten representando a la nación donde pazco y crío consiguen algún éxito, incluso en menesteres tan exóticos y rarezas manuales como el jockey hierba, el tiro con arco, el pentatlón moderno o así. En fin, que soy más contemplativo que activo en la práctica deportiva, y como español medio, prefiero que ganen los nuestros a los otros, estúpidamente.
Pero en cuanto al deporte rey, el que ocupa y preocupa a millones de personas, válvula de escape de sinsabores y agobios, pasatiempo universal, negocio multimillonario, palanca política y demás, ando sorprendido y un punto cansado y agotado. No por los éxitos, como dije, bienvenidos, de la selección española de fútbol, si no por la manía y campaña orquestada de llamarla La Roja. En lo que yo alcanzo a saber y recordar, jamás la selección española de fútbol tuvo el apelativo de La Roja. Todo lo más, y tiempo ha, el juego español, por poco elegante, técnico y táctico, suplía sus carencias con arrojo, valentía y fuerza física, la llamada "furia" española, o "furia roja" por el color de las elásticas nacionales, que se aplicó por extensión a los deportistas españoles que despuntaban, y que compensaban su menor preparación y habilidad por dosis elevadas de testosterona, ganas y ahínco. Quizá por salir, vía éxito deportivo, de la miseria en la que generalmente se desenvolvía la vida del deportista español; situación que sólo la celebración de un acontecimiento universal -y carísimo- como unos Juegos Olímpicos, consiguió mitigar en parte, tras Barcelona 92. Pero ni ahí, ni antes ni después, se llamó a la selección española de fútbol La Roja, ni a los deportistas españoles o selecciones nacionales se les llamó de ese modo.
Tuvo que ser una empresa privada, a la que graciosamente se le concedió un canal de TV, de orientación política conocida, la que para atrapar en sus redes audiencia y share, inició una campaña fuertemente respaldada por otras empresas privadas patrocinadoras, para llamar a la selección nacional de fútbol la Roja, en clara reinterpretación de una tradición balompédica española inexistente y con una no disimulada orientación ideológica y semántica, políticamente correctas y nauseabundas. Y, cosa extraña, o quizá no tanto viendo y estudiando cuentas de resultado y líneas de subvención, mantenida, aumentada y amplificada por casi toda la prensa, radio y televisión nacional. En fin.
Por eso yo, me muevo en la duda: dejar de ver los éxitos balompédicos patrios, harto de lo políticamente correcto, o verlos con gafas de sol...para evitar La Roja, obviamente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Pensamiento en el bar de los currelas

De nuevo saboreo el café mañanero en el bar de todas las esquinas, refugio y cobijo antes del trabajo, en el que me pongo al corriente de la realidad del paisanaje y de la crisis y demás, mejor que en noticiarios de escasa objetividad y menos cercanía, alejados siempre de la realidad dura y quizá triste del día a día, ocupados en tramas imposibles, cumbres multinacionales y conmemoraciones inútiles y aún innecesarias, entre proclamas y eslóganes que aquí, entre olores a café y carajillo, humo de tabaco y Varón dandy, perfumes de la clase que aguanta al país y a sus gobernantes, suenan obscenos y pornográficos. El paisanaje anda apesadumbrado y luchador, hastiado de impuestos y promesas, taciturno y buscavidas. Y en todas las caras, y en todas las conversaciones, y en todas las miradas, no encuentro sino resignación y hartazgo, y no poca gallardía, de puro estoico y español.

Pues otra vez, el parado que ahora es de larga duración; el obrero que anda en el plan E y tiene colgada aún la deuda del Ayuntamiento; el inmigrante al que meses atrás se le acabó ya la remesa a casa y ni siquiera sueña con volver a su tierra; el que tiene el piso alquilado y pretende que las rentas sean maná duradero, y ve el retraso de la mensualidad e imposible el desahucio; el que vive alquilado, que trampea el pago y traga orgullo por el posible desahucio, sin puentes ya bajo los que vivir, de puro ocupados; la cajera del supermercado, que confió su bienestar al contrato temporal, lejos de preparación y cualificación, pues nadie le advirtió, y a la que ni el novio encofrador podrá ya hacer la reina de su casa, pues él anda también en el paro y en el cursillo y quizá en la emigración, como sus abuelos; el jubilado, temeroso de su pensión, que saborea el anís con sabor antaño; y el vecino inglés y el otro alemán, con la duda colgada entre volver a su tierra o seguir al sol y al golf, apretando filas y ahorros menguados por el IPC y por el maldito euribor; el fontanero y el electricista, asaltados a impuestos y demagogia, sabiendo y llorando por tener que ser de nuevo fontanero y electricista, y no llamarse pequeños empresarios; el joven que acabó sus estudios elementales, y no sabe dónde dirigir su camino, cegado por Bolonia y laxitud; el del cupón, que ya ni siquiera es ciego, asqueado por la competencia y la poca venta; el repartidor, ahogado por el combustible y las multas, con su eterna lucha contra los municipales, la zona azul y la doble fila, ¿dónde si no?; el tendero de la esquina, que cerrará algún día de estos, avasallado por mercancía china y módulos; la chica de la esquina, cada día nueva y distinta y multicultural, que ni bajando tarifa consigue cliente con quien compartir lecho o portal o coche, lejos de pasiones y desahogos...

