sábado, 26 de octubre de 2013

Versos del Capitán Intrépido. Innumerae.

El otoño se hizo hoy
nuevo verano y luz.

A la orilla del mar
en la playa de mis amores
primeros,
de mis últimos suspiros,
donde blanquearan mis huesos descarnados,
el azul
se hizo presente y real.

Extraña meteorología ésta
que me devuelve a mi adolescencia
con una sóla presencia
con un solo sentir
con una sóla palabra en el aire susurrada.

¿Cuándo un juego inocente
tiene el poder de la transformación?

¿Cuándo una carne deseada
puede esperar ser mordida?

¿Cuándo una mirada detenida
puede suplir toda una vida?



viernes, 25 de octubre de 2013

Escena y 2

La camarera de mi otro bar de todas las esquinas también exhibe anatomía y dulzura.

Es una voluptuosidad en movimiento, una sonrisa en el aire, una imagen prendida en la imaginación.

No sé cómo se llama, pero le he puesto por nombre Eleanora o Isadora,  nombres elegantes, con reminiscencias de sexo aún por despertar, lujurias contenidas y prometedoras, lencería de encajes finos, mañanas de desayuno en suite suntuosas y alfombradas, de tardes abandonadas entre copas de champaña y frío centroeuropeo.

Por supuesto que luego resultará llamarse Jennifer o Antonia –Toñi para las amigas-, llevará el ombligo perforado y la espalda tatuada, y su horizonte espiritual será el polígono discotequero o así.

Pero la imaginación es poderosa. Y la pluma vuela:

Ninfa espigada
revoloteas entre las mesas
como elegante mariposa.
Tienes aire espiritual
ademanes apocados
mirada un punto glacial.
Un pasado turbio
quizá;
una historia por acabar.
O simplemente
el hartazgo
de la jornada laboral
la desilusión
de un sueño por rescatar;
el hastío del último donjuán
que solo deseaba
tu cama calentar.





jueves, 24 de octubre de 2013

Escena y 1

Un niño juega a mi lado y mira ensimismado la pipa que humea en mi boca.

Le supondrá novedad y extrañeza.  Una sorpresa en su corta vida,  una rareza a la que no consigue ponerle explicación. 

Como para todos, la imagen mía resulta estampa antigua, anacrónica, desusada.

Un hombre insólito, fumando en pipa  y leyendo un libro, o emborronando las cuartillas con minúscula caligrafía, que va desgranándose surgiendo de la estilográfica, esa vieja Watermann que me acompaña en mis escritos y ocurrencias. Ajeno a teléfonos móviles, tabletas cibernéticas y demás prodigios.

Le sonrío.

Ojalá pueda él, mayor, seguir sorprendiendo la mirada limpia y transparente de un niño, cualquier día de los por venir.

Aunque me temo que los fumadores seremos entonces, como ahora, especie en extinción, blanco de prohibiciones, sujetos de no derechos, números de estadísticas falaces y burócratas, enfermos diagnosticados por la política correcta y civilizadora. Y los fumadores de pipa, qué decir; los últimos guardianes de extintas tradiciones,  de viejas palabras, de antiguos ritos.

Los libros, el recuerdo de sus tiempos mozos, objetos de museo, extravagancia increíble de sus abuelos.

Dicen que el mundo prospera y que la modernidad y la civilización están cada vez más presentes,  más extendidas.


No estoy muy seguro de eso, pienso, mientras humea la pipa y la vieja pluma me acompaña en la tarde otoñal, ante la atenta e ingenua mirada de un niño.


martes, 22 de octubre de 2013

Hojas del calendario

Hoy llegó el otoño al puerto en el que vivo.

El viento empezó a soplar desde el viejo mar, llevando a las calles la  humedad y la añoranza.

Los escasos transeúntes, sorprendidos con atuendos aún veraniegos y coloridos, tiritan encogidos buscando refugio en soportales y entoldados.

El ambiente se transforma en gris y melancolía, que es lo propio del  calendario, lo necesario para no morir en la locura de los treinta grados y la poca elegancia de los pantalones cortos.

El velo plomizo, pesado, del cielo preñado de nubes, oculta al fin el sol invasor y lo esconde de la vista, recordándole que hasta el próximo año, la siguiente primavera, ya no volverá a enseñorear los días y las jornadas. Aunque en esta latitud, es advertencia casi gratuita y comprometida. Irreal. Los más de los días, en el otoño entrante y el venidero invierno, aún el gran astro hará honor a su intitulación de rey, iluminando las calles y las playas, calentando las vidas y las escasas haciendas de este rincón levantino.

