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Mostrando entradas de enero, 2013

Undécima carta de amor muerto

Hacía tiempo que no les hacía llegar noticias de don Nicasio Pelades, de cuyos papeles y recuerdo, como sabrán, soy inesperado depositario. Las obligaciones labores, conyugales y paternales me dejan poco tiempo para la investigación de su caso, en mi propósito por arrojar algo de luz a sus azares y a la comprensión siquiera mínima de la razón última que lo arrojó a la oscuridad y al abismo. Él, que en vida ocupó tanto espacio en noticiarios, y en publicaciones de la más variada índole -científicas en el último trance de su vida- se ve ahora rodeado de una nebulosa fantasmal, perdido por segunda vez entre los vericuetos de los tratamientos, el Código Penal y el olvido. No sé si el hacer públicas sus misivas y pensamientos contribuirá en algo al esclarecimiento final, o la comprensión piadosa de sus acciones. En todo caso, razones de índole moral y profesional -yo fui su último defensor les recuerdo-, me obligan a un intento de que así sea.
         Rescato uno de sus papele…

Lecturas y 27, café vespertino

La rabia de tu ausencia consume paciencia lucidez esperanza.
Día de invierno y sol un respiro a los helados recuerdos.
Tomo mi café en mi bar de todas las esquinas; suenan canciones extrañas, lejanas. Un tipo gordo baila alocado coreado por las camareras rotundas que sonríen invitando a un paraíso lejano.
Pero yo no bailo ni sonrío ni busco hurí de mi valhalla particular tan sólo sentir y soñar con el azul de la mar.

Propósitos del nuevo año

Yo, como todos, también formulé propósitos al comer los dorados frutos en el postrer minuto. Seguir emborronando el folio en blanco abandonar la vida sedentaria leer más a los clásicos. Aprender la lengua de Verlaine cultivar la amistad de todos, Sueños confesables otros no tanto.
Vivir todos los días en el azul amar a la mujer desearla, cantarla. Superar la timidez de una mirada completar mi corazón roto o morir –pronto-.
Terminar mi colección de Tintin fumar todo el tabaco; oír de nuevo al poeta cantar comulgar en la fe de dos corazones para que sean uno solo. Encontrar a mi Rimbaud y que la lira bendiga nuestra unión
o pegarle un tiro en la rue de Brasseurs. Pasear Paris ausente recitando pequeños versos
ser poeta oculto como en la vieja canción.

Lecturas y 26, intimidad

El invierno trae
deseos de cobijo y manta.
En la noche estrellada
el insomnio aguarda
pertrechado de libros y ausencias.
La mujer lee en la cama
las niñas duermen.
El hombre sueña
y el mar susurra historias pasadas.

De las preces

A Pedro Amador Carlos,  poeta y amigo.

Tu  oceánica lucidez iluminó nuestros juramentos y  tu verbo preciso y claro adornó los humos manchegos.
Llegaste desde tu patria pampa, tango y bandoneón, hastiado de la política ficción y tu elegancia gardeliana conquistó al punto nuestro corazón.
Es tu patria mala tierra si dejó escapar tan alto poeta. Ella te perdió nosotros te ganamos; por una vez, me alegro de la sinrazón.
Ahora luchas, amigo, en una batalla cruel y violenta. Quizás tus bagajes –y los míos- sean impropios para esa guerra. Pero te los ofrezco sincero: no hay más honor que compartir trinchera con tan buen caballero.

Lecturas y 25, naufragios.

Llueve. Charcos en la calle para ahogar la madrugada.

La mirada glacial en la pantalla. Inmensa soledad.

La niebla no deja ver el mar en el que te amé. La pequeña barca lucha. Es mi corazón que naufraga sin nadie al timón.

La estación del recuerdo ha mojado las arenas que esperan la calidez del verano. Las furiosas olas baten nuestro lecho. Ahora es nido de una triste gaviota testigo mudo de nuestra lejana pasión.


He dejado el libro en la página sesenta y seis; habla de la escualidez y la delicadeza. Pero esta noche quisiera tus formas de mujer tu sexo y tu gemido. También a veces el poeta necesita la carne la humedad de la boca el grito, la desnudez.

Lecturas y 24, red dream

Te he regalado
un pintalabios rojo
para que adornes
lo que mordería gozoso.

Pero es inútil embellecer
lo ya perfecto.

Así pues
úsalo para el cristal
de despedida.
Dibuja mi corazón roto.

Hemos paseado
tus calles azules
separados por el sacramento
bajo luces de fiesta.
Miramos  -o no- escaparates
en silencio.
Y al fin nos conjuramos
para pasearlas
como dos corazones
que son, en verdad,
uno sólo.

Lecturas y 23, comunidad con los suicidas

Vivo muriendo en tu recuerdo
que es la tumba de los sueños
que tejí en la esperanza de una fe.
Ahora sé que mi credo
es lejano,  irreal, estúpido.
Son las 6,45 de una mañana de invierno;
mi  viejo utilitario azul
tirita  en el frío asfalto de la ciudad.
¿Y si me estrellara contra el muro?
¿Y si me arrojara al mar?
Mortaja de hierros azules retorcidos
marcha fúnebre en la oscuridad lejana de la ciudad.
¿Quién derramará las lágrimas,
quién llevará las flores a la lápida?
¿Cuántas amantes interrumpirán su orgasmo
qué pequeñas constelaciones dejarán de brillar?
¿Qué poemas por terminar
qué risas por nacer
qué llantos por compartir?