...la gente, el paisanaje, al que los políticos gobernantes debieran, no ya servir, al menos oír, donde late el corazón del país y sus sueños y esperanzas...a las siete de la mañana, antes del curro, en el bar de todas nuestras esquinas...

martes, 10 de noviembre de 2009

Carta a mi hija no nacida

Niña, aún andas dentro de la madre, cobijada y a resguardo. Lejos del frío, el odio y la mediocridad en los que parte de este mundo al que te traemos se mueve y embrutece. Y llena de amor, seguridad y alegría, que es como debes estar y debiera prometerte. No sé si cuando crezcas y puedas comprender estas palabras, las leerás con atención y quizá emoción, o te parecerán cursilada vieja y rancia de tu padre, viejo y achacoso o quizá muerto. No lo sé, pues el futuro incierto es...y natural. Incluso no sé si yo, tu padre, me atreveré a dejar estas líneas por aquí, esperándote, o la vergüenza y la inseguridad me hará eliminarlas antes, aunque hoy, cuando tú ya estas, sea hombre de más sinceridad que diplomacia, y afronto la vida con estoicismo y resignación, perdiendo sueños y aspiraciones y dejando atrás ilusiones, sustituidas y aún colmadas por otras. Pero ya comprenderás que esa es una parte indisoluble con la vida, que comienzas ahora, y que el cumplir con los sueños, ilusiones y aspiraciones, o luchar por ello, es hermoso y didáctico, siempre que sean los tuyos, personales e intransferiblemente tuyos, no impuestos ni esperados por otros, ni siquiera por mí ni por tu madre. Esto que te digo es difícil de decir para un padre, pero sólo te puedo ofrecer hoy mi experiencia y mi honestidad; eres tú la que debe decidir si ese ejemplo es suficiente para atender consejos y seguir instrucciones; bendita la libertad y la honestidad, única herencia importante que procuraré dejarte.

Niña, aún te meces, como digo, dentro de tu madre, que engorda a tu ritmo, entre arrullos y palabras de amor y cariño. Ya tendrás noticia que diste un susto grande cuando eras bebé de escasas semanas –otros te llamarían feto y aún no humano, pobres- y que después del esfuerzo y el tiempo y la incertidumbre, cuando ya estabas aquí, ahora y hoy, pensamos que podrías no venir finalmente. Y ese pensamiento frío y duro, y ese sentimiento de incapacidad y abandono, y esas lágrimas de horror y vacío, por el temor de perderte, me acompañaran toda la vida, y me acercan más a ti y me harán aún más protector e insufrible, cuando te tenga ya conmigo y pueda sonreírte y susurrarte y cuidarte, después de todo...


Niña, ahora te observo detrás de la pantalla, en ecografías y rayos que escrutan si te encuentras bien, si todo está en su sitio, si creces y engordas con parámetros previsibles, si tus órganos han salido ya de la nada y de la célula. Y te veo perfecta y pequeñita, mientras juegas dentro de mamá, y oyes las voces y la música y el ruido, y la voz cristalina y dichosa de tu hermana, que ya te espera para ser la hermana mayor. Y los médicos dicen que sí, que está todo bien, y que creces y engordas y los órganos salen todos de la nada y de la célula. Pero no saben que lo importante es que viéndote, yo sé que tu corazón late ya al unísono que el mío, y tus ojos empiezan ya a mirar a través de los míos, y que oyes ya la explicación mía del mundo y de la vida y que tu alma, esa que las ecografías y los rayos ni miden ni pesan ni escrutan, tu alma, es ya pura y limpia, y despierta, y que vale todo el sufrimiento y el esfuerzo y el desvarío…


Niña, quisiera ser un gran poeta, o quizá un mediocre literato, para expresar con hermosas letras todo lo que siento cuando te veo, hoy detrás de la pantalla, y hacerte llegar, hoy para mañana, cuando quizá leas esto, todo el amor y el cariño que siento por tu llegada. En este mundo mediocre, frío y a ratos odioso en que te recibimos, supones la explicación y justificación de todo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Llámalo

El deseo y la verdad, el amor y la carnosidad
El mar profundo y salvaje, acariciando tu cuerpo
El fuego y el gozo, la boca y la sensualidad


El amor salvaje e intrépido, y quizá obsceno;
La calma y los siglos, el susurro y el silencio
Y también el grito alegre y desbocado


El calor y la sal y de nuevo tu boca atrapada por el mar
El hueco de tus pechos que cobija la flor irreverente
Y la carne deseada, soñada y candente

La mirada honesta, sincera y fresca
El saber eterno y viejo
de griego, romano y aún mediterráneo


La palabra cercana, precisa y el silencio necesario
La locura correspondida y abandonada
Y el suspiro, la risa y el orgasmo


El sueño húmero y lúcido
real; la viva carne deseada
por la boca, la lengua y el sexo


El juramento y la ley y el fuero
Y la libertad y el mar y el grito
De amor, deseo y locura…

…por la llamada insistencia.