Y aunque la añoranza natal y mi tendencia  espiritual centroeuropea me hacen sentir más placentero el ambiente invernal, de días de frío y chimeneas encendidas, de ponche caliente y cánticos navideños,  de hojas volando y días cortos, comprendo que esa victoria solar permite a mis paisanos –nos permite- un medio de vida y un sustento poco posible de otro modo por la ortografía, la geografía y la encuesta de población activa.


            Pero hoy, afortunadamente, el otoño llegó. Celebrémoslo.



sábado, 19 de octubre de 2013

Amantes



                                           
                                                       Serenas miráis la vida y el futuro
                                              ancladas al suelo
                                              desafiando el viento
                                              el tiempo detenido.

                                               Infinito paisaje
                                               infinitos instantes
                                               al sol del día
                                               y a la atardecida.
                                               Conversando con las gaviotas
                                               soportando la lluvia
                                               anhelando la estrellada noche
                                               suspirando.

                                                Como viejos amantes
                                                encadenados
                                                a los recuerdos
                                                aceptando el sino,
                                                verde y azul,
                                                del suelo a los
                                                pies
                                                y del mar en el mirar.

                                                 Quisiera estar,
                                                 contigo,
                                                 para los siglos 
                                                 y la eternidad
                                                 como aquellas sillas
                                                 ancladas
                                                 ante el cantábrico mar.





jueves, 17 de octubre de 2013

El viejo mar

De mis lecturas, una explicación lógica y hermosa de mi veneración por el viejo mar.

La pluma prodigiosa, elegante, precisa, inmortal de Joseph Conrad, en su imprescindible El Espejo del Mar. Recuerdos e Impresiones, Editorial Reino de Redonda, en traducción del gran  Javier Marías.

Dichoso aquel que, como Ulises, ha hecho un viaje aventurero; y para viajes aventureros no hay mar como el Mediterráneo, el mar interior que los antiguos encontraban tan inmenso y tan lleno de prodigios…
…El tenebroso y tremebundo mar de las andanzas del astuto Ulises, agitado por la cólera de los dioses olímpicos, que albergaba en sus islas la furia de extraños monstruos y los ardides de extrañas mujeres; la ruta de los héroes y los sabios, los guerreros, los piratas y los santos; el mar cotidiano de los mercaderes cartagineses y el lago de recreo de los césares romanos, reclama para sí la veneración de todo marino en tanto que patria histórica de ese espíritu de abierto desafío a los grandes mares de la tierra que es el alma misma de su vocación.”

                El viejo mar, ese sabio que es la cuna de la civilización, el espejo de la historia, el reflejo de la hermosura  y la belleza que los hombres somos capaces de crear, pero también la tumba de los héroes, la sepultura de tantos sueños.


El hogar nuestro, en fin. La explicación de nuestro existir, la razón de la vida. Una al menos. Y no la menos válida. Creo.



sábado, 12 de octubre de 2013

Versos del Capitán Intrépido. Cuartus.

En el mar de mis desvelos
azul eterno de tu mirar
imposible de gobernar
zozobra mi corazón velero.

Su nombre aún sin letras
ni mares que surcar
ni estampa marinera
sólo ansia de gritos y libertad.

Varado en tierra
espera su champán
madrina que le dé bandera
y un intrépido capitán.

Pequeño velero mío
prepárate a navegar
pues es tu sino
-como el mío-
el viento y la mar.

jueves, 10 de octubre de 2013

Paraíso cántabro.

El hombre se afana en su labor. Desnudo de cintura para arriba, corta el césped con parsimonia, pero preciso en el manejo de la afilada hoz. Su enjuto cuerpo flexible acompaña el movimiento de la delgada hoja, sin esfuerzo aparente, y las briznas saltan cortadas como impulsadas por un resorte invisible y silencioso, apenas un silbido en el aire.

Su torso desnudo y fuerte muestra las cicatrices de su pasado, y los músculos fibrosos se marcan ajenos a la edad y a la grasa.

Dos pequeños schnauzer miran el trabajo indiferentes, vigilando en la distancia la puerta de entrada en la que una placa metálica reza Prohibido el Paso. Ministerio de Fomento. Faro de Cabo Bustos.  Sonrío ante el anacronismo, pues hace tiempo que los faros pasaron a depender de las autoridades portuarias respectivas, y los Técnicos en Señales Marítimas que son ahora están llamados a desaparecer. Desgraciadamente.

Un camino empedrado, enmarcado por la extensión de césped en la que se entretiene el hombre, conduce a la sólida construcción, colgada graciosamente sobre el acantilado. Un edificio cuadrado, robusto, coronado por la pequeña torre en la que resplandece el ojo salvador que ilumina las noches cantábricas acompañando a los navegantes que se aventuran en el indómito mar. La puerta entreabierta permite vislumbrar un largo pasillo, que divide la construcción en  dos mitades; vivienda y dependencias del faro. De una de las ventanas llega el sonido doméstico de la comida preparándose, y una voz femenina canturrea un viejo éxito, una antigua canción de amor.

A la derecha de la edificación, un pequeño garaje dejar ver un vetusto Renault 4, adornado con las azules letras del Ministerio, otro nostálgico anacronismo. Y más allá, un mínimo bosque de abedules y castaños, que se mecen al viento al filo mismo del abismo. El estruendo del mar a sus pies, el sonido de las olas hermosas y salvajes, y las espumas desparramadas en las rocas apenas llegan a los oídos, como tampoco el graznido de las gaviotas que vuelan en torno a sus nidos del acantilado.

El hombre sigue a lo suyo. Corta el césped, unos metros cuadrados, y luego carga una carretilla que descarga en improvisado depósito al lado del aparcamiento.

Su andar es resuelto y elegante, y luce en la cabeza un sombrero de paja trenzado que le protege del sol que, a estas horas de la mañana es intenso pero agradable. En su boca humea una preciosa pipa de espuma, nacarada ya por el uso, que imagino recuerdo de su vida marina. Por sus maneras, la cara ajada de surcos y la mirada limpia, se imagina una vida acostumbra a la intemperie, al viento y al mar.

Quiero pensar que el destino final en aquél puesto es buena recompensa a una dilatada vida y no el resultado de un gris funcionario con capacidad en la oposición o buenos padrinos.

 Pero no lo sé.

No me atreví a interrumpirle, aquella mañana de otoño, en la que con envidia contemplé al farero del Cabo Bustos. 







domingo, 6 de octubre de 2013

Versos del Capitán Intrépido. Tertius.

Te he amado

con la dulzura de tu primer deseo

y la obscenidad del mío.

Te dejaste hacer

con la entrega del primer amor

y la necesidad de mío.

Lloraste

con la sinceridad de tu orgasmo.

Y tu llanto, entonces, fue mío.


sábado, 5 de octubre de 2013

Versos del Capitán Intrépido. Secundus.

He bajado al pantalán

para ver batir las olas

oír el graznar de las gaviotas

admirar el azul hermoso de la mar.



Llevo el alma ajada

de nostalgias y sueños

de los  que no soy apenas dueño,

¿dónde estás, amada?



En mi corazón hay una tempestad

que requiere un piloto experto

sin miedo a la soledad

de un largo derrotero.

Navegaré por los siete mares

los trescientos sesenta y cinco días

con el favor del viento o en la pesada calma

mirando al horizonte

por ti tienes a bien amarme.




viernes, 4 de octubre de 2013

Versos del Capitán Intrépido. Primus.


El sol ilumina la ventana

del viejo hotel

en el que nos amamos

por primera vez.



El sonido de las olas

se confunde con la risa, la lágrima

el placer.



He alborotado tu pelo.

He visto todo tu ser.

He sido capitán intrépido

salvándome del naufragio

en el mar de tus ojos.



Hace tiempo escribí y soñé

las lágrimas nacidas

en el instante de dicha suprema.

Ahora sé que mi sueño

es tan real

como tu cuerpo desnudo

mojado de sal.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Canción negra del Capitán Intrépido

Vela al viento

espuma henchida.

Mar de mis sueños.

Huracán de imágenes

azul fuego de San Telmo.

Corazón desbordado.

Océano abisal

Monstruoso Kraken,

¡venid a mí, criaturas marinas

fantasmas de mi pasado!

Soy el Gaviero.

Y no os temo.

Canto y navego.

Suena en cubierta un triste bandoneón,

el mar es de color gris muerto,

no hay gaviotas en el cielo


ni palpitar en mi corazón.